Va avanzando la Cuaresma… Un tiempo de gran trascendencia para quienes escribimos “en católico” que nos incita a dar importancia a lo religioso, olvidándonos un poco de lo político y lo social, - aunque ninguno de los dos campos se pueda abordar ignorando la importancia que tiene la Fe en cuanto acaece.

El tema me lo ha sugerido el texto evangélico escuchado esta mañana en la misa. El divino Maestro y Juez Supremo, describe el Juicio final y lo concluye –refiriéndose a los que puesto a su izquierda- con estas palabras: Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna” (Mat, 25),   Un poco antes se ha dirigido a los aludidos - colocados por Él a su izquierda-  con estas terribles palabras: Apartaos de mí, ¡malditos!id al fuego eterno.

Esas citas, sin duda, paralizan a  cualquier ser  con capacidad  de razonar y frena en seco,  si aún escucha las llamadas de atención de su conciencia.

¡Que no las dice un cualquiera!, ¡que salen de la boca de Jesús!  -hombre, ciertamente,  pero también Dios—, cuyo paso por Judea y Samaría, por el lago Tiberíades, por Cafarnaúm,   Jerusalén y Caná de Galilea, está mejor probado que la existencia  de Julio César y sus éxitos al frente de las legiones romanas. Y lo mismo podemos de su divinidad, Su  propia Resurrección  es la  demostración infalible.

Bien es verdad que los ateos y agnósticos,  han puesto en circulación una teoría peregrina sobre el origen de la Religión y de la  religiosidad humana. Según ellos,  sería fruto de la inventiva de unos cuantos “listillos”,  que descubrieron la manera fácil de vivir a cuenta de los demás—seres temerosos y  crédulos-  a base de “promesas de una vida mejor”. La credulidad  de la masa y el temor lógico a morir, fue para ellos una gran ayuda.

El invento de la Religión,  les permitiría a los obispos y sacerdotes, controlar   la fuerza de esa enorme masa de gente, mediante la promesa  una vida futura feliz;  de toda Justicia en manos de un Ser bueno e insobornable  y por miedo al castigo eterno De ese modo el pueblo sería un rebaño muy manejable y,  ellos,  podrían obrar a su gusto  y sin mayores contratiempos.

¡Una gran teoría, sin duda!… Tiene un pequeño fallo, para ser bien digerida,  y es que los pueblos que viven aún en la prehistoria también son religiosos,  como lo fueron todos los otros  pueblos conocidos.

Pues no. La Religión verdadera, ¡no es invento humano! Es una Revelación del Dios verdadero,. Luego, los hombres han copiado al Creador y se han sacado de la manga otras religiones falsas, -idolatrías- pero solo hay una sola Verdadera e imprescindible Fe  para salvarse. Nos lo dice así, también, la Lógica más elemental.

Los españoles hemos tenido la gracia de Dios, de nacer en una nación que fue Católica hasta hace muy poco y hemos recibido un don de valor incalculable. ¡Qué fácil es creer cuando los ha mamado!

Tras este preludio pasemos al tema central el fuego eterno.

Hemos tenido la suerte como digo arriba de nacer en una nación católica pero, desgraciadamente,  desde hace más de medio siglo en la propia Iglesia hay demasiados obispos y sacerdotes que se apartan del Magisterio perenne de la Iglesia,- y no lo predican-, pues  ya no creen  en la existencia del Infierno, pero eso no quiere decir nada,  pues la Verdad es indestructible y no obedece a “modas”, ni evoluciona, ni cambia. Importa poco que haya traidores dentro de la Obra de Cristo. Para la criatura, lo único importante es el Creador y la Verdad que nos ha rebelado.

Si Cristo habla con tanta claridad, como lo vemos en el evangelio de la misa de hoy es porque  el Infierno existe y, habrá “condenados”… o sea,  que  “no estará vacío”.  Él nos anuncia  “solemnemente  su condena y  maldición”

Por lo tanto y  por nuestro bien,  vivamos de modo que nos aseguremos,  el no estar entre  en los cabritos que  colocará a su izquierda, sino entre las ovejas de su derecha.

Sabemos por  sus palabras que el Infierno existe pero entendamos que su existencia es  justa porque  jamás cometerá Dios una injusticia,  pero humanamente, también  lo entenderemos a poco que pensemos.

¡Que terrible debe ser el “pecado”, -ofenderle , no obedecerle y burlarse de sus leyes y mandamientos—cuando, para redimirnos de sus consecuencias, Él, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, decidió hacerse Hombre, pasar por todas las etapas de la vida humana: gestación en el seno de Maria, nacimiento en un portal, huir a Egipto , trabajar durante treinta años de carpintero con su padre… y,  luego,  recorrer durante tres años,  Judea, Samaria, ser odiado y perseguido, juzgado como un delincuente, azotado,  y morir clavado en una cruz …

No  es difícil imaginarse la  inmensidad de la Divinidad  que ha creado un mundo,  cuyo volumen medimos en millones de años luz y tiene tal profundidad  en su  profundidad que ya medimos en picómetros y angströmes.  Pues bien,  el Verbo se encarnó y se redujo a esa poca cosa que somos los hombre, para poder sufrir y redimirnos.

La ofensa del hombre a Dios está en proporción a esa diferencia infinita, por lo tanto, el castigo por ofenderle ha de ser infinito  y “solo la eternidad de la pena” lo puede hacer posible. Por lo tanto,  con absoluta seguridad: ¡el Infierno es eterno!

¿Creen  en la Moncloa o en Bruselas que autorizar el crimen abominable de asesinar a millones hombres antes de nacer  no merece el infierno por ser ofensa a Dios en su criatura predilecta?

Solo mentes de simio son incapaces de entender este argumento.

. Si alguien tiene amigos en la Moncloa o entre los directivos de los Partidos políticos que fomentan la muerte de los “no-nacidos”,  háganles llegar este escrito. A lo mejor entre ellos hay alguien inteligente, logra captar el mensaje  y frena su estupidez infinita.