Presentaba los informativos

con asturiana dicción.

Viéndola a diario

el principito se enamoró.

 

Esta vez no fue una rosa

el objeto de su pasión,

sino una flor desflorada

quien al principito domesticó.

 

Que estuviera divorciada

a nadie le importó.

Cómo ha cambiado

la monárquica institución.

 

Que abortó intencionadamente

a la gente se le ocultó.

Nos enteramos por su primo,

que en un libro lo contó.

 

En pocos días la obra

de las librerías desapareció.

¿Los servicios secretos

la retiraron de la circulación?

 

En su cara tan planchada,

de estirón en estirón,

sobresale más marcado

su prominente mentón.

 

Intenta hacerse la simpática,

que lo consiga es otra cuestión.

Alegría es su nombre.

¿Sabes de quién hablo yo?