Bozal,  terrorismo (de Estado)  destinado a la sumisión psicológica, a la definitiva domesticación de los esclavos. Nuclear sentido y propósito. O, sin duda, satánico ritual iniciático. Significado puramente simbólico. Efecto apotropaico, pues.

Las autoridades terroristas desean un ganado enfermo

Pero jamás tuvo ni tiene sentido sanitario alguno. No solo no existen pruebas de que los bozales protejan contra virus respiratorio alguno, sino que sí existen, y muchas, de que perjudica gravemente al que decide colocarse tal mordaza domesticadora en la mui. Por supuesto, acertaron: nuestras terroristas autoridades nos están enfermando deliberada y sañudamente.

Y, por supuesto, apliquen la lógica y el sentido común. Los virus son muy, muy, muy pequeños. Miden micrómetros de ancho. Solo puede detectarse y verse con un microscopio electrónico. Como tal, el tejido de un bozal no proporciona resistencia a su paso. Y, en cambio, son muy perjudiciales.  Extremadamente. Destrozos de todo tipo y condición. Neurológicos, por ejemplo. Entre tantos otros.

Bozal, inútil y nocivo

Clarividentes 28 páginas: confirmando lo consabido. Un  nuevo trabajo académico efectuado por siete médicos españoles – Rosa María Narros, Antonio Ruiz, Hilario Robledo, Sergio Mejía, Santiago de la Roca, Esther de la Paz, Saúl David Flores- , una farmacéutica – Inés Santa María y una analista – María Luisa García, que midieron los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en el interior de los distintos tipos de bozal que se comercializan, textil, quirúrgica, FFP2 y FFP3 y en la sangre de quienes lo han llevado largo tiempo, confirma lo consabido: médicamente inútiles  extremadamente peligrosas para la salud.

El estudio realizado ratifica que todos los bozales sin excepción disminuyen en boca el nivel de oxigeno que entra y aumenta la cantidad de dióxido de carbono. El resultado es que pasa lo mismo con el nivel de ambos gases en las arterias lo que da lugar a una situación de hipoxia y, por ende una insuficiencia respiratoria.

Y memento cuantas veces sea necesario: cuando utilizamos una mascarilla impedimos que al respirar llegue a nuestro pulmón suficiente oxigeno pero también que se eliminen libremente “por el efecto barrera” el dióxido de carbono y los gases procedentes de los procesos digestivo. Gases que al permanecer parcialmente en ele interior de la mascarilla volvemos a inhalar.

Esta constatado que un déficit de oxígeno continuado hace disminuir su concentración en sangre mientras aumenta la del dióxido de carbono, algo que a su vez provoca una aumento de la acidez sanguínea, que rompe el equilibrio necesario para  el correcto funcionamiento  de células y tejidos.

Los resultados de los estudios fueron claros – TODAS LAS MASCARILLAS PROVOCAN HIPOXIA (DÉFICIT DE OXIGENO) E HIPERCAPNIA (EXCESO DE C0 2 EN SANGRE). A demás si la concentración de oxigeno desciende al 10% y la presión baja a 60 mmHg puede haber asfixia mortal.

Desguace neurológico y destrozos de todo tipo

Todo lo que es actividad mental, cálculo matemático, trabajo memorístico, asociación de ideas, etc., cuesta más trabajo y se desarrolla de forma mucho más lenta que cuando se trabaja con un nivel de oxígeno normal. En los mayores el envejecimiento se acelerará y aumentarán las demencias. En los niños entendemos que se verán afectadas la memoria, la capacidad de cálculo y la capacidad de juicio.

Todo esto ya se ha comprobado tanto en la población en general como en trabajadores que desarrollan su labor en situación de hipoxia. Y los efectos físicos en todos los sistemas orgánicos pueden ser innumerables: reinhalación de virus y bacterias, efectos neurofisiológicos, hiperventilación, hipoxia cerebral, hipoxia cardíaca, hipoxia en sangre, hipercapnia, cáncer, afectación del sistema inmunitario e, incluso, muerte súbita.

Multitud de estudios confirman lo que la lógica dicta

El trabajo español, con ser relevante por su metodología, no es el único que en los últimos meses ha denunciado el serio riesgo que significa llevar todo el santo día unas bragas sucias en la boca.

En enero pasado apareció en Medical Hypotheses un trabajo coordinado por Baruch Vainshelboim titulado Facemasks in the COVID-19 era: A health hypothesis (Máscaras faciales en la era COVID-19: una hipótesis de salud) donde se afirma que “los datos sugieren que tanto las mascarillas faciales médicas como las no médicas son ineficaces para impedir la transmisión entre personas de enfermedades virales e infecciosas como la del SARS-CoV-2". Además asegura que su uso tiene importantes efectos fisiológicos y psicológicos.  Sobre ello, largo y tendido.

El estudio más completo lo vuelve a confirmar

Y el pasado 20 de abril un grupo de ocho investigadores alemanes del Departamento de Psicología de la Universidad de Ciencias Aplicadas FOM de Siegen (Alemania) dirigido por Oliver Hirsch publicó en International Journal of Environmental Research and Public Health un metaanálisis de los estudios ya publicados sobre las consecuencias del uso de mascarillas. Se titula Is a Mask That Covers the Mouth and Nose Free from Undesirable Side Effects in Everyday Use and Free of Potential Hazards? (¿Una mascarilla que cubre la boca y la nariz está libre de efectos secundarios indeseables en el uso diario y libre de peligros potenciales?).

El estudio analiza los datos de 44 trabajos y las evaluaciones de otros 65 y sus conclusiones son demoledoras. Según han comprobado, tanto las personas sanas como las enfermas que usan largo tiempo mascarilla pueden experimentar el llamado Síndrome de Agotamiento Inducido por Máscaras, además de aumento de la resistencia respiratoria, aumento del dióxido de carbono en sangre, disminución de la saturación de oxígeno en sangre, aumento de la frecuencia cardíaca, aumento de la presión arterial, disminución de la capacidad cardiopulmonar, aumento de la frecuencia respiratoria, disnea y dificultad para respirar, dolor de cabeza, mareos, disminución de la capacidad de concentración, disminución de la capacidad de pensar, somnolencia, disminución de la percepción de empatía, problemas en la piel con picazón, acné, lesiones e irritación cutáneas, fatiga y agotamiento.

Es más, aseguran que a largo plazo puede dar lugar a un aumento de la presión arterial, arteriosclerosis, enfermedades coronarias y neurológicas, inmunosupresión y síndrome metabólico. Y añaden que a nivel celular puede provocar la inducción del factor de transcripción HIF (factor inducido por hipoxia) aumentando los efectos inflamatorios y promotores del cáncer además de agravar cuadros clínicos preexistentes…

…Y en la web oficial del National Center for Biotechnology Information se puede encontrar un excelente y concienzudo estudio extraído del Oman Medical Journal en el que se evalúa minuciosamente el vínculo entre contaminación bacteriana y fúngica en los bozales quirúrgicos utilizados por el personal (¿continúan siendo personas?) del hospital y la calidad microbiana del aire en sus salas de trabajo. Efectos atroces pues.

Pues nada, a obedecer como chuchos sumisos. Y a disfrutar llevando unas bragas sucias en la boca todo un años…

DESOBEDIENCIA SIEMPRE

…Pues lo dicho en tantas ocasiones: DESOBEDIENCIA EN TODO MOMENTO Y LUGAR. Quítese el puto trapo tóxico de la boca. Y sugiera a los suyos que sigan su lúcido camino. Algunos - pocos, imagino - ni siquiera hemos tocado uno: qué puta grima. La benemérita desobediencia se halla muy vinculada al gusto por la verdad. Y por la innegociable libertad. Y por la salud, obvio.

En fin.

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