Todo tiene un límite, incluida la paciencia de décadas (¡desde que se empezaron a  televisar las misas!); no me digan que eso no es tener paciencia…. 

Pues bien, hoy se me ha acabado con motivo la Misa a que ha dado origen el  nombramiento de los nuevos cardenales –televisada desde San Pedro --. Para evitar  az la loara de turnol, hoy “he visto la misa”, pero no la he “oído” pues en cierto  momento he dejado sin voz el televisor. No podía más. 

Asqueado de tantos años aguantando, me voy a permitir darle una idea gratis al  Consejero episcopal,responsable del medio: Cuando anuncien que una misa va a ser  televisada pongan siempre esta aclaración “misa con loro”. 

De ese modo, los fieles que gustan de sintonizar los oficios sagrados, sabrán que no se  trata de una misa normal, sino de una “misa doble”: la que celebra el sacerdote o el  obispo y la que ofician los “loros” encargados por los editores, de “adornarnos” la  emisión… y que tienen la virtud de no permitir oír la misa del celebrante pues, con un  micrófono en sus manos, esos locuaces animalitos, son terribles, gracias al poder de  su palabra experta y sabihonda (lo mismo en liturgia que en historia de la Iglesia, en  filosofía y en el origen de todas las cosas divinas y humanas de su inspiración). ¡Saben  de todo y su celo les impide callar y dejarnos oír al oficiante o los cantos litúrgicos,  ¡lo importante es su micrófono! Su poder es tal que impiden oír los grandes coros  polifónicos que hacían inolvidables antiguamente las misas papales de las grandes  solemnidades. (Cambio el tiempo del verbo y digo “hacían” pues se han volatilizado los grandes coros y grandes piezas musicales. Una de los grandes obras del nuevo  Pontificado es haberse cargado tales solemnidades y los maravillosos coros que las  amenizaban). Hoy apenas oímos a un “corito” de reportorio limitadísimo: la misa de  Angelis, bien conocida del mundo cristiano. 

Están “purificando” tanto la herencia “constantiniana” del pasado reciente de la  Santa Madre Iglesia, concluido en 1965, que volveremos al siglo I de nuestra era,  cuando los cristianos tenían que acudir a los oficios sagrados en las catacumbas. Con  una diferencia: En los primeros siglos los cristianos se veían obligados a ir a la  Catacumbas, mientras que desde el final del siglo XX, son las Catacumbas – teledirigidas---las que van a buscar a los cristianos.… 

Pero volvamos con los “loros” y su celo por instruirnos. (y sobre todo las “loras”, a las  que no hay modo de callar, para muestra, hoy) Se imaginan esos comentaristas, que  cuantos encendernos la televisión para oír la santa misa trasmitida, somos, en materia  religiosa, asnos y han decidido desasnarnos aprovechando los micrófonos puestos  en sus manos. Nosotros, por supuesto, debemos resignarnos a disfrutar de su meliflua 

voz durante una hora larga. He decidido rebelarme ante mi impotencia, como consta  en este artículo. 

¿Aún no se han enterado de que podían invertir en poner las traducciones de los textos en la parte inferior de la pantalla y dejarnos disfrutar del “original sin loro” a  quienes tenemos algo de cultura que somos más de los que se cree? En favor de mi  argumento está el que los texto fijos de los ritos lo pueden tener ya preparados y, por  otra parte y generalmente, el papa y los obispos suele facilitar con tiempo el texto de  lo que van a decir. ¿Cuesta tanto tenerlo preparado para introducirlo en la pantalla en  el momento adecuado y prescindir de los “loros y loras?”. 

En breve escribiré sobre otro tema provocado precisamente por esa “Misa” con motivo  del nombramiento de los nuevos cardenales. El tema aquí tratado no reviste ninguna  gravedad, salvo el de corregir la estupidez. Por el contrario el próximo sí, es de suma  gravedad, ¡la máxima!  

Hasta pronto.