Algún día llegarán al público en general lo que significó en las artes españolas el genial Salvador Dalí. Seguramente es en la pintura más vanguardista del mundo, en su concepción surrealista, no ha habido otro autor como el catalán de Figueras. Sin embargo durante estos años de transición democrática, poco se ha escrito y menos hablado sobre un artista que marcó un antes y un después de modo especial en la pintura. Personalmente anoto distintas y laudatorias reseñas sobre personajes que, sin quitar méritos, pero a otro nivel– algunas inesperadas por desconocido de los protagonistas-, frente al silencio que imponen al universal pintor de Los relojes blandos, o del Cristo de San Juan. Yo no me atreveré a afirmar que esta carencia se deba a motivos nada nobles, pero profunda extrañeza, que Salvador Dalí no tenga ni un recuerdo oficial (desde las instituciones culturales del Estado, que se sepa), en estos días de primeros de año en que se cumple un aniversario de su muerte. Sucedida un 23 de enero de 1989 en Figueras, la ciudad donde había nacido y amado.

Habría que preguntarse o preguntar, si este olvido más o menos explicito, fuera por su proximidad con el antiguo Régimen, cosa que él nunca negó, o por lo que ya sería una perversa maldad, por aquel proyecto que `tuvo el genial artista junto al escritor Vázquez Montalbán- (curiosa alianza), de planear un texto visual sobre el fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera. Quizá sea esta una secuencia vital de uno de los artistas más universales de todos los tiempos, desconocida, y no divulgada, pero es un dato que si no hay refutación y no sabemos que la haya, todo indica que pudo darse en la biografía de Salvador Dalí.

A nosotros los falangistas, no nos viene de nuevas, porque desde siempre supimos de las simpatías del pintor por la figura y las ideas del líder falangista, de modo que entendemos – a nuestro pesar-, las reservas con que la cultura “Sanchista” hoy, otorga a verdaderos artistas de reconocimiento mundial. Aunque se caiga en el ridículo, pero eso no lo puede soportar los fracasados de siempre y se les ve las orejas.