Las calentorras "izquierdas" globalistas, creyentes en las paranoias del cambio climático, acaban de firmar un manifiesto contra la plataforma censora de Zuckerberg. La Associació Catalana de Comunicació Científica (ACCC), Ecologistas en Acción o el Instituto Resiliencia. Quienes rubrican este manifiesto ponen dos ejemplos recientes de censura de Facebook. El de la divulgadora científica británica, Gaia Vince, y el bloqueo a los enlaces en esta plataforma del blog Usted no se lo cree, de Ferran Puig Vilar. Por otro lado, las "derechas" dizque nacionales claman contra el desvanecimiento en la citada red social de la web de Julio Ariza, Rebelión en la Granja. Recientemente, el periódico que ustedes leen en estos instantes, ECDE, derrape y salida de pista.

Facebook, dobles raseros y pocas tetas

Facebook y su doble, triple y cuádruple rasero. O infinita, tornadiza y mudable vara de medir. "Insultar" a unas determinadas creencias está permitido y a otras, absolutamente prohibido.  La probabilidad de que eliminen contenido en Facebook tiene mucho que ver con el poder, el parné y la capacidad de organización que tenga el grupo interesado en que aquel se difumine.  Un ejemplo, el sionismo. Intocable e intangible. Cualquier llamada al boicot de productos israelíes - debido a las escabechinas (¿en legítima defensa siempre?) que lleva a cabo periódicamente en Palestina - resulta censurada. La arbitrariedad, siempre presente. Entre las decisiones más delirantes que tiene que tomar el ejército de los muy malpagados censores de Facebook se encuentra el cálculo y la "medición” del tamaño de la barba de los árabes para ser si son o no terroristas. Como dijo la hurí en el chilabesco Edén, cómeme la franja de Gaza. Los porno-insondables arcanos de La Yanna.

Más ejemplos de estos peculiares raseros. El contenido que hace alusión a Hitler es borrado automáticamente. Stalin y otros genocidas de la zurda, a su bola en Facebook. Como también están perfectamente toleradas aquellas webs que hacen apología de Franco. El fascismo - y avatares nacionalcatólicos varios- perfectamente tolerado en Facebook. Puedes atiborrar tu muro de fotos de Mussolini, nada sucederá. Pero cuidado con poner a Hitler. O gloriosos pezones de mujer.

Impresionante asunto el de las glándulas mamarias femeninas, dadoras de vida, leche y placer (de críos, fascinados con su contenido; de adultos, con su continente). Uno de los algoritmos, éste sí automático, que ya ha comenzado a funcionar recientemente es el de las imágenes en las que se pueden ver pezones femeninos. Se suprimen sin más.

Pero, ajá, sin embargo, existen "discrecionales" excepciones, como puede ser el caso en el que las imágenes tuviesen un presunto "carácter divulgativo". Eso sí, defina usted, con precisión, divulgativo. Síntesis. En Facebook, grosso modo, no se borra nada que pueda ofender a nadie salvo que ese alguien “pertenezca a un grupo de discapacitados”. Otra vez lo mismo. Defina usted discapacitado. Y otra cosa, defina ofender. Y la clave. ¿Ofender implica ser censurado? ¿Por qué? Ay, la vil ralea de los ofendiditos.

Libertad de expresión (del "enemigo"), ilimitada

El asunto va más allá de esta red social. Y ya se lo adelanto antes de proseguir. Tanto unos como otros – izquierdas y derechas, globalistas y soberanistas- llevan un alma censora dentro de sí. “Líneas rojas” traspasadas, fulminado. Clavo (heterodoxo) que sobresale, martillazo. Unos aman poco la libertad de expresión. Otros, nada.

Porque se lo volveré a repetir cuantas veces haga falta. La única defensa coherente, razonable y creíble de la libertad de expresión es aquella en la que uno asuma que el "enemigo" (en su caso, apreciados lectores, rojos, judeo-masones, separatistas, globalistas y toda esa gente de “mal vivir”) posee la misma libertad de expresar, difundir y publicar sus puntos de vista que usted.  Por muy disparatados, tóxicos o erróneos que a ustedes les parezcan. No hay vuelta de hoja, incluyendo, obvio, la libertad de ofender. Y desagradar. E incomodar. En mi caso, cuanta más, mejor. Más allá - o más acá- de que en el camino termine apareciendo, súbita, la dificultosa, áspera e inaprehensible "verdad". No siempre, Álvaro, aparece la muy esquiva.

Simplificación, croquis y bosquejo. Si una siniestra y liberticida garzonada cierra – absurda, ilegal e injustificadamente- Egin, las derechas se deleitan. Si a Pedro Varela se le niega la posibilidad de buscarse la vida con su Librería Europa, las izquierdas, solazadas como chanchitos en el barrizal. En definitiva, sigamos haciendo el mongui liberticida. Y recuerden, de paso, al gran Ortega en el prólogo a la versión francesa de su excelente obra La rebelión de las masas. Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un superlativo imbécil. Ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral. Y de la más completa y rotunda memez.

El futuro de ECDE, negro subsahariano

Con el burdo pretexto de que el Pisuerga pasa por Pucela- o que la más que seguramente ilegalizada FNFF te ha podido financiar - acaben chapando el periódico que ustedes leen. Y tan solo los "suyos" defenderán la magnífica labor de Álvaro Romero durante los últimos siete años. Primero con Sierra Norte Digital. Después con El Correo de Madrid. Poco ha,  ECDE.

Pero, no te preocupes, Álvaro, un francotirador (juas), un "raro" de los "otros" (de nadie: esa es la clave) también te defenderá (y, desde luego, a la FNFF). Y, nada, lo dicho, cuando en el ECDE se pueda denunciar libremente - libérrimamente, en mi caso- la directa y activa participación de los militares españoles (100% OTAN/Bilderberg), sobre todo parte de su oficialidad, en la planificada y liberticida falsa pandemia del coronavirus, me creeré ciertas cosas. Ay, esas pajas y vigas evangélicas. Obras son amores y no buenas razones, siempre se ha de predicar con el ejemplo. Tan evidente, pues. Y hasta luego, como les dije. En fin.