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Hubo un tiempo que yo jugué hasta 18 partidas de ajedrez en un día...y es que me entró tan fuerte "eso" del ajedrez (así me lo criticaba mi padre) que casi me vuelvo tarumba. Pero, en mi favor puedo decir  que no fui yo solo, que fue como  una epidemia que invadió y asoló mi pueblo (el más bonito de España, claro) y a todos los amigos. Hasta el punto que llegamos a formar equipos por barrios (el de la Almeina, el del Punto Cabra, el de la calle Córdoba, el de los Lagartos y alguno más) y por Divisiones (Primera, Segunda y hasta Tercera). Una locura. Un "virus" (aunque no tan criminal como el que nos tiene enjaulados y "acojonaos" ahora mismo). Ser  "Campeón de Ajedrez" de Nueva Carteya era una carta de presentación más importante que ser Alcalde o Duque de Espejo. Pero, la epidemia alcanzó a toda la Campiña y muy pronto se formó una liguilla entre pueblos: Montilla, Cabra, Montemayor, Baena, Castro del Rio, Espejo (como ahora eso de las Mancomunidades).

                   Yo, lo reconozco, no pude ser nunca Campeón, porque ese honor le correspondió siempre al mejor, que no era otro que Juanito "el del Estanco" (por cierto, que al mencionar la palabra "estanco" se me viene a la cabeza otro de los jugadores habituales del pueblo: Pedro "el estanquero" (había dos estancos en Nueva Carteya), pero no porque jugase bien sino porque siempre que perdía se ponía muy ceremonioso delante del tablero y el adversario y decía: "Que conste , que no me has ganado por lo bien que tu juegas, sino por lo mal que juego yo". Era una buena persona y simpático)

                         Y  recuerdo muy bien nuestros enfrentamientos con el equipo de Montilla (con los pueblos no se hacía liguilla, funcionábamos por el sistema de eliminación), porque como perdíamos siempre, ya que su número 1 era Campeón de Córdoba y de Andalucía y se aseguraban sus 4 puntos... el Campeón nuestro, o sea Juanito "el del estanco", nunca se enfrentaba con él para asegurarnos nosotros también sus cuatro puntos... ¿y a quién enfrentaban al Campeón montillano? Pues, al más imprevisible, o sea, yo. Porque yo era un jugador raro, un anarquista que no respetaba las aperturas conocidas, ni las tácticas de los libros ni nada de lo que hacían los demás, por tanto mi juego era sorprendente y una sorpresa cada partida.

Tan sorprendente que llegué hasta a inventarme una apertura totalmente nueva hasta para el Ajedrez mundial: la de la Media Luna... (y no la explico aquí porque todavía, y han pasado muchos años, no la tengo registrada y me la pueden robar). Pero el hecho es con mi apertura de la "Media Luna" conseguía poner nervioso al Campeón montillano, cordobés y andaluz,  MESA, de apellido, y a veces hasta ganarle.

                        Pero, el periodismo venció al ajedrez (y digo venció porque un día ya se me planteó una encrucijada: o ajedrez, y hacerme profesional, o periodismo y abandoné mi pasión). Eso sí, también en Madrid jugué mucho y tuve un buen maestro (el Maestro Internacional Torán, con el que además de aprender luché con el Ministerio de Educación para que se impusiera en los Planes de Estudio el ajedrez como asignatura obligatoria, como ha estado siempre en Rusia) y buenos .contrincantes, entre ellos a los que fueron Ministros Rafael Cabello de Alba y Francisco Fernández Ordóñes, los Doctores Angel Peralta y  Parra Aguilera, los periodistas Enrique de Aguinaga, "Yale", Raúl del Pozo, Alfonso Calviño, José Antonio Gurriarás y otros.

              Y fíjense si aquella pasión por los caballos, los alfiles, las torres, los peones, la Reina y el Rey está siendo mi antídoto especial contra el corona virus que tenemos encima... jugando en una maquinita contra mí mismo.