Me había propuesto dedicar  los escritos de la Cuaresma a temas religiosos y compruebo que ha pasado la mitad de la misma y no he dedicado  un solo artículo al  cumplimiento de mi propósito. Por lo tanto,  de hoy no paso y ahí va el primero...

Entre los infinitos asuntos a tratar que nuestra Fe nos brinda  tenemos uno fundamental,  por ser el alimento del alma, imprescindible para que no muera: el tema de la oración.  La Cuaresma es fruto de la imitación de Cristo Jesús que, la Iglesia nos pide. Él se retiró al desierto durante cuarenta días para prepararse,  mediante la  oración y el  ayuno,  a los tres años de Vida  pública, dedicados a la enseñanza revelación de la Verdad a los hombres.

Y nos vamos  a fijar, especialmente, en la oración que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad quiso enseñarnos. Los discípulos le habían pedido:

--Maestro, “¡enséñanos a orar!”,

y Jesús les satisface y les explica cómo deben hacerlo,  concretándolo en una oración universalmente conocida y rezada incluso por  gente no cristiana, que le escuchó un día y quedó prendada de la misma.

Se trata de la “oración perfecta”  Lógico, por otra parte,  pues nadie mejor que el Creador puede enseñar a la criatura a rezar a su Dios, con las palabras exactas.

Es la oración que conocemos como el “Padre nuestro”.  Probablemente no te haya dicho nada nuevo pero es bueno recordarlo.  Nuestro Padre Dios   se convierte en nuestro “Maestro de oración” y lógicamente nadie le puede superar como tal. Admiremos la sencillez y perfección de esta oración. Nos ayudara a no extrañarnos cuando nos cansemos de pedirle a Dios y a la su Santísima Madre cosas que nunca nos conceden,  a pesar de la promesa de Jesús: Os daré cuanto pidáis al Padre en nombre

Seguramente hemos olvidado otra de sus lecciones: un padre no le da nunca a su hijo  un escorpión,  aunque se lo pida, le dará siempre lo mejor y nunca veneno...

Analizar el “Padrenuestro” nos enseñará a pedir lo que Él nunca nos negará. Veamos. En primer lugar se proclama “nuestro Padre” como la mejor recomendación para que  estemos seguros de que nos atenderá con todo amor y cariño y nos dice a dónde debemos dirigir nuestras súplicas, o sea, a los Cielos donde hace felices  a todos cuantos Él ama y a continuación señala  cual ha de ser nuestra primera petición:

Que el Universo entero vea el “nombre de Dios” como lo más sagrado y santificado. Las criaturas todas han sido creadas para  adorar y glorificar ese nombre sagrado.

En segundo lugar debemos pedir que su reinado venga a nosotros y que toda criatura racional lo reconozca y se someta. No hay objetivo más importante para el hombre que cimentar ese Reinado del Creador.

En tercer lugar nos señala un objetivo: la voluntad de Dios debe regir toda acción y movimiento de cuanto ha sido creado, lo mismo en la Tierra que en el Cielo

¡Importante!: Esta parte del Padrenuestro no es solo una oración, es también el programa de acción de todo ser racional. Y,  si siempre fue así, con mayor razón debe serlo en nuestros días, cuando la Sinagoga de Satanás ha logrado imponer la blasfemia en la Sociedad mediante todos los medios disponibles.  Todo ser racional --e imprescindiblemente-- todo católico, a menos que haya perdido su capacidad intelectual debe tener claro que su razón de existir es besar la mano y bendecir el nombre de quien lo ha creado y, la primera consecuencia evidente es reconocer que la Humanidad se ha vuelto loca y camina hacia el suicidio colectivo al profanar el santo nombre de Dios.

La segunda consecuencia sería ésta: “¡Católico!, ten muy presente, tu título de ciudadano del Reino de Cristo y la obligación consecuente de trabajar en su expansión”. Hay una oración muy recomendable que dice: “Cristo Jesús, te reconozco por Rey Universal, todas las criaturas son obra tuya. Ejerce sobre mí todos tus derechos, renuevo mis promesas del Bautismo…Me comprometo especialmente a hacer triunfar, por todos los medios puestos a mi alcance los derechos de Dios y de su Iglesia…Te ofrezco mis pobres acciones para conseguir  que todos los corazones reconozcan tu sagrada realeza y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz”. Nunca como ahora se impone rezarla con fe y esperanza.

La tercera consecuencia: Examinémonos para ver si el motor de nuestras iniciativas se guía por la voluntad de Dios.

En  la segunda parte del Padrenuestro, no deja muy claro todo lo fundamental que debemos pedir: “el pan nuestro de cada día”, “el perdón de nuestros pecados” en una forma condicional (¡imprescindible!: si deseamos ser perdonados, empecemos por perdonar toda ofensa recibida), “ayuda para resistir la tentación y no pecar”  y vernos “libres del Mal” (el “Mal” existe y hace cuanto está en sus manos para perjudicarnos. Solos,  no podemos vencerle, por eso solicitamos la ayuda de Dios y debemos hacerlo frecuentemente.  El Padrenuestro debería ir pegado al acto de respirar. Si deseamos ser felices en la vida, no pidamos muchas cosas, sino las que nuestro Padre y Creador nos señala claramente.

Espero que este escrito les sea útil. Y les aseguro que aún lo será más, si lo completan volviendo a leer el libro “ESTO VIR” (En breve saldrá la edición en portugués/brasileño). Les ayudará a ver con mayor claridad la realidad de la vida.