Hace unos días hablaba en estas páginas de la seguridad en el Valle de los Caídos a raíz de una petición de Vox al Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial, sus carencias, su abandono, pero no sólo del complejo en sí, sino también de sus visitantes, de sus habitantes y en gran parte, por deformación sindical, de sus trabajadores.

¿Podríamos decir que hace referencia a un tema puntual o de un abandono vergonzante?

 

Mis recuerdos me llevan a vivir la existencia de un pequeño destacamento, al mando de un sargento, que la Guardia Civil tenía destacado en dicho monumento. Guardias civiles que vivían, junto con los empleados públicos de Patrimonio Nacional, en las viviendas que se habían terminado, tras acabar el monumento, ocupadas en 1961 y que venían a modernizar los barracones donde trabajadores reclusos y contratados libres habían habitado y que fueron derribados, tras prestar otros servicios como talleres y economato.

Bien pues esa docena de Guardias Civiles, cuyos uniformes eran específicos para ellos y curiosamente azules y no verdes, con un uniforme de gala con un gran escudo de la Fundación en el pecho, se han convertido, en 2020 por arte de virli-virloque, en un sólo guardia civil, eso sí, de verde.

Recuerdo a los mismos con el cariño que el pasado trae, recordando sólo lo bueno, supongo. Sus hijos con los que estudiaba en la " Escuelita" que allí existía y de la que os hablaba, hace unos días. Guardias civiles que además de seguridad nos daban su amistad, su cercanía, su vecindad. Así recuerdo al "Lute", curioso apodo para el guardia civil más dicharachero y gracioso que he conocido, el Practicante, como era conocido, el que además de su primera ocupación hacía las veces de ATS con sus convecinos, Vidal que cuidaba nuestra puerta de acceso y cuya guardia le hacia velar por nuestro sueño y necesidades de entrada y salida, o el mismo sargento, el marido de nuestra maestra. Compañeros de mis años felices de niñez y adolescencia.

Hubo a lo largo de años atentados terroristas del FRAP, GRAPO y ETA que alcanzaron el Valle de los Caídos.  La seguridad se fue debilitando, cambiando, abandonando. Ya en los últimos años apenas quedaban Guardias Civiles entre los igualmente, cada vez menos vecinos. Su desaparición nos trajo la llegada de la seguridad privada, exclusivamente en los accesos a la Basílica y de una manera testimonial en la Puerta del Valle, a cuatro kilómetros de la misma, un Guardia Civil, para todo el recinto del Valle de los Caídos, 1377 hectáreas de bosque, cerca histórica de Felipe II, Vía Crucis, edificios monumentales y museísticos, viviendas, restaurantes, cafeterías,  caminos, sendas ecológicas, carreteras, fauna protegida (jabalíes,  ciervos, caballos, vacas, corzos, aves) y con ello sus infractores de normas de acceso,  ciclistas, moteros, paseantes, cazadores furtivos, corredores, ya que se prohíben estas prácticas fuera de los límites de sus vías de acceso y finalmente los "delincuentes ideológicos" para los que las normas que les molestan no existen y que han proliferado en su lucha de la izquierda contra el descanso de los muertos, lucha contra quien no puede defenderse de su vandalismo político, de sus pintadas, de su desprecio, del incumplimiento de la ley, porque de los gritos, de las malas contestaciones, del desprecio a quien realiza su trabajo diario, del encomendado por el Ministerio de la Presidencia, ministerio del que depende el CAPN, por tanto de sus trabajadores públicos, desprotegidos,  abandonados a su suerte, como apestados por su centro de trabajo, contra el que "trabaja “el ministerio del que dependen, que para empezar les adeuda dinero de años anteriores no hay quien proteja.

Así sirva de ejemplo algo que resulta clarificador y que hubiera sido diferente si hubiera existido la seguridad suficiente. En el año 2017, el profesor y doctor en Arqueología prehistórica por la UCM, D. Alfredo González Ruibal, en actitud " nerviosa y desafiante" según testigos, nos decía ABC, quitó y arrojó unas flores que estaban depositadas sobre la tumba de Franco, enfrentándose a los empleados de Patrimonio Nacional, que le indicaron que no podía hacer eso. Pero D. Alfredo, lleno de orgullo por su acto y comportamiento y por tanto desprecio para quienes tenían la misión de cuidar que los visitantes se comportasen como tales y no molestasen al resto de los mismos, muestra su actitud con frases como "El franquismo sigue muy vivo".

En este mes de abril, comienzan a realizarse excavaciones arqueológicas, en los escombros de esos barracones que antes os citaba, una vez derribados tras ser reemplazados por las viviendas de los trabajadores públicos. Excavaciones pagadas para aclarar si los presos vivían en las condiciones que indican los estudios realizados a través de la documentación existente en Patrimonio Nacional o como dijo " la documentación no coincide con la realidad".

Una subvención del Ministerio de la Presidencia, relaciones con las cortes y memoria democrática, es decir del Ministerio del que depende el Valle de los Caídos, sus trabajadores y seguridad.

¿Quien creen que va a recibir dicha subvención para realizar la excavación?, pues está claro, el doctor en arqueología prehistórica por la UCM, D. Alfredo González Ruibal. Así paga Moncloa a sus héroes, así protege el Ministerio de la Presidencia a sus trabajadores de quienes los desafían por realizar su trabajo.

Si no les pagan lo que les debe menos va a defenderles de comportamientos como el descrito por la prensa.

Ahora el profesor González Ruibal tendrá que trabajar en el mismo recinto del incidente, esperando que no reciba el mismo trato que él dio a sus ahora compañeros, empleados públicos, de centro de trabajo y que le paguen todo su trabajo, sin deudas pendientes por parte del Ministerio deudor

Ahora, que en el presupuesto del Estado no hay un sólo euro para el mantenimiento y conservación de un monumento nacional como este, quedan 650000 € para exhumaciones por asignar. ¿A que le toca también algún pellizco?

Sorpresas que da la vida.