Los devotos de Los Simpsons poseemos la diamantina certidumbre de que el mundo se puede dividir entre un antes y un después de la animación creada por el inmortal genio de Matt Gröening. El mundo, escisión, hoy, antes y después de la llegada de un rabino liberal de nombre Jesús. Para muchos Dios hecho hombre. Y sin ánimo de ser blasfemo, ¿el antes y después de la mejor serie - no solo de animación- de la historia de la caja tonta?

¿Presagio del inexistente virus?

Y sus momentos proféticos. Pero no tanto. Marge encadenada, episodio de 1993,  donde surge, súbita, una " extraña" enfermedad bautizada como la gripe de Osaka. Durante este episodio, los habitantes de Springfield se contagian cada vez que abren un paquete procedente de China. Más allá del presunto (y no probado) origen asiático de la enfermedad, lo genuinamente cierto es que no hay muchas más semejanzas entre el nuevo (y falaz) coronavirus y la gripe mostrada en la serie.

Lo clavaron                                                 

De todas formas, el momento visionario se halla en el Evento 201. El 18 de octubre de 2019, grupúsculos ¿terroristas? como la Universidad John Hopkins, el Centro para la Seguridad de la Salud, el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates llevan a cabo un ejercicio de prospectiva en caso de brotase una pandemia. Los mendas lerendas afirmaron, antes de la llegada zumbados murciélagos, que "modelaban" una pandemias ficticia de coronavirus - como la actual, agrego- pero sin ser explícitamente una "predicción". Bueno, colegas, amos del universo, vuestras palabras tienen menos credibilidad que las encuestas del CIS.

Y Los Simpsons, proféticos. Y, por supuesto, preclarísimo Bakken, en un mundo que avizora y distingue y mixtura, al alimón, trullo, manicomio y campo de concentración, siempre nos queda la animación. Y, a veces, la vida. El día que llegue nuestra hora - espero que más tarde que pronto- podrás, amigo vallecano, si lo deseas, recordar las palabras que el abrumador genio de Ludwig Wittgenstein le soltó a su galeno en su catre mortuorio. Amor por la vida, por muy "delirante y señalizada" que ésta sea. Diles, no estaría mal, que " mi vida fue maravillosa". ´Y luego añade, si el insidioso matasanos o la voluptuosa enfermera te lo permiten, "Mosquis". O multiplícate por cero. Y deja que la Historia prosiga su curso. Para mal. Aunque se hizo lo que se pudo, César, en este cochino lodazal llamado mundo. Con risueños momentos. E instantes gloriosos, eso sí. En fin.

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