VIENE DE UN CAPÍTULO PREVIO.

DATOS Y CITAS.

Cortesía de Jiménez del Oso.

 

En realidad sabemos tan poco de La Luna, que muy bien pueden ser validas algunas hipótesis como la de estos dos astrónomos. En primer lugar hay que tener en cuenta que dado el tamaño de nuestro planeta, no debería corresponderle ninguna luna, o a lo sumo una luna mucho más pequeña de unos cincuenta kilómetros de diámetro. Sin embargo en torno a la Tierra está girando un gigante de 3473 kilómetros de diámetro. Incluso el sistema Tierra Luna podría ser considerado como un sistema planetario doble. Habría quizá tres posibilidades para tratar de explicar la existencia de la Luna:

La primera seria la posibilidad de que la masa de la Luna por una serie de condiciones se hubiera desprendido de la Tierra y se hubiera puesto en órbita. Esta es una hipótesis que dio en 1880 el hijo de Darwin, el célebre antropólogo, que fue valida durante unos decenios. Pero hoy en día por lo que sabemos de la dinámica del universo ya no es explicable.

La segunda posibilidad sería que la Luna y la Tierra procedan de la misma nube de polvo cósmico y se condensara en dos masas.

Pero hay una serie de inconvenientes para aceptar esto: Por una parte está la baja densidad de la Luna que es un sesenta por ciento de la de la Tierra y por otra el material que se ha traído de la Luna, que da una composición no solo muy distinta a la de la Tierra, sino distinta al resto del sistema solar,

Los científicos de la NASA están datando las rocas traídas de la Luna por el Apolo 11 en unos 4.500 millones de años, es decir la misma antigüedad que el sistema solar.

Pero otros científicos están dando a las rocas lunares una antigüedad de 5.000, 7.000 e incluso 12.000 millones de años.

Lo que dejaría claro que la Luna no solo no tiene nada que ver con la Tierra, sino que es ajena a todo el sistema solar y sería por tanto un cuerpo extraño venido de no se sabe qué rincón del universo.

Esta conclusión es avalada por la baja densidad de la Luna, algo que no se da en ningún otro cuerpo del sistema solar. También por la composición, ya que hay abundancia de Uranio 236 y Neptunio 237, elementos que no se encuentran en estado natural en la Tierra, además de otros materiales que no existen en la Tierra.

Por tanto no se podría explicar esta diferencia de  composición, de antigüedad en las rocas y diferencia de densidad, si la Luna y la Tierra procediesen de una misma nube de polvo cósmico.

A pesar que la composición de la luna difiere de la de la Tierra, sin embargo el peso especifico de esos materiales es muy similar al de la Tierra y por tanto la única conclusión a la que se puede llegar, dado su tamaño y por sorprendente que parezca, es que la Luna es en alguna medida hueca.

Entre el material que hay en la superficie de La Luna, dejado por los astronautas, hay varios sismógrafos y estos están recogiendo nuevos datos asombrosos.

Ya que cuando un objeto lo suficientemente pesado impacta en la Luna, las hondas no son amortiguadas como cabría esperar, sino que la Luna está vibrando durante horas. 

La imagen típica de la Luna viene dada por sus cráteres, esas cicatrices que hacen de la Luna la estampa misma de la desolación; pues bien esos cráteres tan conocidos, son a pesar de todo un misterio.

Por todo lo anterior habría que preguntarse porque son tantos, aun teniendo en cuenta que en la Luna no hay  atmosfera y los impactos de meteoros llegan sin merma a la superficie. En la Tierra apenas hay tres o cuatro cráteres de gran tamaño, pero en la Luna hay cientos, muchos de los cuales hablan de meteoritos de millones de toneladas y tienen más de cien kilómetros de diámetro.

A los que debería corresponderles una profundidad de 20 ó 25 kilómetros, sin embargo estos solo tienen 4 ó 4, 5 kilómetros a lo sumo. Y además los fondos de estos siguen la curvatura de la superficie de la Luna y no tienen una superficie cóncava como cabría esperar.

Si la Luna no se formó dentro del sistema solar debemos pensar que llego de fuera. Pero entonces tampoco encaja el hecho de que de haber sido así, ¿porque la Luna no compensó su inercia con la atracción de la Tierra de la misma forma en que lo hacen el resto de satélites?

La órbita de la Luna sobre la tierra es un círculo perfecto y además es estacionaria, lo que significa que siempre nos presenta la misma cara.

Esta órbita circular es extraña teniendo en cuenta que el centro de la masa lunar está una milla más cercana a la tierra que a su centro geométrico y esto debería provocar una órbita inestable y tambaleante.

Además prácticamente todos los satélites de nuestro sistema solar orbitan a la altura del ecuador, pero no nuestra luna que lo hace con una órbita extrañamente inclinada hacia la elíptica de la Tierra en más de cinco grados. 

Es muy extraño que la Luna fuese a parar a tan preciso lugar siguiendo una órbita circular alrededor de la Tierra. Por tanto algo tuvo que poner la Luna a la altura que está, en el curso que sigue y a la velocidad a la que se mueve.

La pregunta es, ¿qué es ese algo? Un último dato anómalo es que la Luna está en el preciso lugar a la distancia precisa de la Tierra en relación al sol para cubrir completamente al sol en un eclipse.

O sea que la Luna está ubicada a la distancia perfecta para que con un diámetro de 2160 millas pueda cubrir 864000 millas que es el diámetro del sol, al interponerse entre la Tierra y el sol, lo que viene a llamarse un eclipse solar provocado por la Luna. Esto se debe a una asombrosa casualidad planetaria, la Luna está 400 veces más cerca de nosotros que el Sol, y también es 400 veces más pequeña. Por ello, cuando la Tierra, la Luna y el Sol se encuentran alineados, es posible contemplar cómo el Sol desaparece por completo ante el paso del satélite.

Al menos así ocurre en la llamada franja de totalidad del eclipse. En otras zonas, sin embargo, la Luna tan solo morderá al astro rey sin terminar de ocultarlo por completo, lo que se conoce como un eclipse parcial.   

 

CONCLUSIONES:   

 

Hoy se sabe que hay más satélites en nuestro sistema con órbita estacionaria. Entre ellos todos los grandes satélites de Júpiter y Saturno. La razón es la fuerza de marea que ha parado el giro del satélite respecto a su planeta. Para ello el satélite tiene que ser grande y estar cerca del planeta. Aunque me inclino a pensar que tienen orbita estacionaria, por las mismas razones que la Luna.

Sabemos que en la Luna hay gran cantidad de helio tres, He-3 un material muy energético y no contaminante del que con un solo transbordador se podría abastecer de energía a todo Estados Unidos durante un año. Lo que nos lleva a la pregunta, ¿por qué no se ha vuelto a la Luna?

Cómo se ha visto, la Luna no debería estar donde está, pero gracias a que está en esa órbita, nuestra especie puede habitar este planeta. Por tanto y ante la evidencia de que la Luna está ahí, la explicación más verosímil, es pensar que fue puesta en ese lugar.

Por lo que he llegado al convencimiento de que la Luna fue colocada por alguna civilización avanzada en la órbita que ocupa. Pero ¿Para qué puso esa civilización la Luna donde está? Y ¿Qué se logra con ello?

No es ningún secreto que si la Luna no estuviese donde está, el eje de giro de la Tierra sería caótico y el hielo de sus polos llegaría al ecuador en algunas zonas. Además como resultado de la distribución de masas nuestro planeta giraría loco, teniendo unas condiciones muy difíciles para la vida tal y como la conocemos.

Por tanto, lo que se consigue al situar la Luna justo donde está, es establecer el eje de rotación de la Tierra con respecto al plano de la eclíptica, estabilizándolo con una inclinación próxima a los 23.5 grados, que da lugar a las estaciones y a una temperatura media y estable en torno a 22 grados, permitiendo que nuestra especie pueda habitar este planeta, pues de otro modo difícilmente podríamos haber sobrevivido.

La tierra por entonces estaba cubierta de hielo hasta media Europa y con seguridad en algunos sitios llegaría hasta el ecuador en lo que se conoce como la última glaciación fijada en torno a diez o doce mil años atrás. Esta y otras glaciaciones podrían ser una prueba más de que este planeta giraba loco.

Así pues una civilización que pretendiese habitar en el planeta, lo primero que tendría que hacer sería estabilizar la temperatura media adaptándola a sus necesidades y para ello sería necesario variar el eje de giro con respecto al plano de la eclíptica.

Esta civilización recién nacida y todavía sin haber recibido el saber de sus creadores debería quedar en la cúspide de la pirámide alimentaria, lo cual lleva a pensar que primero dejaron su A D N, tal vez mezclándolo con algún homínido de este planeta, aunque las pruebas apuntan a que no fue así, y como veremos la realidad supera en mucho a la ficción.

Sin embargo también es posible que el ecuador de la Tierra coincidiese con el plano de la eclíptica y por tanto el eje de giro de la tierra no tuviese ninguna desviación con respecto al plano de la eclíptica. En ese caso no había estaciones. Sino que estas estarían a partir del ecuador, donde sería siempre verano y a medida que nos acercásemos a los polos el clima sería más frio. Y la hipótesis que tiene más posibilidades, como iremos viendo es que algo choco con la tierra (que no fue un cuerpo celeste) que produjo el gran cañón del Colorado y esa desviación de 23´5 grados del eje de giro de la Tierra, con respecto al plano de la eclíptica.

Es previsible que estos creadores hicieran uso de un margen de tiempo, probablemente no inferior a 500 años, en los que solo se haría un seguimiento para comprobar la adaptación de sus “iguales”, a las condiciones, tanto gravitatorias como medio-ambientales. Estos iguales a los que crearon a su imagen y semejanza, tanto en cuerpo como en alma. Con posterioridad los creadores regresaron y comenzaron a enseñar todo el enorme saber de su civilización a sus iguales recién creados.

¿Y quien ocupa el primer lugar en la cúspide de la pirámide alimentaria? Es evidente que los humanos, sus iguales. Esta podría ser una afirmación sorprendente, pero por increíble que pueda parecer hay pruebas que están delante de nuestros ojos tan claras como las imágenes que lo representan, a pesar que la información que divulga la ciencia oficialista del templo de Hathor sea otra.