Hoy voy a hablarles un poco sobre mi terruño zamorano. Me gustaría decir un montón de cosas bonitas, como las que dije de Utrera y Dos Hermanas, pero el panorama es tan sombrío que no me vienen apenas palabras de este estilo. Una pena, por que su buena gente merece un artículo más optimista que este que voy a hacer, pero la realidad se impone y esta es lo que paso a describir en las siguientes líneas. 
 
Tenemos solo 180.000 habitantes. De estos mucho más de la mitad es mayor de 50 años. No hay juventud apenas. No hay infancia absolutamente.  Los que andamos sobre los 50 años somos los que sostenemos la provincia. Dentro de 15 años nos jubilaremos. Entonces habrá un joven por cada cuatro o cinco jubilados. Llegará el momento del desastre para esta provincia. Cuna de nacimiento de Fernando III el Santo.
 
No estoy exagerando.  Son los números reales. Y nadie hace nada. Ni nadie deja hacer nada. A mi solo el Correo de España me ha entrevistado sobre el tema. Un gran artículo de Navascués, el subdirector.  Los demás medios, cuando les pido una entrevista para hablar sobre el tema de la despoblación, me responden con el silencio o con negativas. No interesa el tema. Interesa más una nueva ley del aborto, una ley de eutanasia o una ley trans. Los políticos vienen en las elecciones, nos prometen el oro y el moro, y luego se olvidan de nosotros. Bueno, el moro si que nos lo van a dar, pues piensan repoblar Castilla y León con musulmanes. Sin tener en cuenta el peligro que ello supone. 
 
Yo la verdad es que no vivo mal en Zamora. Tengo mi trabajo en el campo, mi huerto, escribo y leo en mis ratos libres y voy a los bares a tomar unos vinos y charlar con los amigos. Pero a Benavente, cabeza de comarca, villa de la que se dijo antaño que era una gota de Andalucía en medio de Castilla, por el carácter jovial de sus gentes, no hay quien la salve en un futuro próximo. La crisis nos ha dejado sin industrias. Los locales comerciales tenían todos el anuncio de se vende o alquila. Y el coronavirus nos ha rematado. No se mueve ni un duro en la comarca. Y dentro de 15 años fenecerá, como toda la provincia.
 
Y nadie hace nada. Mientras nuestros políticos se dedican a buscar el centro perdido, nuestra provincia se muere. Nadie propone un plan para la repoblación de la España vaciada. Mejor cerrar los ojos y pensar en cosas más divertidas...
 
En mi libro Contra la despoblación (Europa en la encrucijada) de editorial Bubok (bubok.es/libros/259267) hablo de las soluciones necesarias para repoblar el yermo interior peninsular. Pero nadie me hace caso. Me niegan las entrevistas en los medios con las más peregrinas razones. Espero que al menos ustedes lean mi libro y vean que si es posible una solución antes de llegar al punto de no retorno. Por que la solución para mi región pasa por buscar una solución para España. Solo si se consigue llevar a España por el camino de la abundancia y de la prosperidad, las provincias pobres nos podremos salvar.
 
Y para volver España por los caminos de la abundancia y de la prosperidad es necesario volver al optimismo. Optimismo que solamente una revolución que acabe con el nefasto régimen del 78 puede traer. Hemos de proclamarlo a los cuatro vientos. En mi libro propongo 20 medidas económicas y políticas para devolverle el pulso al país. Pero no puedo hacer nada más ya que nadie me hace caso. Espero que venga alguien con mano de hierro que aplique estas 20 medidas y las que sean necesarias de más. Ruego al Señor todos los días por ello. Espero su respuesta. Pero lo importante es un movimiento de optimismo nacional que nazca de una revolución. Para que seamos capaces de creer en España y en su futuro. Ahora nuestros intelectuales se dedican a sembrar cizaña y división. Ese no es el camino.
 
Zamora se muere. Castilla y Leòn se muere. El vacío interior peninsular se muere....Ello implica la muerte de España pues el territorio nacional quedará totalmente descohesionado y desarbolado.
Las comunidades ricas, que también tienen problemas de envejecimiento y de invierno demográfico, volarán a sus anchas hacia la independencia, pues solo quedará de España la provincia de Madrid. Y me niego a llamarle Comunidad Autónoma. Ese es el panorama de aquí a quince años. No soy exagerado, es la realidad. Hay que hacer algo.
 
Hay que prohibir el aborto urgentemente, hay que bajar los impuestos a las regiones pobres y desoladas, hay que promover planes de reindustrializacion y de repoblación.  Pero ya. Y nuestros partidos políticos no están en ello. Solo andan a llenar sus buchacas. No miran por el interés general...
 
Por eso, desde mis humildes artículos, estoy llamando una y otra vez a la revolución.  Simplemente por que no hay más tiempo para politiquerías. Simplemente por que ya no tenemos más tiempo. España no tiene más tiempo. A mi personalmente me debería dar igual todo eso pues gracias a la previsión de mis mayores creo que tengo una vida bastante digna asegurada. Pero me duele en el alma ver morir a Zamora, a Castilla y León y a España. No puedo soportarlo.  De verdad.
 
Solo una revolución nacional-sindicalista puede salvarnos del desastre del invierno demográfico, la ruina económica y la desmembración de España. Si hay alguien que está leyendo estas líneas y está de acuerdo conmigo, le pido que empiece a actuar para ir en ese camino, siempre que tenga auctoritas para ello. Yo no puedo hacer nada más pues me canso de predicar en el desierto y no tengo la auctoritas suficiente para encabezar esa necesaria y urgente revolución. La que acabe con la Constitución del 78 y el nefasto régimen surgido a su sombra. Solamente VOX podría hacer algo, pero ha elegido el camino del constitucionalismo, y como ya he dicho no tenemos más tiempo para salvar a España del desastre. No mucho más de cinco años.
 
Perdonen mi tremendismo y mi vehemente exhortación. Pero esa es la realidad. Nos quedamos sin tiempo para poder hacer algo por el país. La cuenta atrás ha empezado desde hace muchos años. Yo podría conformarme con mi cómoda vida y callarme la boca. Pero como vivo en Zamora, provincia en extinción, veo por donde van los tiros claramente y arriesgo mi libertad con este tipo de artículos porque como ya he dicho me duele el alma de ver desaparecer todo aquello que amo y por lo que he trabajado.
 
Así que reflexionen y vean que es lo que se puede hacer. No hay tiempo para más pasividad. Yo ahora me voy al bar del pueblo a tomarme unas cervezas y charlar con los esforzados héroes que todavía sostienen sobre sus hombros la provincia. Están igual de tristes y desesperados que yo de ver fenecer todas nuestras ilusiones y todas las cosas en las que habíamos puesto tanto esfuerzo y trabajos. No hay un solo niño en el pueblo que recoja nuestro testigo y el de las generaciones anteriores. Ni uno solo.
 
Yo tengo varios proyectos en la cabeza para luchar contra la desaparición de mi pueblo. Nuevos cultivos, hacer un vino de calidad, criar ganados selectos. Pero tengo ya 54 años y dentro de 20 seré prácticamente el único habitante. Yo solo no puedo hacerlo. Además, si vendo mis libros, en especial el Traiciones sunitas, enredos cortesanos y amoríos desdichados, que pronto verá la luz y es muy bueno, podré disponer de capital para ello sin tener que entramparme. Por ello les vuelvo a pedir que lean mis libros, son divertidos y podrán conocer lo que pienso que se debe hacer para solucionar los problemas de los cuales les vengo hablando. Anímense porfi.
 
Esta es la vida que tengo planeada para mi, espero no ser el último habitante de mi pueblo y echar el cierre. Pero vuelvo a repetir, el tiempo se ha acabado si queremos solucionar la salvación de Zamora, Castilla y León y España. Hagamos la revolución y salvémosnos. Yo no puedo decir ni hacer más. Espero que alguien de ustedes si.