Otra vez la partitocracia vuelve a comprar a los medios de comunicación (más bien de propaganda de este régimen del 78), incluido al cine (que debería ser un medio de expresión cultural de la sociedad civil, ajeno al Estado), esta vez por la nada despreciable cifra de 112 millones de euros.
Con dicha financiación o compra de los medios de propaganda, se sigue pretendiendo promocionar al régimen del 78 y, conformar la opinión pública (que dejó de ser ya la opinión de los ciudadanos recogida y publicada en los medios). Detrás de una supuesta libertad de prensa y opinión, se oculta la total ausencia de libertad de pensamiento.

Los medios se limitan a propagar y amplificar la opinión de esta oligarquía de partidos, que es servida a la gente que la consume por sentir que "es" la suya. En definitiva, así el gobierno controla la información.

No hay libertad de expresión si no existe libertad de pensamiento, que es lo propio de los regímenes autoritarios. Y éste lo es, por más que se llame democracia.

Parafraseando al filósofo y escritor francés Étienne de La Boétie, "Uno no manda si nadie obedece".
 
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