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Esta noche Hamlet está de luto. Esta noche Hamlet llora la muerte del maestro. Esta noche Hamlet, apesadumbrado y triste, desesperanzado y melancólico, medita sobre los vaivenes de la fortuna y el destino de los grandes hombres. Esta noche, negra noche de un día del mes de junio, a caballo casi entre la primavera y el verano, Hamlet ha comprendido, de golpe, que los dioses están enfadados... y que sus "poderes fácticos" se han desatado contra España. En fin, esta noche  Hamlet llora hondamente la muerte de su amigo Torcuato Fernández Miranda. Elsinor está de luto y nadie se atreve a romper el dolor del príncipe de Dinamarca. Sólo Horacio, el amigo del alma, el compañero entrañable, tal vez su propia conciencia... puede acercarse a su lado y despacio, muy despacio, insinuar una palabra de aliento...
             --Es la ley de Dios, amigo mío...
             --Sí, es la ley de Dios... ¡Los hombres somos una "merde" (en francés), una paja en el mar...!
           --Un día naces y otro día mueres... a eso se reduce todo.
           --Yo le apreciaba, ¿sabes?...( luego un largo silencio que ni siquiera Horacio se atreve a romper). ¡Era un gran tipo!... y España le necesitaba ahora más que nunca... ¡El nos metió en este lío y él nos tenía que sacar!... ¡Sólo él podía desenredar lo que un día quiso y supo enredar!... La muerte, entre otras cosas, le ha liberado de un compromiso que había contraído ante la Historia... (otro silencio, esta vez alargado por las lágrimas).
        ...Ahora recuerdo sus últimas palabras. Aquella tarde, no sé por qué, había bajado la guardia de su endiablada dialéctica. Sí, le dolía España... le dolía lo que estaba ocurriendo... le dolía haber sido el artífice... porque la marioneta, como a Unamuno su personaje, se le había sublevado y se le escapaba de las manos. También a Séneca le pasó igual con Nerón, y cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde... Fue entonces cuando se le rompió el alma y cuando comprendió que ni su vida le pertenecía... ¡Ay, pero mi muerte --habrá podido decir Torcuato con Séneca--, mi muerte es sólo mía!...
          ...Aquella tarde, sí, amigo Horacio, aquella tarde --¡tanta era su rabia política!-- no pudo evitarlo... y su corazón, ya dañado seguramente, se abrió como una rosa...
          ...Me dijo que iba a ser "groseramente" sincero y que yo tenía que ser "groseramente" leal... ¡Fue un pacto de honor! Un pacto entre la Historia y su amante... Naturalmente, él era la Historia y yo el aficionado que ambiciona entrar en su misterio...
           También otro día me llamó a su despacho de las Cortes y me habló, "groseramente sincero", del libro "Los pecados de la Monarquía"... ¡Era un modo, su modo, de "noquear" al contrario!... Por eso hablar con él era o un encanto o un suplicio... ¡Qué mente tan diabólicamente preparada!...
             Pero aquel día, Horacio, fue distinto. Sin "trampas saduceas"... a corazón abierto...
             Yo le había preguntado inocente y... sí, tal vez "groseramente", cuándo, en qué momento se había percatado de que la "situación" se le escapaba de las manos... y por qué se había dejado arrebatar las riendas de la "transición"...
              Y él, primero mirándome fijamente a los ojos y después como hablando consigo mismo (¿o acaso con la Historia?), tras unos segundos que me parecieron eternos, sólo dijo, secamente:
               "... El día que me di cuenta que era el banquero..."
               Luego, ya pasado el Rubicón de la sinceridad, se puso a hablar con su otro "yo" en voz alta... y no tuve más remedio que enterarme de su "tragedia" política. ¡La Historia de España, ay, no sólo es lo que se ve... desgraciadamente está también la "intra-Historia"!
                Pero yo no sería "groseramente leal" si ahora rompiese aquel pacto de honor. Algún día se publicaran sus "Memorias" y entonces... ¡Ay, amigo Horacio, entonces... sabremos todos, sabréis por qué se le escaparon las riendas y por qué perdió el dominio sobre los personajes... y también, sí, también por qué pudo producirse la segunda parte del "milagro de Santa Teresa"! 
                  ...Aunque no lo creas, amigo mío también este "Hamlet" fue obra suya, porque suya fue la idea. Sólo la idea... ¡Si vieras cómo se reía y cómo me regañaba... mientras los demás creían que era él!...
                   ¡Adiós, profesor!... Y ahora, ahora que ya te has ido, ¿cómo saldremos de este lío?, ¿cómo vamos a saber desenredar lo que tú tan diestra, tan astuta y tan sibilinamente supiste enredar?
Sí, España te echará de menos
                    Y te echará de menos porque nadie va a poder sustituirte. Para salir de este enredo, tragicómico, que vive España, hará falta una mente diabólica y un corazón a pruebas de bombas... y eso, no lo tiene cualquiera. Dar marcha atrás sin cambiar de marcha y sin dejar de pisar el acelerador, al mismo tiempo que se gira 360 grados... sin molestar a nadie y sin provocar situaciones irreversibles, va a ser casi imposible. ¡Un reto para una cabeza como la tuya! ¡Ay, Torcuato, qué necesaria iba a ser tu presencia en esta hora! Pero así es la ley de Dios... ya sabes. Y Dios también parece disgustado con España.
HOY
¡¡ 40 años, ha !! Hace cuarenta años ya que murió Torcuato Fernández Miranda y ya apenas si se habla de él y lo que no saben muchos millones de españolitos, por no decir todos, es que gracias a él y no al REY JUAN CARLOS y menos a Don ADOLFO SUÁREZ fue posible la Democracia, ya que suya fue la Ley para la Reforma Política ("Desde la Ley a la Ley sin salirse de la Ley") y que las Cortes franquistas se hicieran el harakiri, y que el ejército no se sublevara... O sea, él fue el Alejandro Magno que supo cortar el nudo gordiano y el  Churchill y el Adenauer que ganó la guerra a la guerra... y por eso, aquella noche de  su muerte, Hamlet, su discípulo y su amigo lloró como nunca había llorado... y como sigue llorando cada vez que lo recuerda, porque llorar por Torcuato Fernández Miranda es como llorar por España