Fernando Paz es profesor de Historia y Filosofía. Es autor de varios libros: “Europa bajo los escombros”, “Antes que nadie” “La neutralidad de Franco” y “Nuremberg, juicio al nazismo”. Dirige y presenta el programa “La inmensa minoría” en El Toro TV.

Entrevista con Fernando Paz sobre Europa del Este y la Unión Europea, la influencia de Soros y las leyes de memoria histórica.

La semana pasada la Unión Europea aprobaba una resolución contra Polonia por no aceptar la imposición de la ideología de género. Pocos días después, Lituania y Hungría anunciaban que no permitirían ninguna sanción contra Polonia. Por otro lado, la política de inmigración de la UE es también contestada por el grupo de Visegrado. ¿Considera que Europa del Este constituye la resistencia europea frente a una UE cada vez más totalitaria?

Sin duda. Considero que esto está revelando algo que vengo diciendo desde hace mucho tiempo. Y es que el capitalismo ha sido mucho más demoledor para las culturas nacionales de lo que lo fue el comunismo. Incluso por la resistencia ante el comunismo, pero no solo por eso, la identidad nacional de los pueblos se ha preservado mucho mejor en Europa Oriental que en Europa Occidental. Es una terapia que no recomiendo a nadie, estar 40 años bajo la bota del comunismo, pero el resultado final es ese. Además, la existencia de un bloque comunista que planteaba la versión infernal hacia un mundo mejor obligaba a Occidente a ser mejor. El comunismo nos planteaba una exigencia moral que Occidente fue dando mientras lo tenía enfrente. Y hoy, sin esa amenaza, nos encontramos un Occidente carcomido por la podredumbre y una Europa del Este que ha resurgido de sus cenizas. Al alma de los pueblos le ha hecho más daño el capitalismo que el comunismo.

En 2015, Polonia y Croacia crearon la iniciativa de los Tres Mares, el Intermarium, con la idea de fomentar el desarrollo económico y la cohesión entre 12 países de Europa Central y Europa Oriental. Este año se ha unido Estonia. Esta idea procede del mariscal polaco Józef Pilsudski que después de la primera guerra mundial planteó un proyecto de federación de Bielorrusia, Polonia, Lituania y Ucrania, a la que se invitó a otros 8 países. El proyecto de Pilsudski no salió adelante, pero la idea es ahora alentada por muchos partidos nacionalistas de esos países. ¿Cree que si este Intermarium se desarrolla podría constituirse en una autentica alternativa a la Unión Europea?    

Creo que sí, pero también creo que las querellas regionales son demasiado explosivas. El pasado en muchos casos les enfrenta, pero deberían darse cuenta de que el futuro les obliga a ponerse de acuerdo porque tienen un mismo enemigo. El proyecto de Pilsudski puede ser en las actuales circunstancias mucho más funcional de lo que hubiera podido ser en cualquier otra época, precisamente porque representa un mentís a los principales pilares ideológicos de la UE, que al final son pilares globalistas. El gran problema de la UE es que no es europea y concibe Europa como un eslabón dentro del globalismo mundial. No se trata de unir a Europa en un proyecto, sino de unirla como una etapa intermedia antes de realizar el gran proyecto globalista. Creo que los europeos del este están percibiendo eso, y están compartiendo la preservación de sus tradiciones e identidad nacional, y el rechazo a una inmigración desbocada. Podrían llegar a ser un contrapeso fundamental frente a esta versión de la UE, pero no sé si podrán solventar sus diferencias.

La política exterior rusa, muy agresiva con Polonia, los Países Bálticos o Ucrania, ¿puede ser un aliciente para la formación de ese bloque?

Sin duda alguna. Nosotros lo vemos desde la perspectiva occidental, pero indudablemente el viejo proyecto de Pilsuldski estaba orientado en origen contra la expansión de Rusia. En ese momento también justificado por una razón ideológica que Pilsudski había sufrido personalmente, cuando Polonia salva a Occidente de la revolución bolchevique con la victoria de Varsovia en julio de 1920. Hay que entender el punto de vista de los polacos e incluso el de los rusos, aunque nosotros tengamos el nuestro. Yo no soy muy entusiasta de la OTAN y no me gusta que un país se adscriba a ella, aunque por miedo a Rusia lo puedo llegar a entender. Pero desde mi punto de vista que es la recuperación de la identidad europea en Occidente, la pertenencia a la OTAN no me genera ningún entusiasmo.

El último conflicto que ha estallado en Europa Oriental es el de Bielorrusia. El presidente Lukashenko arremetió primero contra Rusia, con la detención de los mercenarios del grupo Wagner, para luego echarse en brazos de los rusos y acusar a Occidente, especialmente a Polonia, de ser el causante del conflicto. Enfrente tenemos a una candidata prácticamente desconocida que está recibiendo el apoyo de Occidente, pero es evidente el descontento de una gran parte de la población contra el régimen y que el resultado electoral fue un fraude. ¿Cómo cree que evolucionará la situación en Bielorrusia?

fernando-paz-renuncia-a-vox-770x430

 

Creo que están pasando las dos cosas a la vez y que la realidad está erigida sobre una falsedad tras otra. Lukashenko es alguien muy de la zona, muy difícilmente exportable y comprensible desde fuera. Creo que es indiscutible que los resultados electorales no tienen nada que ver con la realidad sociológica y política de Bielorrusia. Pero el futuro de Bielorrusia pasa por Rusia. Bielorrusia es un estado que nace del tratado de Brest Litovsk, es un invento de los alemanes. Lo que existió allí en tiempos históricos fue un gran reino polaco, un gran reino lituano, y no tuvo entidad hasta ese momento. Por un lado, es verdad todo lo que está pasando internamente, pero el futuro del país está estrechamente vinculado a Rusia. Sus importaciones y exportaciones son con Rusia y podrían acabar formando una unión política a medio o largo plazo. Por otra parte, es evidente que a Borrell y a Soros la legalidad de las elecciones en Bielorrusia les trae sin cuidado, y que Occidente está agitando el avispero. Un avispero que es lo que parece, hay una enorme podredumbre y el pueblo bielorruso que no está a gusto con la situación política. Es difícil encontrar un bielorruso que te hable bien del régimen y eso es muy significativo.

El conflicto parece tener su origen en la mala situación económica y en el hartazgo de la población, además de que Lukashenko lleva muchos años en el poder y eso parece haberle alejado de la realidad. ¿Considera que la actitud del presidente bielorruso ha avivado el conflicto?

Lukashenko lleva 26 años en el poder y creo que tiene una desconexión notable con la realidad política, incluso con la realidad exterior. En orden a la supervivencia es muy complicado no hacerse los peores enemigos del mundo si haces declaraciones contra los grupos de presión en Occidente, como el LGTBI, y eso él lo ha hecho de forma gratuita. Y hay una desconexión a lo que está pasando en el mundo, da la impresión de que es como una pequeña Corea del Norte, salvando las distancias, y eso repercute en los ciudadanos. Ha habido un tiempo de apatía en la población, pero eso suele terminar mal y un hecho irrelevante puede provocar un estallido. Y no sabemos si va a ser esto o no, pero desde luego Occidente va a aprovecharlo.

Ha citado a Soros. Es verdad que el especulador financiero está detrás de muchos conflictos, pero ante cualquier problema internacional aparece la figura de Soros, ¿realmente cree que es tan importante o que se está convirtiendo en un mito que se usa a conveniencia?

Es interesante lo que planteas. En estas cosas hay que evitar siempre la caricatura y hay mucha gente que le echa la culpa de cualquier cosa. Es cierto que es responsable de muchas cosas y él lo ha reconocido, es el gran impulsor de la inmigración ilegal en Europa y el agitador de las revoluciones de color en torno a Rusia. Eso es una realidad objetiva, otra cosa es pensar que mueve los hilos en todo el mundo. Yo creo que Soros es un hombre extraordinariamente poderoso, tiene detrás un sinfín de empresas y una gran parte de las ONGs del mundo, y creo que lo que se ha contado de él no es excesivo. Hay una réplica de su caso con Bill Gates, que está empezando a aparecer por todas partes, pero es que estaba por todas partes. Durante mucho tiempo se hablaba de toda esta cuestión de la conspiración, ante la que siempre hay que ser muy prudente, que tradicionalmente se encarnaba en unas personas o grupos, pero en las últimas décadas se ha popularizado la idea de la conspiración como un mecanismo anónimo, pero finalmente parece que no es tan anónimo y que hay una serie de personajes detrás de todo este asunto. Hoy día, por ejemplo, es importantísima en el mundo la Organización Mundial de la Salud. En este momento la OMS está en manos de la Fundación de Bill y Melissa Gates, es un hecho que son sus principales financiadores. En el orden político y demográfico está pasando en el caso de Soros. Y luego en segunda instancia, las conspiraciones son consustanciales al género humano. No es algo nuevo y han existido siempre. El hecho de que se denuncien conspiraciones, incluso muy poderosas, no quiere decir que el mundo se mueva por ellas ni que necesariamente vayan a triunfar.

También se da el caso de que se use el apoyo de Soros para deslegitimar una causa. Usted mencionó que el sindicato polaco Solidaridad recibió dinero de una de las organizaciones de Soros que evidentemente lo hizo por sus propios intereses y no por los de Solidaridad. Las potencias y sus adláteres no operan en base a causas justas sino por sus propios intereses. Sin embargo, en la política está muy extendido el apoyo incondicional a un poder o a otro. ¿No cree que es una visión muy simple que concuerda con el clásico de buenos y malos?

ff

Sí, pero también es verdad que necesitamos representárnoslo en esos términos falsos. Si en el bloque malo si que son malos, en el bloque bueno hay una mezcla de todo. Y el hecho de que uno pueda simpatizar con una potencia o con otra no significa que esa potencia represente la bondad o que no actué por intereses propios. Yo lo que digo es que mi interés como pueblo, en mi interés como España, o como Europa, puede pasar por el interés de otra potencia, pero no porque tenga un amor por ella. Y un ejemplo muy claro es la actitud que se puede tener frente a los Estados Unidos. Hay una postura que puede ser permanente representando el último siglo, mientras que coyunturalmente se puede sentir una cierta simpatía por los Estados Unidos de Trump, que no son los Estados Unidos de Obama o de Bush. Es una cuestión muy compleja. Del mismo modo que se percibía a Rusia de una manera cuando era parte de la URSS o como se percibe a Rusia hoy, y sin embargo uno entiende que ellos desde su punto de vista reivindiquen a la Unión Soviética.

Rusia, reivindicando el legado soviético, tiene su ley de memoria para perseguir la información “falsa” sobre la URSS en la segunda guerra mundial. En España la ley de memoria histórica va a ampliarse para perseguir cualquier opinión favorable al franquismo. Parece que según cada país se está estableciendo un pensamiento único respecto a la historia. Usted mismo ha sufrido un linchamiento mediático por no seguir al pie de la letra una versión histórica oficial. ¿Cuál es su opinión sobre estas leyes?

Me opongo frontalmente a todo intento de legislar la historia o el pensamiento. En cuanto a la investigación y el conocimiento tiene que haber absoluta libertad. Por ejemplo, si el día de mañana alguien descubriese que en Paracuellos daban caramelos en lugar de asesinar a la gente, yo sería partidario de que ese descubrimiento se pudiera publicar. Habría que explicar entonces porque hay 4.500 cadáveres, pero si alguien fuera capaz de demostrar que eso fue así tiene que tener libertad absoluta de investigación. El problema viene de que desde hace décadas hay una imposibilidad de investigar según que épocas para que no se llegue a conclusiones incorrectas que no se pueden publicar. Estoy absolutamente convencido de que se produjo un asesinato masivo de judíos durante la segunda guerra mundial por parte de los nazis, no tengo ninguna duda al respecto, pero estoy igualmente a favor de que cada cual pueda publicar los resultados de sus investigaciones y que a partir de ahí se genere un debate para esclarecer el asunto. Pero jamás defenderé que no se permita investigar algo porque exprese una idea diferente o contraria a la admitida por la corrección política. Es que esto es la asfixia del pensamiento, esto no lo podemos permitir.