Aunque haya negros crespones
que enlutan la primavera
y ardua sea la tarea
de alegrar los corazones,
no dejemos que se muera
nuestra esperanza de pena.
La vista alcemos a Ella,
que sabe bien de aflicciones
y es Madre que nos consuela
y alivia nuestros dolores.
Pongamos nuestros temores
a sus pies como si fueran
un ramillete de flores.