Como lo prometido es deuda, aquí estoy. Les hablé ayer de mi primer pecado profesional y hoy les voy a contar qué fue y cómo fue el segundo. Corría el curso 1963-1964 y yo estaba buscando datos sobre Juan Valera en la Prensa de su tiempo, para la biografía que estaba escribiendo sobre el de Cabra.  Así que me pasaba horas en la Hemeroteca Municipal (entonces en la Plaza de la Villa, justo enfrente del Ayuntamiento) y revisando páginas de las publicaciones que me iba sugiriendo Don Federico Sainz de Robles (el bibliotecario-archivero municipal  por oposición y el hombre que mejor conocía la Historia de Madrid), desde "La España Moderna" al "ABC", pasando por "Ciencia Social", "Nuestro Tiempo", "El País" (aquel, el del siglo XIX), "El Progreso", "La Revista Nueva", "Los Tres", "Vida Nueva", "El Globo" (que lo dirigía Pio Baroja), "Alma Española" (con Unamuno de estrella), "España" o "El Imparcial"... cuando un día al abrir "La Gaceta de Madrid" me topé con un cuadernillo especial de 8 páginas, lleno de fotos, de dibujos, de artículos y, sobre todo, sobre todo, ...de discursos, dedicado a la inauguración del primer tren que se estrenaba en Madrid  (el Madrid.Aranjuez, que muy pronto el pueblo empezó a llamarle en "Tren de las fresas")... y allí, aquel 9 de febrero de 1851, en la portada aparecía la mismísima Reina Doña Isabel II, con sus 21 años recien cumplidos... y yo que sabía que mi "padrino" en el "Arriba", Antonio Izquierdo, había andado como loco buscando el discurso de la Reina, que sabía, sólo de oídas, que lo había pronunciado desde la plataforma externa del tren y un collar realizado con fresas brillantes y rojas en lugar de perlas, ni corto ni perezoso,  saqué el suplento especial y con el máximo cuidado lo doblé, lo escondí entre mis papeles y me lo llevé... O sea, que lo robé, sin más...y eso sí que es un pecado, al menos para los que manejamos documentos en archivos, bibliotecas o librerías...

                 Pero, como si hubiese matado a mi padre, ya aquella noche no pude dormir, sintiéndome un ladrón, un asesino... y peor lo pasé cuando gracias al "robo" vendí al ABC el reportaje sobre "El Tren de las Fresas", con las palabras de la Reina, porque entonces hasta me sentí corrupto, sucio, quinqui...¡Dios, que noches, porque gracias a aquel robo descubrí que tenía conciencia, y no una sola, ya que estaban cuatro y las cuatro me acusaban (no se rían, por eso de las cuatro conciencias, que de eso también les hablaré otro día) y no me dejaban dormir!...Hasta que al quinto día, y con ojeras, volví a la Hemeroteca, pedí de nuevo "La Gaceta de Madrid" y sin que nadie se diera cuenta coloqué el Suplemento Especial en su sitio... ¡y respiré!.

                 Sin embargo, ya lo ven, no he podido olvidar mi pecado, mi segundo pecado... con lo cual se cumple eso que dicen los curas: en el pecado va la penitencia. ¡Joder, una penitencia de 57 años! Eso sí, no volví a robar en mi vida.