Reflexiones jurídico-penitenciarias de interés general

¿ Y si George Floyd, hubiera sido preso en el Centro Penitenciario de Puerto III ?

Aquellos policías de Indianápolis que le quebrantaron las vías respiratorias a George Floyd, hincándole la rodilla en el cuello mientras permanecía inmóvil en el suelo, hasta provocarle su muerte por asfixia, se ha podido saber gracias a que hubo una cámara de vídeo que grabó la escena desde el momento de la detención hasta que le sobrevino la muerte.

Habrá que preguntarse cuantos centenares de personas mueren cada año a manos de policías en sus distintas variantes operativas a quienes se les adjudican muertes accidentales, por suicidio o de cualquier otra índole pero siempre eximiendo de responsabilidad al homicida.

Esta reflexión la traigo para su análisis, porque he sido monigote de trapo a manos de criminales funcionarios de prisiones, resultado de una acción de represalia en razón de pretender extirparme mis convicciones, mis principios y mi carácter. Efectivamente con alguna diferencia de matiz el pasado 17 de julio de 2019 aquí en esta cárcel de Puerto III fui salvajemente agredido por 2 individuos funcionarios de esta prisión todos ellos con cargos de responsabilidad. Aquellos sujetos, ultra-protegidos en su criminalidad por el Director de la prisión, quisieron reprimirme mi derecho a denunciar los abusos constantes que los presos en general, y yo en especial, nos vemos obligados a soportar a cada instante. Creo que a George Floyd, aquellos policías no quisieron matarlo, pero tampoco les importó que su bestialidad represiva llegada hasta los límites alcanzados. He vivido esa experiencia lacerante, aunque afortunadamente, en mi caso, y milagrosamente, salvé mi vida. La experiencia del abuso de poder en el ejercicio de la fuerza, empleada con desproporcionalidad o con ilegitimidad, es de las más sangrantes que puede padecer un ser humano cuando queda a merced de aquellos agentes del Estado a quienes se les confía precisamente la protección de los demás. Maldita protección la que se le otorga a un bandido de pura sangre.

A pesar de su desgracia, George Floyd, ha podido probar que aquellos canallas no van a quedar impunes, insistimos, gracias a una oportuna cámara de vídeo. En mi experiencia fui salvajemente torturado, la acción de tortura se hizo extensiva por distintos lugares de la cárcel, módulo 12, calle Jerez que comunica con el módulo 15, celda del módulo 15, salida de aquel se chabolo de aislamiento y conducción al módulo 9, intervención fraudulenta y estafadora de quien dice que me reconoció como médico, es decir en mi caso, insisto participaron directa e indirectamente entre 8 y 10 funcionarios, los hechos los presenciaron otros 8 o 10 presos, y casualidad un establecimiento dedicado a la protección de los internos como es la cárcel, dice el Director, a petición del Juzgado de Instrucción que investigaba los hechos, que “ en cuanto a la grabación del hecho denunciado no existen imágenes grabadas, toda vez que el lugar donde el interno indica que fue agredido no cuenta con cámara de grabación, al igual que muchas otras dependencias del centro”, y puntualiza en su informe al Juzgado de Instrucción “ el centro no dispone de una cobertura de grabación del total de las instalaciones”. Este documento está firmado por el Director, con fecha 1 de agosto de 2019, tiene registro de salida 375034, y va dirigido al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 5 del Puerto de Santa María. Lo firma, insistimos, Miguel Ángel Rodríguez Ortiz.

Sobre esta acción criminal, constitutiva de un delito de tortura e inducción al suicidio y tentativa de homicidio, abundaremos hasta poner al descubierto de cómo se tortura y mata por orden de la dirección aquí en la cárcel de Puerto III.

Si George Floyd hubiera sido preso de esta cárcel, con toda seguridad que el médico de este Centro Penitenciario habría informado que “ no se le aprecian lecciones”, sin tan siquiera reconocerlo, como sucedió en mi caso.

A este dictamen, el Director colabora destruyendo la prueba de videograbación, e informa al juzgado que no existe prueba de cargo contra los torturadores. Los cómplices y testigos, mudos, están advertidos que “lo que sucede en la cárcel no puede trascender de sus muros”, y con esta trama de criminalidad organizada, hoy George Floyd habría sido reconvertido en una caja de cenizas, un muerto más en las misiones españolas, otro expediente de investigación cerrado bajo la premisa de “ausencia de prueba de cargo”.

Con estos parámetros, es como se da cumplimiento, en estos lugares a los preceptos jurídicos reguladores de la actividad penitenciaria, la protección de la vida del preso y la preservación del estado de derecho.

Sobre este particular, seguiremos informando.

Pido una oración por el difunto George Floyd.