Fue un rey asturiano, que sabedor donde arribaron los restos de Apóstol, viajó desde Ovetum en la Astúrica, dejando las huellas de un Camino Primitivo para rendir vasallaje al hijo del Zebedeo, enterrado bajo la primera basílica compostelana. Alfonso II este era el rey, estaba certificando los rumores que le llegaban de dentro y fuera de la Hispania de la existencia del cuerpo del Apóstol bajo un mítico campo de estrellas.

La catedral de Compostela, bajo la advocación se Santiago Apóstol, patrono de las Españas, es la catedral europea por antonomasia. La catedral compostelana es el destino de los peregrinos que de todas las tierras de Europa, por miles de caminos y calzadas que dejó Roma, convergían en uno sólo para rendir viaje y homenaje al señor Sant-Iago, en ella enterrado.

Los miles, millones de peregrinos a lo largo de diez siglos, sembraron por todas las tierras su fe, sus costumbres, sus idiomas, sus culturas y también sus hambres, sus pestes y miserias. Todo quedaba atrás cuando al traspasar este pórtico se postraban ante los restos de un apóstol llegados al finisterrae de Occidente, desde tierras del más allá.

En la Hispania, en torno al Camino quedaron las esencias de la mayor parte de los pueblos de lo que más tarde sería Europa. El Camino, además de iniciación fue un crisol de saberes, concebidos como un universo común. Durante diez siglos este Porticus Gloriae fue la puerta de ida y vuelta del cristianismo, que daría junto con la ley y calzadas que dejó Roma, el sustento, la transustancia europea.

No es baladí que los arcos que daban acceso a las tres naves de la catedral fueran denominados como el Porticus Gloriae, porque quien llegaba a la meta había ganado mucho para acceder a la gloria de su Dios. El ansia de iniciación que motivó su largo viaje encuentra su premio al pasar bajo la monumental obra del maestro Mateo.

Por cierto, Mateo no solo sería un maestro cantero lleno de virtuosismo, conocimiento y sabiduría. Mateo no fue un mero artista de la piedra. Mateo hizo que la piedra trascendiera para contarnos en piedra y en bellísimas esculturas la Parusía, el advenimiento glorioso de Jesucristo al fin de los tiempos. Mateo ha logrado que la piedra hable y que quien la traspasase quedase limpio y sanado de la penalidad del viaje, en claro simbolismo a nuestro peregrinar por esta vida.

Los caminos de Europa son hoy solamente caminos de mercaderes y burócratas al servicio de oscuros intereses del globalismo de unos pocos financieros sin escrúpulos. La "nueva" Europa, a los pocos lustros de creada, dio la espalda a los valores que la amalgamaron y sobrevivieron, aún a pesar de las muy frecuentes guerras habidas entre reinos, religiones e invasiones exteriores.

Desgraciadamente, bajo el Porticus hoy ya no converge la Europa que al finalizar la última contienda armada en su solar, parecía conjurarse bajo nuevos valores entre los que el dinero no parecía ser el más importante. Pero, la "nueva" unión europea, ya no es Europa.

El Porticus Gloriae se ha quedado desprovisto de la finalidad para la que fue magistralmente creado. Ya no es el pórtico de la convergencia europea, es solo un bellísimo símbolo histórico a explicar en las facultades de arte e historia y no la piedra viva que abrazaban atónitos y deslumbrados por su belleza unos exhaustos peregrinos después de cientos, miles de leguas de camino.

ADDENDA: Después de la excelente restauración llevada a cabo en el Pórtico, la Fundación que junto con la Catedral patrocinaron esta restauración, ha editado una página web donde puede admirarse la obra en todo su esplendor con una calidad de visualización inimaginable, mediante zooms de altísima calidad, acompañada de explicaciones y comentarios:

Ser puede ver en el siguiente enlace:

https://porticodelagloria.fundacionbarrie.org/