Seis años de niñez, como mínimo, son necesarios para poder tener un buen escolar, “y muchos más para templar el alma”, como decía Pitágoras.

Defendemos como esencial y de absoluta necesidad la EDUCACIÓN INFANTIL por encima de todo, pero NO la Escuela para niños antes de los 6-7 años de edad. Educación y Escuela no son lo mismo.

“Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es una maravilla”, decía Chesterton, ¡Y sabía muy bien lo que decía!

Si la infancia es maravillosa ¡¡Y lo es!! ¿Por qué nos empeñamos en recortarla a toda costa, en transformar lo antes posible a los infantes en sesudos “escolarines” reglamentados para aprender adultez con enorme esfuerzo a través de la escuela, dedicando la infancia a prepararles mal para “una carrera”; como si su maravilloso presente fuese despreciable pérdida de tiempo y algo totalmente inútil para “templar su alma” y para vivir?

¡Desgraciada escuela infantil! que sirve para imponer a los niños la condición de escolares, aprendices de mayores, justamente cuando están en el mejor momento de su vida para ser lo que son: NIÑOS. Parafraseando a C.G. Jung diremos: La niñez no vivida es una enfermedad que puede durar toda la vida y,  cada vez hay más casos de esta lamentable enfermedad.

Ignorantes adultos que no saben apreciar la gran sabiduría de la infancia descubridora, inventora, experimentadora y asimiladora de las grandes maravillas que su cuerpo le muestra a cada instante, que APRENDE corporalmente con rapidez y fruición, con eficacia y avidez lo mucho que puede hacer, lo inmenso de su poder, lo profundo de su asimilación, lo maravilloso de su desarrollo neuronal y lo inventivo de su preguntar.

Transformar al niño en escolar es como cortar las manos al alfarero. Que a ti, padre, madre, maestra/o, político de turno te hayan hecho infeliz en tu niñez, no justifica que con tus hijos, alumnos o ciudadanos quieras hacer lo mismo. Tú nunca eres el proyecto vital de tu hijo, alumno, ciudadano.

Lo maravilloso de la infancia es la maravilla de su aprender constante, de su descubrir a cada paso, de su inventar continuo, de su experimentar siempre, de su capacidad de asimilar, de su imitación con sabiduría, de su aprender jugando y su jugar aprendiendo, de su deambular en naturaleza empapándose de ella. ¿Qué escuela funciona con esa intensidad y esa eficacia?

Saborear la naturaleza en la infancia es el remedio infalible para cuidar esa naturaleza, ese medio ambiente, el resto de sus días. No necesita más lecciones ni consejos ni leyes para ser ecologista toda su vida.

Y así un año y tres y cinco y seis, habrá llegado a descubrir tanto que pedirá más recursos, nuevas vivencias, abrir el mundo, escalar las ciencias, vivir con otros y más experiencias, ¡es la hora de la escuela! Porque su mente llena anhela abrirse y trascender como Juan Salvador Gaviota para quien cielos y mares quedaban pequeños porque había vivido en plenitud su libre volar. Leed el libro de Richard Bach (1), en una sentada se lee.

¿Es posible para los adultos, los políticos, los “popes” universitarios, aprender, enterarse de que los niños son maravillosos en su libre volar, y que lo son mucho menos “amarrados al duro banco” (auténtico maltrato infantil), y constreñidos en su edad y tiempo de expansión, de juego para aprender?

El desarrollo tiene un proceso neuro-evolutivo, dirigido por ese “padre interior”, en expresión de la Dra. Melodie de Jager (2), que sigue una secuencia fantástica y solo precisa un medio amoroso, lo más natural posible, nutritivo y libre de los obstáculos y cortapisas que la escuela le ofrece.

El tiempo educativo (0-6 años), no es tiempo escolar, no puede suplirse con escuela (sea infantil o lo que sea si es escuela); es tiempo educativo, no es instructivo, ni académico, ni preparatorio para la escuela. Es tiempo neurológico, afectivo-emocional, de libre aprender en ambientes propicios, infantiles, por supuesto. Ambientes acompañados por padres y educadores (no enseñantes), educadores de niños en periodo o tiempo educativo, educadores formados en y para ello, formados al máximo para la máxima función social que es EDUCAR.

Hoy se supone que la escuela suple esa función educativa, y se hace con “pegotes” o remiendos: Educación emocional, educación para la convivencia, educación para la igualdad y la no violencia, etc., etc. Todo ello se hace porque falta educación en el tiempo educativo (0-6 años). No es admisible educación en, para, sobre, de, … Si es educación es emocional, es convivencial, es no violenta, es equitativa, es respetuosa, es ecológica, etc. etc. Y si no es todo eso, no es EDUCACIÓN, por muy escuela que sea.

El Sistema de enseñanza, escolar e instructivo no puede seguir engañando a la sociedad llamándose “sistema educativo”. Educar y enseñar o instruir no son lo mismo, aunque sí son sucesivos y complementarios. La ausencia del tiempo educativo (0-6) nos tiene donde estamos en la sociedad que padecemos. ¿Llegará el día en que los dirigentes, los políticos, las asociaciones de padres y otras sociales, se den cuenta y, sobre todo, tomen medidas y se organice la Educación infantil sin escuela? ABSOLUTA PRIORIDAD NACIONAL-SOCIAL.

  • Richard Bach. “Juan Salvador Gaviota”. 1972. Barcelona, Edit. Pomaire
  • Melodie de Jager. “Cuando un Niño Entra en tu Vida”. 2015. León, Ediciones EOLAS.