El próximo Domingo, Pascua Florida, conmemoramos el dogma fundamental de la Fe Católica, la Resurrección de Cristo, el milagro de los milagros a los ojos humanos pues no es posible encontrar otro que lo supere. ¿Qué puede haber  más difícil que volver a la vida al que ha muerto? Y, además, en este caso, se trata de un muerto que se resucita a sí mismo. La limitadísima inteligencia del Hombre, sin embargo, entiende que ese milagro solo  está al alcance del Creador. Tan es así,  que Saulo de Tarso --el genio judío que transformó el mundo  extendiendo el Evangelio por el Imperio Romano--, vio claramente la fuerza del argumento y no dudó en escribir a los Corintios:

“Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó.  Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”. (1 Cor, 15, 13 –14)

Cuando vemos agonizar a España y a los españoles en manadas perder la Fe --hasta el punto que hoy ya no sabemos si la inmensa masa de los compatriotas cree en algo-- les seré sincero: No veo  tema  mayor importancia para mi artículo de hoy que insistir  en la absoluta necesitad de  afirmar nuestra fe en la RESURRECION.

Todo católico debe preguntarse, ¿creo yo verdaderamente en la resurrección de la carne, en ese artículo de Fe de nuestro Credo? ¿Te lo preguntas frecuentemente?

Si  yo soy un “partidario fanático” (usando una expresión  deportiva) de los Ejercicios Espirituales, uno de los motivos es  por obligarme a “pensar, rumiar y meditar mi Fe

¿Cómo se puede ser  verdadero creyente sin conocer el alcance de los dogmas que profesas? Por eso no cabe en mi limitado entendimiento, cómo y por qué los Jerarcas de nuestra Santa Madre la Iglesia gastan sus energías en la defensa “del clima” o contra “la violencia de género” (otro mito, invento de la Sinagoga de Satanás) y se olvidan que Cristo los envió a predicar su Evangelio y ser unos nuevos Pablo de Tarso…

Nada demuestra su preocupación por poner remedio a la ignorancia asnal, no ya de los “nuevos agnósticos y ateos”  sino de quienes siguen yendo a misa y comulgando todos los domingos, pero hace años que no se confiesan (con el agravante de que. “ellos”  los han “despistado” con  esas  “pseudo absoluciones generales” que no perdonan los pecados mortales),  ni estudian la doctrina  cristiana desde que hicieron la primera  comunión.

Cristo, sí resucitó,  y por eso sabemos y estamos seguros de imitarle en la Resurrección. Y esa verdad nos debería  forzar a tener siempre presente nuestro fin último: la eternidad feliz a la que no se llega si vives simplemente para la vida de los instintos o para acumular riquezas que no podrás llevar contigo.

El día de Pascua Florida no olvides que  Cristo, ciertamente, resucitó como garantía inamovible de nuestra Fe, pero también para recordarnos la ruta a seguir: vivir conforme a su Evangelio para, luego, resucitar y entrar en la Gloria.

El Catolicismo es una religión alegre porque, estas verdades son fuente de felicidad y seguridad en la vida. San Pablo lo sabía muy bien y de ahí su consejo a los corintios con el que  les venía a decir: Vivid felices los años  de este mundo porque Cristo resucitó, nuestra vida tiene sentido, y es el camino de la dicha sin fin al lado de Quien venció a la muerte.

Ni los católicos,  ni los españoles (y con doble motivo los católicos españoles) sabemos valorar lo que significa la Iglesia Católica, ni lo que representa España.  Todas la religiones al lado de la nuestra se apagan. ¿Han entrado alguna vez en una  mezquita o en un templo budista o en un local de cualquier otra religión? La diferencia con una Iglesia católica es abismal. Se nota dónde está Dios y donde solo hay vacío. Donde hay calor y  donde hay frío.

Igual ocurre con España  ¿Qué tendrá que todos  la encuentran diferente y en general vuelven y --si pueden-- se quedan porque la vida les parece más bella? …Y “no es ceguera de padre”, es simple experiencia,  vivida muchas veces.  Sigue siendo verdad que “España es diferente”… y lo mismo el Catolicismo.

Aprovecho para a felicitar las Pascuas de Resurrección a los que   aguantan el leerme y,  en consecuencia,  más de una vez soportan la crudeza de los comentarios;  y también para desearles lo mejor es decir,  merecer la sonrisa del Resucitado por su vida de lucha por Él  --ya sea educando a los hijos,  protegiendo a sus obreros y empleados, sirviendo como oficinistas, transportistas, etc.—o, simplemente, cumpliendo sus obligaciones cotidianas. Y, por supuesto,  muy especialmente a los que se precian de ser mis amigos y me cubren las espaldas…