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Corría el verano de 1971 y España estaba de vacaciones (sin caretas y masas en las playas)...lo que quiere decir que no pasaba nada y que los periódicos hasta  tenían que reducir sus páginas si querían salir a la calle o inventarse aquello que los periodistas llamábamos "serpientes de verano". Pues en esa sequía de información estábamos (la España oficial, o sea la política, echaba el cierre por vacaciones el 18 de julio, con la fiesta por todo lo alto que SE. el Generalísimo ofrecía  en el Palacio de la Granja de Segovia), una sequía que obligaba a los reporteros sobre todo a ingeniarse temas para poder escribir... y puedo asegurar, y aseguro, porque yo estaba allí, además como Subdirector, que en eso el increíble equipo de "Pueblo" era imbatible, cuando Antoñito Casado (delgaducho, seriote, muy formal) entró un día en mi despacho (¡ coño, en concreto el 23 de agosto de 1971, hace hoy 49 años) con un teletipo en la mano en el que se informaba de unas extrañas Caras que habían aparecido en una casa de un pueblo de Jaén (Bélmez de la Moraleda) y que eso podía ser curioso. Bueno, que Casado y uno de los buenísimos fotógrafos que llegó a haber en aquel "Pueblo" se desplazaron hasta allí y ese mismo día ya enviaron el primer reportaje y las primeras fotos, que naturalmente se publicaron en la Primera (aparecer en la Primera de "Pueblo" era para un reportero la gloria y la fama)... y causó tal impacto  ¡qué cosas, Dios! que las ventas del periódico se dispararon hacia arriba. Quizás porque el joven Casado daba a entender que en aquellas Caras había algo misterioso o milagroso (¡y bonitos son los españoles para oír de milagros!)... Y un día, y otro día, y la gente haciendo cola en los kioskos para comprar el periódico... Y así hasta que el Gran Jefe (Don Emilio Romero) volvió de las vacaciones y esa misma noche cuando entré a despachar, e incluso antes de saludarnos, me soltó de sopetón: "Oye, Merinito ¡y tú crees que eso de las caras es verdad?... Jefe, no lo sé, yo hablo con Casado todos los días y él ni niega ni afirma, lo que mantiene que allí pasa algo anormal, algo que no tiene explicación/ Bueno, pues por si acaso manda a Camarero (no tengo que decir que ese Camarero no era otro que Julio Camarero el más grande del periodismo español de sucesos) y que dé la versión contraria, que diga que todo es un montaje.../ Pero ¿y que hacemos con Casado?... Pues, coño, que siga. Uno a favor y otro en contra... já, já, já... a mi no me cogen los buitres que están que se comen las uñas por el éxito de "Pueblo" y esperando para atacarnos por haber sido nosotros los padres de las Caras de Bélmez". Otro día les contaré cómo terminó aquella historia. Era otro periodismo y era otra España, la España en la que nunca pasaba nada.