La Asamblea General de las Naciones Unidas ha establecido que el 21 de septiembre, se celebre el Día Internacional de la Paz en todo el mundo, pero no es la paz del gloria a Dios.

Gloria a Dios en lo más alto y en la tierra paz. Paz en los hombres de buen querer, de buena voluntad, del buen criterio para la buena determinación, que todo eso implica “en anzropois eudokias” las palabras de los coros angélicos que escucharon los pastores cuando estaban “guardando sus rebaños” que el evangelista San Lucas recoge en términos griegos y que constituyen nuestra referencia para captar el mensaje melódico de fondo con la llegada de la culminación de los tiempos en el nacimiento de este Niño en quien concurren Cielo y Tierra, nacido en Belén de Judá.

Paz en los hombres, en el interior de las personas, de cada una que se rijan por el bien querer del buen hacer y por lo mismo están en paz y gracia de Dios porque en ellos se genera paz por el mismo hecho de estar a bien consigo mismos y su circunstancia al sentirse en conformidad con el deber ser de amar a Dios sobre todas las cosas -Gloria a Dios en lo más alto- y al prójimo como a uno mismo, en un comportamiento habitual de hacer como quisiéramos que se comportaran con nosotros. Es la paz de Dios que se nos comunica en este Niño, siglos antes, profetizado por Isaías: “Que un Niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros el Imperio. Y su nombre será: Consejero admirable, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de la paz, para ensanchar el imperio, para una paz sin fin en el trono de David y en su reino; para asentarlo y afirmarlo en el derecho de la justicia desde ahora para siempre. ¡El celo del Señor Todopoderoso hará todo esto!” (Is 9,5-6)

Paz en la Tierra a los hombres de buen-querer era melodía del multitudinario Coro de Ángeles de los que nunca se podrá decir con más pertinencia que cantaban como los ángeles, en un súbito y maravilloso concierto nocturno al aire libre del que pudieron gozar e impregnarse unos pastores “que se hallaban por aquella comarca a campo raso en guardia a turnos durante la noche vigilando sus rebaños”. Cumpliendo en la disposición adecuada con su trabajo, no alejados del acontecimiento aún ignorado, ni siquiera ociosos durante la noche. No dormidos, no encamados; sufridos, obligados y necesitados de cuidar de que nada dañe o les arrebate, alimaña o ladrón, el fruto de sus esfuerzos vitales y pertenencias. Eso que para gente palaciega o burguesa comodona bien instalada pudiera parecer una escena bucólica, pero que en realidad es cumplir el deber y mantenerse alerta laboriosamente, capacita a los pastores para ser el objeto del mensaje de paz a los hombres que quieren el bien para sí y los demás. “La Gloria de Dios los envolvió y un gran asombro temeroso se apoderó de ellos. –No os asustéis: Os evangelizo el gran gozo -Evangelii Gaudium- el cual es que para vosotros hoy os ha nacido un Salvador, el que es el Ungido Señor”.

 Andando los años este Salvador proclamaría: “Bienaventurados los de alma limpia, limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”, cual yendo presurosos lo vieron los pastores en la gruta de Belén. “Bienaventurados los generadores de paz porque serán nombrados hijos de Dios”. Hijos de Dios por hacerse seguidores del Hijo Unigénito de Dios. Príncipe de la paz, que proporciona su paz y no como la da el mundo que se asienta sobre el maligno y procede por los instintos concupiscentes de la vista, la carne y la soberbia en la vida. Hijos de Dios generadores de paz desde sí mismos y no solamente componedores de paz tras producir conflictos en las mentes y en las actuaciones. El lema de la Fraternidad masonista jamás podrá generar la paz de mentes y conciencias. Hay quien escribe: “el Papa Ratzinger creía que el problema de la cultura es la falta de fe en Dios, y Francisco cree que es el abuso sobre los pobres que falsea hasta la fe en Dios”. Es falsear primero a Dios lo que lleva a la falta de respeto, al menosprecio, al abuso, la prepotencia y a la extorsión, a la falta de equidad en una palabra y por lo tanto a la conflictividad que precisamente es ausencia de paz con Dios y con nuestros prójimos que se proclaman hermanos como retórica complaciente

Santísimo nombre de Jesús que significa Salvador era la festividad del primer día del año. Ahora el 1 de enero, adoptando el Calendario Onusiano, es el Día de los Mensajes sobre la paz. Pero no había ni hay paz de Dios. Tampoco entre los hombres, a pesar de la Fraternidad masonista desde la revolución francesa en la que se viene a insistir.

Quedémonos con y en la paz del Niño-Dios.

Pueden ver la película en el enlace: https://vimeo.com/363335912