¡Cólmense nuestras almas de alegría,

exultemos de gozo los cristianos,

pues ha Nuestro Señor resucitado,

como Él mismo nos dijo, al tercer día!

 

Su muerte que el final nos parecía

el día en el que fue crucificado

sabemos con certeza no fue en vano:

murió para volvernos a la vida.

 

Jesús, Hijo de Dios y de María,

que hubo por nosotros soportado

como hombre el tormento y la agonía,

 

en su gloria divina hoy se ha mostrado

y es ya para siempre Quien nos guía.

¿Qué más prueba de amor necesitamos?