El jurista Rafael Navarro-Valls es catedrático emérito y profesor de honor de la Facultad de Derecho, de la Universidad Complutense de Madrid y vicepresidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Ha recibido numerosos premios y distinciones, siendo académico de Honor de un buen número de universidades.

En esta entrevista nos habla de su hermano Joaquín Navarro Valls, médico y periodista que fue portavoz de la Santa Sede durante veintidós años (de 1984 a 2006), en el pontificado de Juan Pablo II y en los primeros meses de Benedicto XVI. Fue el primer laico y el primer no italiano que ocupó ese puesto. Conocedor de varios idiomas, fue autor de más de un centenar de libros. Recibió numerosos premios periodísticos y fue distinguido con varios Doctorados Honoris Causa, entre ellos el de la Universidad CEU Cardenal Herrera en junio de 2005 el de la Universidad Católica San Antonio de Murcia y el de la Universidad Internacional de Cataluña, en mayo de 2010.

Agradecemos a Rafael, que haya atendido a InfoCatólica para acercarnos a la figura de su hermano.

¿Cómo era la relación con su hermano?

Excelente. Ambos éramos deportistas, aficionados a la lectura y coincidíamos en convicciones profundas.

¿Cómo era como persona?

Su principal característica era la fortaleza. Mantenía la serenidad en medio de situaciones complejas (en momentos que se acreditaban miles de periodistas en acontecimientos importantes: viaje a Cuba del Papa, discusión potente con el vicepresidente Al Gore en la conferencia del Cairo, entrevista Juan Pablo II con Gorbachov etc.) Además, era muy cercano a la gente y se la ganaba por su gran simpatía. En suma, tenía las virtudes de un gran líder.

¿Cómo afrontó la enfermedad?

Fue una enfermedad larga (cáncer de páncreas) con muchas intervenciones quirúrgicas y bastante dolor. En todo momento mantuvo el tipo, en el aspecto humano y en visión sobrenatural.

Dos de sus pasiones eran la medicina y el periodismo, aunque tal vez se le conozca más por la faceta periodística, siendo, antes de ser portavoz del Papa, corresponsal de ABC.

Era también un buen médico, profesor ayudante en Barcelona, y en sus muchos viajes tuvo ocasión de prestar servicios médicos a sus colegas. Cuando dejó la Sala de Prensa del Vaticano, dedicó los últimos años de su vida a potenciar las tareas médicas de la Universidad Campus Bio-Médico de Roma, en la que fue presidente de su Consejo Asesor (Advisory Board).

Su labor intelectual fue importante, pues fue autor de más de un centenar de estudios. ¿Cuáles serían a su juicio algunos de los más representativos?

Tal vez dos. Uno (Fumata blanca) en que recogió el momento único en la Iglesia, en el que en poco tiempo se sucedieron tres papas, cuando era corresponsal de ABC. El segundo sería un libro que manó de su interés por la familia: La familia y el mundo actual, Sin olvidar su primer libro: La manipulación publicitaria, y el último: Recuerdos y reflexiones. En su obra escrita se manifiesta un estilo brillante y una prosa muy rigurosa.

Saltó a la fama mundial cuando el propio Juan Pablo II lo nombró portavoz de la Santa Sede...¿Qué cualidades vio el Papa en él para elegirlo y confiar tantos años en sus servicios?

Joaquín tenía un buen bagaje periodístico: cubrió como corresponsal Roma (Quirinal y Vaticano), el Mediterráneo Oriental (Egipto, Grecia, Israel, Argelia y Turquía), donde informó del asesinato del Presidente Sadat, y algunos de los primeros viajes del papa a Polonia. Cuando el Papa lo llamó era Presidente de la Organización de Periodistas extranjeros en Roma. Toda esa experiencia, unida a su alta calidad humana e intelectual, probablemente llevó al Papa a confiarle la Oficina de Prensa del Vaticano y la portavocía.

Su prestigio fue tanto, que el Jefe de Prensa del Vaticano y el correspondiente Dicasterio, a su muerte, han denominado oficialmente con el nombre de Joaquin Navarro-Valls la sala en que trabajan los corresponsales de todo el mundo destinados en Roma.

Y todavía más reseñable que estuviese 22 años en ese puesto de responsabilidad... A los que trataron con él les llamó la atención, entre otras muchas cualidades, una gran fuerza y energía. ¿Qué anécdotas recuerda de él, que hablen de su personalidad?

Hay cientos. En las Memorias que preparó antes de morir y que saldrán muy pronto hay un buen catálogo de ellas. Si me lo permite, empezaré con una en que aparezco yo. Ambos éramos muy aficionados a la pesca submarina. En una ocasión localizamos un pulpo enorme (15 kilos pesó). Sin pensármelo mucho empecé a acorralarlo hasta que se metió en una oquedad en la roca. Le disparé a la cabeza y cometí la imprudencia de introducir la mano para impedir que el arpón se lo llevara hacia dentro. Me la rodeó con varios tentáculos y quedé aprisionado en la roca a unos 15 metros de profundidad. Joaquín, que había seguido el lance, salió disparado hacia mí y cortó con el cuchillo los tentáculos. Me salvó la vida. Otra anécdota fue su firme posición frente al Presidente Bush padre, cuando éste ordenó a las tropas americanas y sus tanques que rodearan la Nunciatura Apostólica en Panamá, donde se había refugiado el presidente Noriega, y cortar las comunicaciones. Joaquín ante varias televisiones condenó esta lesión de los usos diplomáticos, acusando al propio Presidente de la correspondiente responsabilidad. Al día siguiente el presidente americano echó marcha atrás hablando con deferencia de sus “amigos del Vaticano”. Le recomiendo la lectura del libro EL PORTAVOZ (Ed. Rialp), que va ya por la cuarta edición, y que recoge el testimonio de personas de medio mundo.

¿Cuál fue su legado en cuanto a la ejemplaridad y misión al servicio de la Iglesia?

Joaquín revolucionó la comunicación en la Iglesia, abriendo sin timideces los acontecimientos a sus colegas periodistas . Siempre quiso tener línea directa con el Papa, que se la concedió. Yo creo que eran amigos. Joaquín lo negaba, citando a Platón que dice que para haber amistad tiene que haber “igualdad” Para Joaquín, entre él y el Papa había una distancia sideral. Sin embargo, en mi opinión, esta fue una gran amistad entre desiguales.

¿Cree que en España se ha reconocido suficientemente su labor?

Siempre ha sido muy admirado entre sus colegas periodistas españoles, el Gobierno le concedió la Gran Cruz de Isabel la Católica y la Gran Cruz del Mérito Civil, y tres Universidades españolas le honraron con el doctorado Honoris Causa. España desde luego lo vio como “un español universal”, y su memoria es muy recordada.