La reciente prohibición del Síndrome de Alienación Parental (SAP), una reivindicación clásica del lobby feminista español, se ha conseguido de tapadillo aprovechando la tramitación de la Ley Antinfancia y Antiadolescencia; un texto, sin duda, redactado con gran perspectiva de género y que ya tiene el visto bueno de la Cámara Baja.

      El SAP, un embrujamiento, encantamiento o lavado de cerebro a un menor, tan cierto como que todo los días sale el sol, se ha prohibido porque son las mujeres en una gran mayoría las inductoras de este maltrato emocional a los hijos. Se prohíbe, pues, el SAP, al objeto de ocultar el maltrato de madres a hijos y mantenerles las pingües custodias exclusivas con pensiones varias y vivienda gratis total, ya que las Audiencias Provinciales y el Tribunal Supremo habían tomado la deriva “machista” de reajustar el tipo de custodia cuando operaba el SAP, pasando éstas de exclusivas a compartidas o incluso cambiando el progenitor a cargo de la misma.

       ¿Entonces, que inventan? Inventan eso de la “violencia vicaria”, es decir, cuando un padre mata a sus hijos para hacer daño a la madre de esos menores.

        Estamos ante una nueva manipulación mediática del lobby feminista que paga publirreportajes con dinero público a las cadenas televisivas y radiofónicas afines, multiplicando por mil las noticias cuando ocurre la trágica muerte de un menor a manos de su padre y a un tiempo se silencia eso mismo si sucede a manos de una mujer.

        Estadísticamente, la muerte de embriones, fetos, bebés y niños pequeños, es una especialidad femenina, pero esto se oculta a la opinión pública.

       Se trata de inculcar en la ciudadanía esa consigna feminazi que dice: “Todo maltratador no es un buen padre y es un peligro para sus hijos”, como si la condición de esposo frente a una madre inadecuada y la de padre cabal volcado hacia sus hijos fuesen de la mano, siendo ámbitos distintos. Uno puede topar con una petarda o un petardo y ser a la vez buen padre o buena madre; lo uno con lo otro nada tiene que ver, salvo casos aislados.

        Si decidimos seguir empleando el término “violencia vicaria”, su homólogo, cuando es la madre quien mata a sus hijos, es el conocido término de “Síndrome de Medea”.

       Basta ir al Museo del Prado y encontraremos un óleo sobre lienzo, fechado en 1887, de 225x166 cm cuyo título reza: “Medea, con los hijos muertos, huye de Corinto en un carro tirado por dragones”.

        Medea es hija de Eetes, rey de la Cólquida, y de la ninfa Asterodia. Es esposa de Jasón y madre de sus dos hijos. Según la tragedia de Eurípides, Medea, herida de celos ante el segundo matrimonio de su esposo Jasón con Glauce, decide matar a su rival y a sus propios hijos para vengarse de Jasón, y huye con sus  cadáveres en el carro de Helios hacia el bosque sagrado de Hera, en Atenas.

      ¿Va a decir la ministra de Desigualdad al Director del Museo del Prado que retire de la vista al público el cuadro de Medea y lo lleve a los sótanos del museo?    

       Eso se verá, porque es un cuadro muy machista y porque ninguna mamá mata sus cachorrillos. Sólo matan los maltratadores, es decir, los hombres; por más señas aquellos que son heterosexuales, nativos del país y de piel blanca.

       ¡Ah, al morito y al negrito, ni me los toques!, son colectivos clientelares que votan “izquierda”, la que los empadrona en un plis plas, y además todos ellos son buenos, muy buenos, no son maltratadores como los de aquí.

       NOTA: Un 40% de las mujeres asesinadas en España cada año lo son a manos de extranjeros.