Aunque hoy basculamos en un marco mental de fiera y agónica incredulidad, parte de la gente tendría interiorizado que hay un más allá y, a la sazón, retornos de seres queridos fallecidos. ¿Vano consuelo? ¿Ilusoria esperanza? Puede.

¿Habrá reencuentro?

Claro que uno corre el riesgo de humanizar, obvio, pero es bastante indudable que los animales son muy semejantes a nosotros. O, dicho de otro modo, por si ustedes - apreciados lectores de ECDE - aún dudaban de ello, nosotros somos animales, animales humanos, algo más sofisticados en ocasiones, demasiado humanos en otras. Lo mismo que los animales no humanos, nos matamos y nos amamos, queremos y odiamos, podemos hacer el bien o el mal. Casi siempre optamos por esta última opción.

Porque amamos a los animales, surgen a menudo, angustiosos y frenéticos, los irresolubles interrogantes. ¿Nuestras mascotas irán al cielo? La Biblia, muda sobre el particular. ¿Y la ciencia honesta? La idea de conciencia, clave. Si creemos - fides-  que los seres humanos vamos a sobrevivir a la muerte física porque tenemos conciencia y nuestra conciencia se halla en "no-local" -es decir, no se ubica en el cerebro ni en ningún lugar exacto y concreto, sino que es nuestra esencia, y, por consiguiente, devendría inmortal-, para admitir la existencia de alma en los animales sólo es necesario dilucidar si poseen conciencia. ¿Y los estudios científicos más rigurosos, en este campo, que muestran? Pues, que la idea de "reencuentro" acontecería plausible. Efectivamente, los animales poseerían una suerte de difusa "conciencia".

Al menos, gratitud

Asunto arduo. Y, repito, irresoluble. Me valgo de las prodigiosas dotes pictóricas de mi padre para rememorar a un inolvidable bichito que hace un par de años y medio se nos fue para siempre. Ella - imagino que más feliz que nosotros: en estos tiempos de falsa pandemia es sencillo - mira, translúcida y purísima alma, el planeta en el que vivió once años. ¿Reencuentro? Al menos, honda gratitud  a la vida (o al destino o a Dios, que sé yo) por haber coincidido contigo, enanita. En fin.