He recibido un video de Blas Piñar, dando un discurso en el parlamento, por parte de mi amigo el sevillano José Estévez.  Ya en aquellos años su prodigiosa y clarividente cabeza anunció lo que se nos venía encima a los sufridos trabajadores del campo, a los cuales, dándole de comer a la sociedad, se nos sigue considerando ciudadanos de tercera o cuarta categoría. Por decirlo en lenguaje más llano, nos siguen considerando los paletos que tienen que sobrellevar sobre los hombros los lujos asiáticos de nuestra cada vez más nutrida e inútil casta dirigente.
 
Y no estoy diciendo ninguna barbaridad, pues tenemos los mismos precios por nuestros productos que hace 45 años. En mi caso 197 euros por tonelada de trigo. Cuando han subido enormemente la luz, el gasóleo, los abonos, los fertilizantes y las nuevas maquinarias.
 
Así tenemos que estamos produciendo al precio de coste casi, y solo pueden sobrevivir quienes disponen de cientos de hectáreas o de miles de cabezas de ganado.
 
Todo esto lleva al abandono de las explotaciones y a la pérdida de relevo generacional. Con la consiguiente despoblación galopante de nuestros pueblos.
 
Los jóvenes no quieren deslomarse para producir casi a precio de coste y se van a las ciudades.
 
Para colmo de males tenemos que sufrir la competencia de productos extranjeros producidos sin legislación de calidad. Por ello sus costes son mucho más baratos y compiten deslealmente con nuestros productos. A esto le sumamos la miriada de impuestos a pagar, en especial el fatídico de Sucesiones y Donaciones y nos encontramos con la ruina total.
 
Por ello todos los agricultores debemos de acudir al paro del 24-F. Junto a los autónomos y los transportistas.  Es crucial que en ese día se haga oír nuestra voz y que la sociedad sepa de nuestros problemas. Puesto que, si nosotros desaparecemos, España se volverá dependiente alimentariamante de países que pueden volverse nuestros enemigos, y a los cuales les bastará con cortarnos el suministro de alimentos para axfisiarnos por el hambre y doblegarnos.
 
Dice el engendro del 78 que todos los ciudadanos de España somos iguales ante la ley. Pero esta claro que unos son más iguales que otros. Nosotros seguimos siendo los esclavos del siglo XXI mientras nuestros astutos e innumerables políticos se dan la gran vida.
 
Solo se acuerdan de nosotros si hay elecciones, entonces todo son promesas, pero en cuanto estas se celebran si te he visto no me acuerdo.
 
Ojalá surgiera un Blas Piñar de algún sitio y con su verbo claro y rotundo nos guiase a los agricultores y a los otros sectores marginados de nuestra sociedad a una revolución contra nuestras confiscatorias y expoliadoras élites. Pue sencillamente no podemos más.
 
Sumenle a todo esto el desencanto de vivir en poblaciones cada vez más envejecidas y vacías. Sin posibilidades de buscar pareja para procrear, sin servicios ni comunicaciones. Y vemos el futuro desolador que le espera a nuestro campo.
 
Las casas serán invadidas por las gramas y las malas hierbas. Los sembrados y bosques también. Todo se convertirá en estopa que puede arder a la mínima chispa.
 
Por eso el 24-F tiene que ser la chispa que encienda nuestros fatigados corazones. Para protestar ampliamente y a ver si nuestros próceres se deciden de una vez a atender nuestros problemas.
 
Que no harán nada. La solución pasará entonces por darle la vuelta al país como a un calcetín y poner en marcha medidas como las que propugno en mi libro Contra la despoblación (Europa en la encrucijada). Mucho me temo que no queda más salida que la revolución.  No hay otra.
 
Perdonen mi pesimismo pero vamos a tener que volver a las sublevaciones campesinas del medioevo si esto sigue así. Somos las víctimas de las castas del latrocinio y no estamos dispuestos a seguir siéndolo en pleno siglo XXI. La chispa saltará por algún lado y entonces no habrá marcha atrás.
 
Espero que los urbanitas se solidaricen con nosotros y dejen de mirarnos por encima del hombro. Nuestro trabajo nutre se alimentos a las ciudades y merecemos una mejor consideración y trato. Un país sin sector primario no puede sobrevivir.
 
Si pudiésemos ahorrar algo invertiríamos en nuevos cultivos más rentables. Pero hasta eso se nos niega.   Estamos condenados al atraso y a la desaparición.
 
Creo que he expuesto la situación del campo español con claridad. Soy uno que vive de ello. No les estoy mintiendo ni quejándome gratuitamente. 
 
Y en esta tarde nublada volveré a mirar mis parcelas. Imaginándomelas cubiertas de pistachos, higueras, forrajes y otros nuevos cultivos. ¿Llegará el día en que podré acometer esa empresa? Espero que ustedes compren mis libros y pueda hacerlo con eso, por que con mis escasos ahorros no podrá ser. El futuro lo vemos vetado. Tenemos que sostener las 17 taifas. Hasta que nos hartemos. 
 
Bueno, voy a pasar las gradas a alguna parcela en barbecho. Les dejo por hoy. Espero que el barbecho en que se ha convertido España reaccione y ponga coto a tantos desmanes. Y entre ellos a la precaria situación del campo. Nos va el futuro en ello. Como ya he dicho muchas veces la repoblación de la España vacía pasa por mejorar las condiciones de vida de los agricultores y la reindustrialización.  Ojalá que estas palabras sean ampliamente escuchadas.