Andaba tomando algo por Cartagena cuando, de repente, vi en la mesa de al lado una mujer rubia, bellísima, de esas que atrapan sin quererlo; sin duda, una de las más guapas que rondan por la ciudad portuaria. Ondeaba su melena rubia al compás de la brisa que llegaba desde la terraza y, con el reflejo del sol en ella, parecía la extensión de un rayo. Su cara, tan angelical como hermosa me era familiar. Mi cabeza cavilaba. No la conocía, de eso estaba seguro; pero me sonaba. En algún lugar la había visto antes, quizá en Instagram, en ese universo paralelo de cuerpos firmes y vidas ficticias, entre fotos, exposiciones (si no exhibiciones), egos y anhelos. Me acerqué a ella. La miré por un instante sin hablar. Un breve instante. Un «zas» que se va tal cual llega. Su nombre vino entonces a mi cabeza. Su nombre, su sonrisa y su inolvidable foto de perfil. Sin dar más tregua a la estrategia, le dije: «¿Eres Saray?», «Sí, ¿cómo lo sabes?», «Hemos hablado en alguna que otra ocasión por las redes sociales y he de confesarte que me sorprende las cosas que subes. ¿Por qué te llama tanto la atención el libro del Apocalipsis de Juan?», «Es una historia larga de contar, pero digamos que cientos de señales me conducen a ello», «¿Crees en la segunda venida?», «Claro que creo, yo espero la segunda venida de Jesucristo», me lo dijo muy segura, con una firmeza aplastante.

Esa implacabilidad me llamó poderosamente la atención, no sólo por la complejidad del tema o porque en la actualidad, importe poco o nada la literatura apocalíptica y/o la segunda venida de nuestro salvador, sino por su convicción, como si ella hubiese sentido una revelación divina o como si el fin del mundo para ella fuese inminente, como si todos nosotros, en vida, al igual que en su tiempo lo pensaba San Pablo de Tarso (de manera errónea) fuésemos a ver el regreso de nuestro señor Jesús.

Ahora bien, ¿qué entendemos los cristianos por la segunda venida? En síntesis: el retorno de Jesucristo previo al juicio final, en el que unos serán tomados y otros serán dejados. Pero veámoslo, yéndonos a la Biblia.

Primero: ¿Qué dijo Jesús de Nazaret como profeta apocalíptico sobre ello? Muy poco, en el evangelio de Marcos 9:1 encontramos lo siguiente: «También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.» Y en el evangelio de Mateo 24:35-44 encontramos lo siguiente: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre. Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.»

Del mensaje de Jesús, puede entenderse que su palabra es y será eterna. Además, usa la comparativa con las tiernas ramas de la higuera que anuncian el verano, de la misma manera que habrá señales que darán a entender que el fin se aproxima. Pero también nos advierte que debemos estar preparados para cuando llegue el día y la hora (cuyo momento sólo Dios conoce) y no estemos perdiendo el tiempo, esto es: comiendo, bebiendo, casándonos, despreocupados y viviendo nuestra vida sin pensar en Dios y sin reconocerlo. Parece ello más bien una llamada de atención que un vaticinio en sí mismo.

Segundo: ¿Qué dijo el Pablo como profeta apocalíptico, el mismo de quien depende la interpretación de todos los cristianos hasta hoy de la figura y misión de Jesús? En la primera epístola a los tesalonicenses, 4:13-17 Pablo escribe: «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.»

El mensaje de Pablo es escueto pero conciso, o sea que la resurrección de Jesús como mesías fue solamente un anticipo y lo relevante vendrá ahora (después), o sea cuando los muertos resuciten y vuelvan con Cristo. Y éstos renacerán los primeros e inmediatamente los que están en vida congregados (los vivos, que viven en la fe) se salvarán. Sonará una trompeta celestial y se oirá por todos los lugares del mundo. En ese momento, hombres y mujeres se sobrecogerán, echarán sus manos sobre la cabeza y caerán en la cuenta de que ya no hay remedio, que el tiempo se ha cumplido y que es el momento de entrar en sala para celebrar el gran juicio final y, en consecuencia, ser juzgados. Todos nosotros sabremos de esa segunda venida no sólo por los oídos sino también por los ojos, ya que unos ángeles aparecerán de entre los cielos y detrás irá el Hijo del Hombre en una nube victoriosa y, será, en ese instante cuando los muertos serán como llevados, ahora ya vivos, es decir ya resucitados, y los que están en vida y sean salvos irán con Jesucristo a las alturas (al aire) y desde allí entrarán al Reino del cordero de Dios, para a su vez (y al unísono) pasar al Reino de Dios y así yacerán eternamente para con el señor.

Por eso, cuando me topo con una chica que es capaz de creer con firmeza en algo así, pese a no tener un conocimiento amplio del evangelio y pese a no estar en sentido estricto convertida, yo sólo puedo alegrarme, porque bien vale la pena creer en la segunda venida y soñar con el gozo que supone la vida eterna; si bien, a mi juicio, no es suficiente, puesto que de nada valdrá eso mientras ella y todos nosotros no seamos capaces de estar seguros que nuestro señor Jesús muere en nuestras vidas y que su venida está próxima (aunque sólo Dios sepa el día y la hora).