¿Será ya siempre así,

tendremos que llevar mascarilla

el resto de nuestra vida?

¿Nos romperán a todos la membrana

de la nariz con el PCR

aunque no nos dé la gana?

¿Nos pondrán-impondrán la vacuna

como a ganado, todos a una?

¿Quienes no quieran o queramos,

por encontrarnos sanos,

pasar el test ni recibir el jeringazo

seremos confinados

hasta que demos a torcer el brazo?

¿Tal vez perseguidos y privados

de nuestros derechos ciudadanos?

¿El mundo feliz de Aldous Huxley

se tornará realidad

de la nueva normalidad?...

Sólo una cosa está clara:

de nuestro destino final

el virus no cambia nada.

Aferrarse a Dios es la jugada.