harem

Iniciamos hoy la publicación de otra novela de Julio Merino (en este caso una novela de amor con un tema médico-farmacéutico de fondo): se trata de "El Harem de Don Juan" y fue la tercera de la trilogía del amor que publicó hace unos años. La primera fue "María la negra" y la segunda "Las locuras de Lina".

Y por su interés reproduzco las palabras que pronunciaron en el acto de presentación de "El Harem de Don Juan", en El Círculo de la Amistad de Córdoba. Hablaron don José Antonio Cerezo, uno de los mayores expertos en Literatura Erótica de España. El periodista Manuel Piedrahita, tantos años corresponsal de la prensa española en Alemania. José Antonio Navas, Presidente del Congreso Hispanoamericano de Sexología. Y, naturalmente, el autor Julio Merino. Y estas fueron sus palabras:

Don José Antonio Cerezo

Director del Museo Garnelo de Montilla

 

Si con María "la negra", Julio Merino se sumergió en las aguas profundas de la ninfomanía y en Las locuras de Lina, abordó el vidrioso asunto del incesto –un tema imprescindible en la literatura erótica-, con esta tercera entrega, El harén de D. Juan, el autor inicia un recorrido por lo que, podría denominarse, una "anatomía" del donjuanismo.

El tema de "Don Juan", que es, sin duda, una aportación netamente española a la literatura universal, es tratado aquí bajo una óptica desacostumbrada. Lo habitual es encontrarnos con un Don Juan "burlador", cuya conducta ha dado pie a las interpretaciones más descabelladas (incluida la homosexualidad); en este caso nos hallamos ante un Don Juan carnal, sexual, cuyas aventuras se narran con la frescura y libertad propias del género sicalíptico. Pero El harén de D. Juan -que es una novela erótica-, no es sólo una novela erótica. Merino, según su costumbre, introduce en la trama varias historias paralelas, donde hace gala de su excelente conocimiento de la realidad española de la posguerra, y disgresiones sobre los más diversos temas que enriquecen y bifurcan el discurso narrativo.

El autor parte de un principio común a toda la trilogía: la vida es la mejor fuente de inspiración para un novelista. No es preciso buscar situaciones alambicadas, personajes inverosímiles, encuentros inimaginables, basta con encontrar un hilo narrativo conductor para poner en orden las experiencias vividas o soñadas. 

Don Manuel Piedrahita

Periodista y Corresponsal de Prensa en Alemania

Bueno yo diría al estilo de Julio Merino que en su mente fantasiosa e imaginativa es un medicamento milagroso: Schiremufriol.  Yo, también hecho mano de mi imaginación y ¨veo ¨a la Alta Dirección de la Bayer reunidos en el complejo de Leverkusen para decidir sobre ese fármaco tan revolucionario.

He leído fragmentos del nuevo libro de Julio Merino – "El harén de D. Juan¨- en el avión que me llevaba a Bruselas, corazón europeo para bien y para mal, y lo menos que me esperaba es que tratase –subliminalmente hablando- del dolor de cabeza.

Tras aterrizar en el aeropuerto de Bruselas me esperaban para trasladarme a Lieja donde he asistido al Congreso de CEUCO, Cofradías Europeas enogastronomicas. Durante el trayecto he visto el cartel que anunciaba la desviación hacia Aquisgrán y claro está mi memoria se rebobinó hacia mi época profesional como corresponsal en Bonn de TVE. Visité en varias ocasiones Bélgica y naturalmente pasé por Aquisgrán, pero antes por Leverkusen. Ese complejo industrial me daba, "psicológicamente" hablando dolor de cabeza.  "Ahí fabrican la aspirina", me dijo un amigo la primera vez que viajé por autopista a Colonia. 

Realmente aquella enorme fábrica con mucho acero por todas partes, tubos por doquier, chimeneas echando humo, eso sí blanco por lo de la contaminación. No me cuadraba con la blanca píldora ,con la aspirina. Parecía un trasatlántico varado en tierra firme.

Pero ahora que lo pienso, dejo de rebobinar mi memoria profesional y me situo en "El harén de D. Juan". Me situo, asimismo, en ese cerebro fantasioso de Julio Merino; prolífico escritor capaz de convertir un fármaco, una fábrica y una ciudad alemana, en una novela de intriga

Brindo por su éxito, primero con la cerveza típica de Colonia, la Kolsch; y luego con un vino blanco del Rin, un Rhiesling. Un vino, o dos, e incluso tres. Y...

Lo que ahora veo no es una fábrica sino un harén con rubias valkirias.

Una novela de intriga donde, como siempre en la obra de Julio, no falta el amor iiiioovarias ocasiones Belgica yal en Bonn de TVE. Visitesviacitido al Congreso de CEUCO, Cofradias Europeas enogastronomicas. D

Don José Antonio Navas

Presidente del Congreso Hispanoamericano de Sexología

 

A la hora de comentar la obra de este insigne escritor y periodista de Nueva Carteya hay que plantearse su lectura siempre, con la misma pasión que él pone cuando escribe sus relatos, porque Julio a esta altura de su vida ya se ha puesto el mundo por montera y ha sido capaz de culminar una amplia producción literaria publicando una trilogía erótica, de la que este libro es su culminación. Maestro y periodista ha sabido dar lo mejor de sí en los medios de comunicación y en la literatura de nuestro país. En su trilogía y sobre todo en esta tercera obra, "El Harén de Don Juan", visto desde el punto de vista de la literatura erótica, reúne una amalgama de situaciones, vivencias y vicisitudes que recogen los anhelos más deseados del macho humano.

 

Sitúa la partida de ese viaje iniciativo hacia el mundo de la fantasía sexual  en la obligación de regularizar ese calentón adolescente que tanto se recoge en la literatura española del siglo XX entre el amor del rico heredero con la criada "de buen ver y mejor tocar" que hasta se recogía en coplillas populares como aquella que decía:

 

"Cuando era pequeñito dormía con la criada...

Ahora que soy mayorcito no quiere la condenada"

 

Y la condenada quiso y "sin querer queriendo" embarazada quedó. Pero peripecias de la vida en los convulsos albores de nuestra Guerra Civil, protagonista medio muerto por heridas de guerra y familia deseosa de regularizar un embarazo, resulta casado "in articulo mortis" (Las bendiciones son las bendiciones de la Santa Madre Iglesia).

Pero ¡ah la voluble fortuna!, el moribundo se recupera y afronta una vida joven, casado, con mujer no querida y sexualmente no deseada ni deseable.

¿Dónde queda el ímpetu sexual de una juventud, como se aplacará el natural despertar de antes de los 20 años? Pues nuestro autor lo soluciona con un recurso que no falla: la niñita del pueblo como patito feo se ha convertido en bello y sensual cisne, un cisne lascivo y ardiente llamado "Lupe" que desata las más ocultas fantasías de nuestro querido Juan.

Y en contra de lo que podría considerarse la moralidad de los años cuarenta, la situación de Juan con sus dos mujeres, la oficial y la sexual (aceptada por la oficial que todo queda en casa, ya que "Lupe" es su hermana) lleva a nuestro protagonista, mientras descubre las posibilidades del erotismo más desenfrenado, a centrar su vida en el desarrollo de la profesión de farmacéutico e investigador. (Aquí Julio combina de forma magistral como hará en el resto de la obra, las dos vidas del protagonista, la profesional, que describe con erudición y precisión adecuada y la sensual en la que con "Lupe" va explotando los vericuetos del sexo, cada vez más completo y "salvaje".

Y esa dualidad de vida profesional y sexual, le lleva a incrementar su harén y completar su "trabajo" con la recatada y delicada doctora Maria Fernanda, MAFE, que entre microscopios y experimentos poseía una sexualidad dormida que cuando despierta, lo lleva al colmo de la satisfacción erótica, descubriendo facetas insospechadas para ambos relacionadas con la sexualidad oral y las distintas vías de penetración amorosa. Experimentan nuevas formas de expresión sexual y "naturalizan" la práctica de las mismas, llegando en sus juegos amorosos, sea como deformación de sus profesiones sanitarias, a experimentar con la estimulación del "tegmento pontino dorsolateral" (TPD) en busca de los "puntos eróticos" (vamos, en la más estricta ortodoxia que marca la sexología moderna).

A estas alturas de la novela, Julio nos presenta a un hombre que atiende a su mujer legal (la embarazada varias veces), a  su cuñada, a la que llamo mujer sexual y a su nueva amante (la "Doctora Cerebros") y con la vida resulta por la magnifica herencia recibida. Podría ser un buen final, pero nuestro Juan aún tiene que experimentar gran parte de lo que podríamos llamar ingredientes básicos de una buena receta de una literatura erótica: el placer de superar la pareja por el trio (con dos mujeres, una de ellas con la sensualidad de la madurez, combinada con la "corrupción de la minoridad" disimulada de la joven) la fantasía del sadomasoquismo y la representación de una violación, los celos y la chulería de la "falsa hombría" puesta a prueba cuando quien se cree un magnifico amante y semental, es epatado por su primera amante "Lupe", que hay otros que lo hacen mejor y le marcan metas de "cuatro seguidos sin sac..." y hasta el ingrediente de probar el erotismo de una relación con una folclórica, que para no perder sus raices con su y nuestra querida Córdoba, Julio la sitúa como originaria de Alcolea.

Vamos,  que a esta novela de Julio no le falta ningún ingrediente ni condimento para que resulte "Un guiso sexual" ameno, divertido e interesante y contado con un lenguaje apasionado, erudito en la descripción de la vida profesional de sus protagonistas y a la vez cotidiano y fácilmente entendible a la hora de describir las escenas amorosas y las experiencias eróticas que en él se relatan. Quiero destacar una pincelada que puede describir lo que afirma en la lectura del capítulo 5 páginas 244 y 45 que recogen el dialogo:

– Juan ¿por qué me has hecho lo que has hecho?

-                     Sólo he besado tu cuerpo.

-                     Anda, no seas bobo, que yo sé lo que me has hecho.

-                     ¿Y qué te he hecho que no supieras?

-                     Por favor, nunca nadie, ni yo lo sabía, me había dicho que se pudieran hacer esas cosas.

-                     Y qué, ¿no te ha gustado?

-                     Eso es lo malo, que me ha gustado mucho y quiero que lo repitas..

-                     Oye amor mío, ¿y si tú me has hecho lo que me has hecho por qué no puedo yo hacerte a ti lo mismo?

-                     Si tú lo deseas...

-                     Lo deseo."

 

De esta forma tan delicada Julio describe el placer del descubrimiento mutuo de las posibilidades del cuerpo de los dos amantes. Y con ello coincide en señalar aquello en lo que incidimos cotidianamente los profesionales de la sexología en el desarrollo de la sexualidad humana. Que la Sexualidad es una fuente de vida y alegría, de ganas de vivir, que nos acompaña desde antes del nacimiento hasta la muerte. 

Julio ha encontrado la píldora mágica de la fantasía. Por eso considero la novela como un verdadero manual de terapia sexual, ya que rompe moldes sociales y se enfrenta con valentía a todos los tabúes. 

Don Julio Merino

Autor del "Harem de Don Juan"

Lo dijo el poeta y yo lo ratifico: "LO QUE SE RECUERDA NO MUERE" y lo ratifico porque es la verdad, al menos mi verdad, lo que se recuerda no muere.

Hace unos meses murió mi buen amigo Antonio Pérez Oteros, o al menos murió para el mundo, no para mi, porque para mi sigue estando tan presente como antes. Y es que la muerte sólo es un cambio de destino, hoy se está y mañana se está allá. Así es la vida, hoy estamos aquí y mañana podemos estar en otro lugar.

Me sucedió igual con mi madre. Dicen que murió, pero para mi está tan viva como cuando ella estaba en el pueblo y yo estaba en Madrid. Entonces no nos veíamos, pero nos hablabamos, unas veces por teléfono y otras a través de la presencia espiritual. Sí, es cierto, Antonio Pérez ya no está físicamente con nosotros, pero al menos conmigo sigue estando y prueba de ello es que a la hora de escribir esta novela ha sido mi primer confidente y mi mejor asesor y les aseguro que más de una cosa he cambiado por su culpa.

¿No era eso lo que haciamos antes y durante muchos años? Yo estaba en Madrid y él estaba en el pueblo, pero muchos días hablábamos y le leía lo que yo iba escribiendo, y él me daba su opinión o me corregía. Pues, eso hemos seguido haciendo y seguiré haciendo mientras siga escribiendo.

Amigos mío, el poeta tenía razón, LO QUE SE RECUERDA NO MUERE y para mi, mi amigo Antonio Pérez Oteros no ha muerto. Sólo que ahora él está en la ciudad de San Agustín, la ciudad de Dios, y nosotros estamos aquí.

Y dicho esto les voy a dar mi versión de la "Triología erótica" que completo con esta tercera novela, "El harén de Don Juan".

Miren ustedes,  hace unos años comencé mi novela"Spalis" con estas palabras:

 "Los novelistas somos unos tontos de capirote que nos pasamos la vida ideando o buscando argumentos fuera, sin darnos cuenta de que nuestra propia vida puede ser el mejor argumento para la mejor novela.

Pero esta vez he decidido no caer en la trampa y dejar de ser tonto... ¿Por qué voy a buscar una historia o me voy a romper la cabeza en pos de un argumento sabiendo como sé que mi propia vida es una novela? Mejor dicho, mi vida y la historia de mi familia, pues estoy convencido de que nunca leí nada tan sorprendente e increíble como la historia de "Spalis".

¿Que qué es "Spalis"? Sencillamente, una de las muchas historias que abundan entre mis antepasados, una parte de mi propio ser... algo increíble que supera cualquier imaginación. Lo cual demuestra con creces que la vida puede ser, y de hecho lo es, algo más complicado que el más complicado de los argumentos ideados por el hombre."

Pues bien, ese fue el norte que me tracé al iniciar la "Trilogía erótica" que culmina con "El harén de Don Juan", que ustedes tienen ya en sus manos ( las otras fueron "María la Negra" y "Las locuras de Lina"): buscar en el baúl de mis recuerdos historias verdaderas que me contaron o viví , y en las que  se demuestra con creces que la vida puede ser la mejor fuente para el novelista. 

En "María la Negra" trasladé al papel la historia que me contó una compañera mexicana cuando estudiábamos en la Escuela Oficial de Periodismo. Según ella había habido una familia mexicana que vivió bajo la maldición que la diosa azteca "Thazolteotl" había arrojado sobre las mujeres de la familia y que no acabaría hasta que una de ellas encontrase un verdadero amor. Mientras tanto serían victimas de la locura sexual, o sea la "ninfomanía".  A la hora presente cuando me lo contaba ya habían muerto las mujeres de tres generaciones, esclavas y víctimas del sexo. La novela la inicié con la cuarta generación, una mujer que ella misma estaba desesperada por sus desvaríos sexuales, pero también su hija que sólo contaba 16 años. Pues, resultó que la madre se enamoró verdaderamente de un hombre, pero de ese mismo hombre se enamoró también perdidamente la hija ... Y entonces la madre por evitarle a la hija la tragedia sexual se suicida y le deja el campo libre a la hija, porque era su salvación.

Naturalmente, a la historia verdadera el escritor le añade su imaginación, y la historia ya no sucede en México sino en Córdoba y los personajes están situados en un ambiente y en un marco social que no es el de la familia mexicana.

Pero, además de eso "María la Negra", en cierto modo, es, o quise que fuese, una copia de la vida de San Agustín. Sabido es que el obispo de Hipona tuvo una juventud de desastre y que vivió en las cloacas de todas las pasiones humanas, un pervertido que escandalizaba hasta la escandalizada Roma. Pues, sabido es también que a través de la oración de su madre Santa Mónica y la meditación del propio joven descarriado hay un momento en su vida que da un giro de 180º y no sólo descubre el amor de Dios sino que le entrega su vida. Es lo que le sucede a "María la Negra", que de ser una enferma del sexo pasa a ser una esclava del amor divino... hasta tal punto que su vida pecaminosa acaba en un convento de clausura y como Madre Superiora ejemplar.

En "Las locuras de Lina" aproveché una historia que sí viví personalmente. Fue en Madrid, a mi llegada en 1959. Allí, en la pensión donde fui a hospedarme, me encontré con que el dueño hacía vida marital con una de sus cuatro hijas. No estaban casados, pero para el resto de la familia y para los que allí nos hospedábamos eran marido y mujer. Y no pasaba nada y  aquella familia vivía feliz. Era un incesto claro y rotundo, dado que los protagonistas eran familiares en primer grado. Y vuelvo a decir lo mismo, como escritor aproveché la historia como argumento de la novela, añadiéndole, claro esta, un poco de imaginación. También cambié el ambiente social y el marco, así como los nombres de los personajes, para evitar problemas jurídicos o personales.

En las "Locuras de Lina" planteé la lucha espiritual que vive cualquier persona entre un amor falso y un amor verdadero. Y me entretuvo describir con detalle la diferencia que hay entre el querer y el amar. Porque, según los teóricos, no es lo mismo querer que amar. El querer es cosa del cerebro, lo racional, lo sensato, el estudio de las circunstancias... en cambio el amor es lo irracional, el vértigo, la locura. Que ya lo dijo Pascal, el corazón tiene razones que la propia razón no entiende. La persona que quiere se entrega con condiciones, la persona que ama se entrega sin condiciones. De ahí que Lina se entregue al incesto a pesar de su formación cultural y de su bien amueblado cerebro.

Y ahora ha llegado la tercera novela de la "trilogía". Este "Harén de Don Juan" que ya está en las librerías.

En "El harén de Don Juan" también aprovecho la historia de un señor que conocí personalmente y que murió hace tan sólo unos años, aunque el resto de los personajes que salen siguen vivos. Por supuesto también aquí  los disfrazo con nombres inventados y algunos, pocos, cambios para desfigurar un poco la verdadera historia.

Don Juan es un empresario madrileño que se casó en los primeros días de la Guerra Civil del 36 con una mujer, diez años mayor que él, que era la criada de su familia y de un origen humildísimo. Don Juan dejó embarazada a la joven y tuvo que casarse con ella "in articulo mortis" cuando, tras recibir un tiro en el pecho, está al borde de la muerte. Pero, Don Juan no murió y al despertar de su coma se encontró que estaba casado con una mujer a la que no quería en absoluto y que iba a tener un hijo. Don Juan acepta la situación  y se rinde a los hechos, pero muy pronto en su vida surge otra mujer, que es hermana de su mujer, y queriendo o sin querer, ambos se enamoran y viven un verdadero romance. Con ella también tiene otro hijo. Después Don Juan, que ya ha subido en la escala social diez escalones más que sus dos mujeres (la mujer oficial y la amante), porque ha heredado una fortuna al morir sus padres y ha obtenido el título de Licenciado en Farmacia  con las notas más brillantes de la Universidad, conoce a otra mujer, se trata de otra Licenciada superinteligente y, queriendo o sin querer ambos se enamoran e inician una vida de pareja, aunque separados para evitar el escándalo social.

Más tarde, Don Juan contrata como secretaria a una joven, muy eficaz en su trabajo y guapísima, y, queriendo o sin querer, también se enamora de ella y con ella, y a escondidas, vive otro romance (es la cuarta mujer). Pero,  pasa el tiempo  y Don Juan alcanza un triunfo apoteósico, pues junto con la compañera de estudios (la tercera mujer) descubre una "píldora anti-tabaco" que les da la fama a nivel mundial.

Y en pleno triunfo y ya famoso se va una noche, por un compromiso social, a un tablao flamenco y allí conoce a una bailaora y cantaora que en ese momento es la figura cumbre del flamenco español... y la mujer más guapa del "todo Madrid". Y Don Juan que           –según le confesaba al mismo al autor – cuando veía unas tetas y un culo  se perdía,  acabó  "liado" con ella(fue el quinto romance que vive Don Juan).

Naturalmente, para escribir esta novela aproveché la historia de mi amigo Don Juan. Que no se llamaba Don Juan, como también disfracé con nombres supuestos al resto de los protagonistas.

Y otra vez aparecen los dos amores en lucha, el amor sagrado y el amor profano. María Fernanda, "Mafe", es el amor sagrado, el amor verdadero, "Lupe", Amparo y Sara son el amor profano. Es verdad que Don Juan, el protagonista, se mueve entre ambos amores como pez en el agua, pero cuando tiene que decidir, se decide por el amor sagrado, el amor verdadero.

Señores, y esta lucha, entre el amor sagrado y el amor profano, es el trasfondo de mi "Trilogía erótica", porque lo demás, las escenas de cama, son un mero anzuelo para divertir o entretener a los que sólo piensen en eso, en la cama.

Y que nadie se llame a engaño, el contenido de las tres novelas es en gran parte el contenido de mi vida. No son, ni mucho menos, autobiografías, pero si son vivencias de una vida, la mía. Y por eso digo lo que dije hace años: "que los novelistas somos unos tontos de capirote que nos pasamos la vida ideando o buscando argumentos fuera, sin darnos cuenta de que nuestra propia vida puede ser el mejor argumento para la mejor novela". Está claro, y lo he dicho mil veces, que "la vida es una fábrica de novelas y el escritor un narrador que cuenta historias".

Mire usted, amigo lector, en la vida suceden cosas que ni la imaginación más calenturienta puede imaginarse. Algunos ejemplos podría sacar de la Historia o de los periódicos de la actualidad. ¿O no es increíble la historia del padre austriaco  que mantuvo casi 24 años en el cautiverio de un sótano a su hija, con la que tuvo 7 descendientes, y a la que estuvo violando sistemáticamente desde que cumplió los 11 años? (el padre se llamaba José Fritlz y la hija Elizabeth) ¿A qué novelista se le habría ocurrido una historia parecida?. Pues, eso es "El harén de Don Juan". Una historia increíble.

 

Y termino con un capítulo de agradecimientos. Porque no sería justo que no agradeciera a mis colaboradores Carmen García Gómez, Pilar Redondo, Amelia Serrano, Paco Muñoz y Charo Montaño la ayuda que me han prestado. No sería justo si no agradeciera a José Antonio Cerezo, a Manolo Piedrahita, mi viejo compañero de aventuras periodísticas (hoy ausente por un viaje a su amada Alemania) y a José Antonio Navas por las cariñosas palabras que han dedicado a "El harén de Don Juan" y a mi "Trilogía erótica". Como agradezco a Don Antonio Gil, Don Manuel Mellado y Don Antonio Galán sus palabras de apoyo. 

Y naturalmente, tengo que agradecer y agradezco a Don Federico Roca, el Presidente de este grandísimo Círculo de la Amistad, el cariño con el que siempre trata mis "locuras" literarias... y, por supuesto, siempre quedaré agradecido a las personas que roban un tiempo precioso para venir a escuchar mis palabras. Gracias a todos y buenas noches.