En este drama nacional
del virus de la corona,
que según cifra oficial
se ha llevado al otro mundo
a más de veinte mil personas,
destaca por su frialdad
el ocupante de la Moncloa,
psicópata de manual,
que no es ni para ponerse
un lazo negro en el ojal
en homenaje a quienes la muerte
ha causado su gestión fatal.
Sujeto desabrido y prepotente,
sin rastro de humanidad,
que a cada palabra miente
y cuya torva mirada desvía,
desprovisto de toda empatía,
para evitar mirar de frente
a quien le dice la verdad.
Narciso que se contempla
en el agua pestilente
de su turbia vanidad,
no teniendo otro aliciente
que su ego alimentar.
Doctor de un doctorado
que jamás realizó,
pero en cambio sí versado
en la trampa y el engaño
como alumno aventajado
de su maestro, Satán,
del que también ha copiado
su astucia para sembrar
discordia fingiendo obrar
por altos ideales guiado.
Preguntémonos, compatriotas,
en qué honda cuestión hemos fallado,
qué demonios ha pasado,
para que tengamos de presidente
a un psicópata integral
ahora precisamente
que las cosas pintan tan mal.