Yo ya siempre quiero estar

asido al Santo Rosario,

el cordón umbilical

que me ata a la Virgen,

que es mi Madre celestial.

Que no le falte nunca

a mi mano ese collar

de plegarias que son rosas

de un sagrado rosal.

En el día o en la noche

A Ella le he de rezar

pidiéndole que me aleje

de todo pecado mortal.

Y que llegado de mi tiempo

en este mundo la hora final

pueda yo con mis dedos

un rosario acariciar.

Pues no hay arma más poderosa

para hacerle frente al mal

que esta arma con que la Virgen

María nos quiso obsequiar.