Escuchar en el último programa de ÑTV a nuestro director Eduardo García Serrano me ha hecho modificar ipso facto el enfoque del titular, que he de reconocer estaba impregnado de un buenismo soterrado y con el almíbar de un optimismo un tanto forzado, escuchando plácido los cantos de sirena del autoengaño y potenciados por el instinto de auto conservación.

Ciertamente la situación de nuestra patria es gravísima y peor aún, gran parte de la sociedad española está decrépita y en estado de descomposición. Pero tras la inquietante estela de los fuegos fatuos del cadáver de nuestra patria atisbo en lontananza los esplendores, teñidos de rojo y gualdo, de aquella corona que no se marchita. Y veo a un buen puñado de guerreros, entre mis compañeros de este medio y los propios lectores, dispuestos a porfiar por el galardón inmarcesible.

Doy gracias al Cielo por haber nacido español y bautizado en el Pilar y ser caballero de Nuestra Señora. Nacido en la Inmortal Zaragoza, corre por mis venas sangre aragonesa y navarra, perfecto maridaje para amar con pasión nuestra patria española y su esencia católica, hasta dar la vida por ella. Pero los motivos más profundos de nuestra esperanza no deben estar fundados en las realidades terrenas sino en nuestra fe, en alcanzar nuestra verdadera patria, por encima aún si cabe de la patria española, que es el Cielo, la vida eterna.

Humanamente reconozco que todo parece perdido, que el caballo desbocado del desánimo llama con galopantes alaridos a nuestra puerta, pero les invito a meditar en los sabios consejos de San Agustín: ''Decís vosotros que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores, y los tiempos serán mejores: vosotros sois el tiempo''.

Nos ha tocado vivir probablemente el fin de una civilización y como la corrupción de lo mejor es lo peor, por eso nuestra patria es la punta de lanza de la putrefacción, pero como dice nuestro director no debemos rendirnos nunca y morir con las botas puestas enarbolando las viejas banderas y sobre todo la bandera de la Tradición católica. Coincido con él en que no podemos tener fe en la victoria humanamente hablando. Pero mi meditación quiere ir más allá y llegar como dardo encendido al mismo Corazón de María. “Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará” dijo la propia Virgen en Fátima. Y España es tierra de María Santísima y haremos nuestro el triunfo de Nuestra Madre. Pensemos también en las palabras del Sagrado Corazón de Jesús al Padre Hoyos, que en España reinaría con más veneración que en otras partes.

Concluyendo un convulso 2021 nos acercamos a esa noche tan entrañable para los católicos que es la Nochebuena, una de las noches más mágicas, en el sentido más inocente de la palabra, en donde profundizamos en el misterio insondable de un Dios que se hace hombre. El Todopoderoso toma la apariencia de un bebé indefenso, el dueño y creador del universo no tiene más cobijo que un muladar y más acomodo que unas punzantes pajas.

Es una noche de alegría, pues el Verbo se encarna y Dios encarnado entra con fuerza en la historia y divide la historia hasta nuestros días. Es la plenitud de los tiempos y hoy hay que celebrarlo por todo lo alto.

Cuando recientemente ha habido, desde el Parlamento Europeo, un zafio intento de prohibirnos felicitar la Navidad, es hora de decir más alto y fuerte que nunca FELIZ NAVIDAD y celebrar este gran evento con desbordante alegría y sin ningún tipo de complejo. Que suenen en los hogares los villancicos a toda pastilla y que celebremos esta magna festividad en los hogares y no solo en los hogares, en los templos, participando con fervor en la liturgia y en la adoración....

La mejor manera de celebrar la Navidad es estando en gracia de Dios, esto es sin conciencia de pecado mortal. Es la única forma de recibir en nuestro corazón al divino Niño, incluso lo ideal y conveniente es recibirlo sacramentalmente en la Misa de Gallo de Nochebuena o el día de Navidad.

Me reservo para el último día de 2021 el hacer balance de cómo le ha ido el año a El Correo de España, les anticipo que ha sido muy positivo.