En febrero del año 2001 pronuncié, por partida doble, en las aulas de “GERONA INMORTAL” y ADES (Barcelona). Fue el Almirante Carrero Blanco quien aludió al dilema del periodismo diferenciando el verdadero de la pobre “prensa canallesca”.

Periodismo, sacerdocio, docencia y medicina requieren una vocación muy especial para poder  abrazarlas. Merecen un respeto máximo.

Al llegar a Cuba  me  impresionó la frase de cabecera en el Diario de la Marina“El periodismo es en lo externo,  una profesión; en lo interno, un sacerdocio”. Era del gran periodista Jose Ignacio “Pepín” Rivero, dueño y director del  “periódico más antiguo editado en español” (tanto allende como  que aquende la Mar Océano).

El periodismo es una profesión jovencísima,--dije hace diecinueve años-- no llega ser a bi-centenaria. No es como el pastoreo o la agricultura que nacieron con los hijos de Adán y Eva y con miles de años a cuestas, son las  decanas  del trabajo humano como ocupación y medio de subsistencia. Lo cual no es óbice para que sea una profesión tan digna y respetable como la que más.

Los católicos tenemos una ventaja fundamental sobre los agnósticos y los heterodoxos, tenemos normas seguras para enjuiciar cualquier tema. Dios le marcó al hombre el camino, cuando le ordenó: “Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y  sometedla...”

El mandato recibido del Creador, es claro y contundente: henchid la tierra y sometedlacuanto existe está al servicio  del hombre.  Todo: animales, plantas, y cuanto nos rodea. Y no al revés. Ahora se ha puesto de moda la ñoñez sentimentaloide  y feminoide del seudo ecologismo...  moda que afecta incluso a ciertos clérigos)

La definición de Pepín Rivero resulta fácil de entender.

El sacerdote católico  es nada  más y nada menos, que  “un ministro de Dios, cuya misión específica es hacer de nexo y unión entre el Creador y la criatura”, un puente que une dos orillas, y permite acercar el hombre a Dios.   Al obispo, se le llama “pontífice” –hacedor de puentes-- y, al Papa, “Sumo Pontífice”.

Dios es, esencialmente, Verdad, Belleza y Amor y la misión del sacerdote es aproximar el hombre a Dios,  al Ser Trino y Uno. En forma idéntica, el periodista  tiene la misión de acercar al hombre a la Verdad,  --también a la belleza y   amor auténticos-- y,   no puede hacer de la mentira su “razón de ser”,  su obligación es servir  siempre a la verdad. Debe ser un “ministro sagrado de la verdad”, ¡un sacerdote de la verdad! Tiene por misión servir a la  belleza en sus diversas facetas --humanas, artísticas, literarias-- pero, sobre todo, a la belleza superior, la  del alma, enriqueciéndola de valores, y, asimismo,  amor como  instrumento de aproximación entre los hombres, y no un sembrador de  odios,  ni   destructor del honor, la fama, el prestigio y la vida de sus semejantes. Y lo que  nunca debe ser es acérrimo  de Cristo, de su Iglesia, de   España, de su Unidad, de su Historia y de sus valores.

Es estos conceptos está resumido y concentrado  todo el meollo de mi charla. 

Pepín Rivero sabía muy bien lo que decía: El  verdadero Periodismo con mayúscula, es un sacerdocio al servicio de la Verdad. El Periodismo y la Docencia, son profesiones dignas de veneración, pero si se prostituyen, se convierten en nauseabundas, dando la razón al adagio latino: “Corruptio optimi, pessima”, pues no hay la menor duda: “la corrupción de lo óptimo  es lo peor”. Ley que también  rige en lo biológico: No es lo mismo toparse con un gorrión muerto, que con un cuerpo humano en descomposición.

Con todo,  apestan más esos tipos que se inventan “moros suicidas” embutidos en “tres pares de calzoncillos” He ahí un ejemplo de la descomposición mental del “periodista de la canallesca”. 

Creo que, con lo dicho, dejo clara mi visión del periodismo y del mismo degradado. Hay pocas vocaciones tan excelentes por sí mismas, cuando se ejerce con lealtad. Por suerte,  opuestos a la “canallesca”, en España tenemos ejemplos de “héroes del periodismo” que luchan por la dignidad de ese “sacerdocio de la Verdad” enfrentados a la “ramera de la Mentira”.

Termino denunciando la táctica satánica --sibilina, maquiavélica y eficaz al mil por cien— especializada en el “desgaste de las palabras” y vaciarlas de “contenido”.  Cuando un vocablo  es portador de  un contenido noble y sano, es infaliblemente triturado, majado, machacado, pisoteado con rabia y vaciado. (¡Los franceses utilizan un verbo que  sintetiza todo eso, incluso, fonéticamente: “écrasser”!) Los hijos de satanás del gremio son expertos en la “subversión mediante el lenguaje”, que convierten en arma letal, contra la inteligencia. 

Espero continuar con el tema pues la canallesca es el cáncer que más idiotas genera.