Soy consciente de que difícilmente este artículo verá jamás la luz, y menos aún será capaz de remover las conciencias de aquellos que a estas alturas aún no han despertado del largo letargo en el que parece se encuentran sumidos.

A lo largo de largos años de normalidad, los medios con sus diferentes vertientes editoriales, han estado presentando verdades alternativas de forma tal, que los que leemos varios diarios, a veces nos cuesta creer que las noticias que estamos leyendo sean la misma de cuan diferentes datos nos ofrecen. Presten atención a que he dicho datos, no conclusiones, puntos de vista u opiniones, sino datos.

Los políticos durante su carrera, retuercen los datos y las realidades para conseguir, que en aquellas personas receptoras del mensaje se activen instintos y emociones que difícilmente serán aplacados con nuevos datos, aunque los nuevos datos, sean más ciertos que los inicialmente presentados.

El otro día leía un mensaje que decía “La función de un periodista no es dar altavoz al que dice que llueve y al que dice que hace sol, sino asomarse a la ventana y ver qué tiempo hace en realidad”.

Pues bien, en esta básica función, los periodistas y la prensa han fracasado estrepitosamente. Se han convertido en meros altavoces de políticos, o grupos para-políticos (lobbies para que nos entendamos).

Durante largo tiempo a la población nos ha dado igual. Se entendía que existieran medios más proclives a las ideologías más conservadoras, mientras que otros hacían de altavoz de aquellos que defienden políticas más estatistas.

Pero en el fondo todos esperábamos que, en caso de necesitarles de verdad, los periodistas responderían, dejarían de lado las ideologías y nos informarían con objetividad y transmitirían las informaciones de los políticos con el escepticismo profesional que se asume en su profesión.

Y por fin llegó su oportunidad en diciembre de 2019 se empieza a hablar de una enfermedad que se extiende por China. En enero ese país, que no tomó precauciones ante otras epidemias, como el SARS, construye varios hospitales en pocas semanas, aíslan y confinan a una región de 11 millones de habitantes.

Las noticias que nos llegan son pobres en contenido. Se habla de una gripe, de algo pasajero, no se le da importancia, y pese a que doctores de inmensa reputación advierten a los gobiernos de que hay que tomar medidas, estos no hacen nada. Y aquí es donde fracasa el periodismo. En lugar de investigar, sopesar las versiones e informar de la realidad, durante semanas, los periódicos ejercen como altavoz del gobierno y continúan diciendo que es una gripe, que no hay de qué preocuparnos.

Las decenas de infectados en España son mera anécdota para los periodistas. Los periódicos publican artículos vacíos de información y llenos de desinformación en relación a esta gripe como continúan llamándola. En estos momentos ya existían focos de aislamiento en las Islas Canarias, en donde a los residentes de un hotel no se les permitió salir en dos semanas. Las informaciones al respecto, eran más dignas de revistas de adolescentes, y de revistas del corazón, que de periódicos de información serios.

Y por fin cambiaron los vientos políticos. Desde Moncloa el día 9 de marzo cambia el discurso oficial, deja de ser una gripe y empieza a ser el Coronavirus o el Covid-19. Los mismos que la semana anterior nos decían que hiciéramos vida normal, nos dicen ahora que guardáramos una distancia de seguridad y nos laváramos las manos, (como si esto último no fuera ya parte de la vida normal).

Los periodistas y sus editoriales lejos de cuestionar este cambio radical de postura, lejos de preguntarles por qué no se tomaron medidas anteriormente, por qué no se alertó a la población y por qué durante semanas se había llevado una activa campaña de desinformación, siguieron trabajando como altavoces del sistema, sin cuestionar a nada ni a nadie del gobierno. Es más, desde ese momento escriben incendiarios artículos sobre gobiernos extranjeros que al igual que el nuestro, no tomaron medidas a tiempo. ¿Por qué esa doble vara de medir? ¿Tan sumisos se han vuelto nuestros profesionales que sólo ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio?

Una semana después de aceptar públicamente que había un problema, el gobierno de España decide declarar el estado de alarma y encerrar a la población en sus viviendas. Pero en lugar de hacerlo directamente como se hizo en Italia, Holanda, Austria y posteriormente en Turquía y otros países, el gobierno decidió anunciarlo con más de 24 horas de antelación permitiendo que los focos de infección concentrados en Madrid, Valencia, Cataluña, La Rioja y País Vasco se dispersaran por todo el país.

Una vez más el periodismo fracasó, no ya por no criticar lo que obviamente fue una mala decisión política, que en las circunstancias en las que estamos podría ser hasta comprensible, sino por ni siquiera cuestionar al gobierno en el porqué del retraso.

Las portadas de los periódicos y los noticiarios durante las siguientes semanas se centraron en los cánticos de los balcones, los aplausos a los sanitarios, cuerpos de seguridad y otro personal esencial, a los retos virales, y cómo no, siguieron comportándose como mero altavoz del gobierno al que se supone deben cuestionar.

Durante un casi un mes el gobierno censuró preguntas de los periodistas y estos no protestaron hasta pasadas varias semanas. ¿Es esto lo que esperamos de nuestros periodistas? ¿Es esto lo que los ciudadanos nos merecemos?

Durante semanas, hasta la semana de Semana Santa no se han visto artículos en los principales medios de comunicación cuestionando los números de infectados y fallecidos.

¿Por qué la inmensa mayoría de los medios de comunicación no han cuestionado las informaciones del gobierno? ¿No es esa acaso su función?

¿Por qué se ha permitido incluir tanta desinformación en estos medios? ¿y más importante, por qué una vez demostrada falsa esta información, no ha sido rectificada?

En los últimos días el ministro del interior del gobierno de España ha dicho que el gobierno va a investigar la información de las redes sociales y censurar la información que no se corresponda con la versión oficial o, de acuerdo a ellos, incite al odio. Apenas se han recogido algunas líneas de lo que sin duda es el mayor intento de censura desde el comienzo de la democracia.

Por todas estas razones y muchas más, el periodismo ha fracasado. No nos extrañemos ahora de que los ciudadanos busquen en otras fuentes, la información que los medios de información tradicionales no ofrecen y que surjan bulos. Al fin y al cabo, los más grandes bulos o información incorrecta, han surgido del gobierno, ya sea por escasa información dentro del propio gobierno o lo que sería más grave, con voluntad activa de desinformar. Y esta desinformación ha sido amplificada por estos medios de información, cuyo objetivo debería ser, por lo menos en una situación de crisis como la actual, la búsqueda y publicación de la verdad.

Como decía al principio, no espero que este artículo se haga público y en caso de que lo haga no tengo esperanza de que cambie en absoluto la situación, pero he creído necesario escribir estas líneas por si, por algún milagro, planto, aunque sea una semilla de cambio en la forma de actuar de un sólo periodista. Con eso ya lo consideraré un gran éxito.