El Dr. Luis María Ilzarbe Querol es Director Médico y Fundador de Clínica Ilzarbe. Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valencia en 1978 y Diplomado Militar y especialista en Odontoestomatología en 1982. Es Oficial médico de Ejército y Miembro fundador de la AIIO (Academia Iberoamericana de Implantología Oral) en Montevideo. Uruguay. Ha participado como conferenciante en Congresos a nivel nacional e internacional y ha sido Presidente Comité Organizador del XXVI Congreso Nacional y XIX Congreso Internacional de la Sociedad Española de Implantes en Mayo de 2012 en Valencia. Ha sido vocal durante 12 años de la Sociedad Española de Implantes (SEI).

En esta entrevista nos habla de su conversión realizando el Camino de Santiago y de su pasión por el mismo.

¿Por qué decidió hacer el Camino de Santiago?

He llegado a Compostela como peregrino en 6 ó 7 ocasiones. La primera en mi juventud, con 20 años, Zaragoza-Santiago. Las restantes a partir de los 50 años. No tiene nada que ver la razón de mi primera peregrinación, pura sed de aventura juvenil, con los profundos motivos que me han llevado sucesivamente al Camino en mi edad adulta.

Con 50 años me encontré en medio de la vida enormemente confundido. Viniendo de una educación cristiana hasta mi matrimonio, fruto del éxito profesional y social me alejé de la práctica espiritual en manos del progreso material logrado como fruto de mi profesión y confiando en el cientificismo.

Con 50 años, ya en soledad, me pregunté por la vida y noté un vacío enorme que no me llenaba la Ciencia, lo que me llevó a una fuerte depresión vital. Entristecido sobremanera volví la vista hacia lo que recordaba que me había dado una luz tremenda en mi juventud: El Camino de Santiago… y decidí volver al Camino buscando una explicación a mi vacío. Yo sabía que el Camino, que desde tiempos tuve como algo extraordinariamente válido por su conjunto de tradiciones, naturaleza, historia, cultura y religión, podía ser la fuente de sabiduría que llenara mi vida. Y acerté. Cogí mi macuto y en soledad me largué al Camino sin pensar en jornadas, fechas, tiempo atmosférico ni su prima. Me daba igual una que veinte y una. Necesitaba un cambio radical.

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¿Le llenó hacerlo?

Por supuesto. Enormemente. El Camino supone muchas vivencias. La primera y seguramente principal es el contacto con la naturaleza, retomar la dimensión humana que nunca debimos perder. La naturaleza es dimensión humana verdadera, el reino de Dios, y eso nos equilibra. La ciudad es una creación humana y la ciudad te hace errar. Hablaríamos de dimensión inhumana. En medicina preventiva, para mí la verdadera medicina (lo demás es ruido y detergente como diría Umbral, ruido de patología humana en este caso), se dice que el campo idiotiza y la ciudad neurotiza. No se pretenda interpretar con esto que el hombre de campo es tonto sino que la máxima enseña que el hombre de campo tiene muchos menos estímulos que el hombre de ciudad, y eso es mejor para el equilibrio. El hombre de campo es de natural calmado y medita. El hombre de ciudad, inmerso en el caos de la vida estresada tiende a la neurotización, cuestión fatal, la precipitación en las conductas… Y los psicotrópicos detrás.

Algo así pretende Cela en su Pabellón de reposo donde creo recordar que plantea lo beneficioso de la calma para la curación de las enfermedades.

Así, el Camino me proporcionó en primer y principal lugar el equilibrio de la naturaleza, que es el reino de Dios, donde todo lo contemplas desde un punto de vista mágico y bañado por el sol, el cielo, el amplio horizonte, las estrellas, los árboles, los animales, etc. El entorno es fundamental. Y te ayuda de gran manera a la reflexión, a buscarte y encontrarte a ti mismo. Una mezcla exquisita de lo físico y lo espiritual.

Precisamente de esta experiencia del Camino escribí un libro en cuyos primeros párrafos de la introducción hablo de mi contemplación de las vacas en las etapas iniciales. Recuerdo todavía riendo cómo titulé esta introducción: “Una vaca me pone a cavilar”

Aquella vaca me dio una de mis primeras lecciones del camino. Una simple vaca. Yo que me creía tan listo y por encima de los animales...

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Incluso supuso una experiencia de vuelta a la fe. Suele ocurrir.

Totalmente. Yo venía del cientificismo, que durante mi educación universitaria borró mis esquemas éticos de infancia y juventud. El cientificismo lo había sido todo para mí a partir de mi graduación como médico. Y el cientificismo es la gran catástrofe de la sociedad actual desde que impuso su ley hace dos siglos y pico. Por supuesto lo científico es importante…. Pero lo que hay que saber es que lo científico no es todo como se pretende, que no podemos borrar la espiritualidad de nuestras vidas. Creacionismo y cientificismo han querido ser colocados como conceptos antagónicos por nuestros científicos educadores. Y no es así. Para nada. Creacionismo y cientificismo deben ir de la mano por la razón de su complementariedad ya que el cientificismo explica las razones de los fenómenos de la naturaleza pero en absoluto explica la razón por la que estamos en la naturaleza. La filosofía, lo espiritual, nos explica el qué, la ciencia nos explica el por qué. Nada que ver. Ciencia y espiritualidad son conceptos distintos y de ambos hay que beber. Sin dudarlo. El cientificismo materialista ha querido valerse del darwinismo para oponerse a la Creación y lo científico es parte de la Creación.

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¿Cómo fue la experiencia?

Me cambió la vida. No hay otra afirmación posible. Me cambió la vida. Entre desesperado en El Camino y salí del Camino con un sentido, una orientación y una calma. El Señor Santiago cambió mi vida. Cada mañana, durante ese camino y siempre en los restantes caminos de Santiago que he emprendido, he comenzado la jornada encomendándome al Apóstol cantando el ancestral himno de los peregrinos a Santiago por el que los caminantes ruegan protección a los cielos en la jornada bajo su intercesión: El Dum Pater Familias. El himno, como de común ocurre en el Camino, tiene un origen enigmático y tiene un significado también enigmático. Se trata de un latín primitivo que los mismos eruditos del tema no acaban de traducir. Pero el himno/rezo llena y anima al peregrino.

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¿Dónde está el verdadero misterio del Camino que lo hace tan atractivo e incluso adictivo?

En la misma pregunta está la respuesta: el atractivo del Camino es el misterio. Y el misterio no tiene otra respuesta que la Fe. Realmente la misma fe que han de tener los cientificistas radicales si han de creer en el darwinismo. Hay que tener una fe enorme para creerse lo del Big Bang. Hacer el Camino de Santiago no es ir de turismo. En El Camino encuentras una señal cada tanto. El Camino está lleno de historia y lleno de religión. El Camino es sobre todo religión. Dicen que Europa comenzó a fraguarse en el Camino de Santiago, desde el momento en que el descubrimiento de la tumba del Apóstol explosionó en el ámbito medieval y supuso un llamamiento a la unión de los cristianos con un destino: Santiago.

De hecho el término peregrino ha quedado con los años reservado a quienes van a Compostela con intención religiosa. En un principio fueron también peregrinos los que iban a Roma y los que iban a los Santos Lugares. Sin embargo romeros son los que peregrinan a Roma y palmeros son los que peregrinan a los Santos Lugares. Los peregrinos son los que viajan a Santiago. Por supuesto, somos cuerpo y alma. Al Camino le hace mucho bien el ambiente gastronómico y festivo de las poblaciones por las que atraviesa con el colofón de Galicia. Una grandísima región española. Misterio sobre misterio. Tratar con los gallegos es tocar el cielo. Un pueblo misterioso que comienzas a conocer en el mismo Cebreiro si peregrinas por el Camino Francés al Apóstol.

Usted ya no ha podido dejar de hacerlo, incluso de conocer las principales rutas.

Todas las rutas a Santiago son bellísimas. Los portugueses tienen un gran cariño al Camino. Son extraordinariamente hospitalarios. He pasado por Portugal en dos ocasiones y en las dos he mantenido una relación exquisita con los portugueses. Somos primos hermanos que nos queremos. Creo que fue Alfonso Ussía quien con razón afirmó que seguramente cuando fuimos un mismo imperio por causa del matrimonio de Carlos V con Isabel de Portugal, nieta de los Reyes Católicos, España y Portugal habrían continuado siendo la misma nación si se hubiera pactado un hecho natural para aquellos tiempos: Lisboa como capital del Imperio. Lisboa daba la cara al Atlántico y a América. Era la capital natural del imperio. Una pena.

El Camino Inglés también es muy bello. Tuve ocasión de hacerlo desde El Ferrol y se pasa por poblaciones exquisitas y plagadas de historia como Betanzos.

Por supuesto, la dedicación al Camino de los españoles también es muy loable. Formo parte de la asociación de Hospitaleros del Camino de Santiago con sede en Logroño y he sido hospitalero en la Vía de la Plata, otra gran ruta que viene desde Sevilla y recorre senderos históricos españoles.

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¿Por qué recomendaría hacerlo?

Porque hemos de cambiar si queremos seguir siendo una Cultura Milenaria. El Camino otorga luz y esa luz es precisa en nuestra sociedad. Así de sencillo. El Camino es básico si no queremos perder nuestra identidad. El Camino enseña la senda. No hay otra.

¿Con qué actitud hay que ir?

Fundamentalmente en soledad. La soledad es esencial para el peregrino. Para escuchar el Camino hay que parar la lengua y abrir los ojos y los oídos que significa abrir el alma a los mensajes del Camino. Yo viví un momento mágico en las Carvajalas (con v) en León. El rezo de completas en las Carvajalas me dio una gran claridad en el comienzo de mi Camino en León. Tal fue que al finalizar el Camino, lo hice en Finisterre, volví a León a alojarme en el albergue de las Carvajalas y volví a rezar las completas con aquellas enigmáticas monjas de clausura benedictinas. Fue bestial. Una vivencia mística de claridad. Luego en el Camino vives muchas aventuras en todos los sentidos. Recomiendo siempre el recogimiento de la Misa de los peregrinos tras cada etapa. En Rabanal del Camino, por ejemplo, la Misa de los peregrinos es especial. Y en tantos lugares más. El Camino es otra cuestión.

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