El Monasterio de Piedra, con más de 800 años, está situado en un enclave idílico. Curiosamente los monjes de todas las órdenes religiosas, escogían, lugares apartados, muy alejados de la civilización, con paisajes impresionantes y con abundante agua, para trabajar sus huertos y plantando frutales, para así  comer de lo que la tierra, el agua y el sol, les proporcionaban. Y así, llevar a cabo su Lema: “ORA ET LABORA”, propia de la Orden y vida monástica de San Benito, cuyo significado era: “Alabanza a Dios junto con el trabajo manual diario”

¡Ay, que recuerdos, me vienen a la cabeza!

Por 3 o 4 veces, visité este enclave maravilloso. La primera vez con una novia que tuve, guapísima ella, que después de un noviazgo largo, la dejé por otra, hace ya, …. muchos años.  ¡Qué malvado!

Otra de las veces, junto a mi madre, q.e.p.d.

Otra de las veces, con otra novia, con la que después de años me casé, con la única que he estado casado y por la iglesia, como debe ser.

Y la otra quizás siendo un zagal, con amigos, no lo recuerdo bien, porque de eso han pasado…..

La verdad, es que el ir a este lugar insólito, por no haber parangón alguno en el mundo, cada vez que vas, encuentras nuevos tesoros escondidos de la naturaleza, más viva y abrupta

El Monasterio de Piedra:  Es un establecimiento turístico ubicado en un antiguo monasterio cisterciense que se halla en el municipio zaragozano de Nuévalos en la Comarca de Calatayud, en Aragón (España).

Dedicado a Santa María la Blanca, fue fundado en 1194 por trece monjes cistercienses venidos del Monasterio de Poblet, en el antiguo castillo de Piedra Vieja y junto al río Piedra. Se abandonó en 1835 debido a la desamortización de Mendizábal, comprado por un particular cinco años después y reconvertido en establecimiento turístico. Se catalogó como Monumento Nacional el 16 de febrero de 1983. ​Eclesiásticamente está incluido en el Arciprestazgo del Alto JalónDiócesis de Tarazona. Es uno de los enclaves turísticos más visitados de Aragón.

En estos impresionantes parajes inéditos para el ser humano, que no haya podido verlos o quizás saber de ellos, se mezcla un simbiosis, entre el Medioevo, la vida monacal, el silencio y el atronador ruido de sus cascadas, protagonizadas por el Rio de Piedra, que fluyen salvajemente, por el entorno, dejando imágenes bellísimas y un atronador sonido, por el agua desbocada, desde el infinito hasta los niveles bajos.

La fundación del Monasterio de Piedra se relaciona con un doble marco histórico: Es parte del fenómeno de las repoblaciones de la segunda mitad del siglo xii y también es un brillante capítulo de la expansión de los cistercienses por la península ibérica.

En 1186, Alfonso II de Aragón el Casto, y su esposa, Sancha de Castilla, donaron a los monjes de Poblet el castillo de Piedra (castrum Petrae) con el objeto de fundar allí un monasterio cisterciense. El 10 de mayo de 1194, bendecidos por el abad Pedro Masanet salieron del monasterio catalán doce monjes, a la cabeza de los cuales estaba Gaufredo de Rocaberti, I abad de Piedra.

En mayo de 1195 se ratifica la donación y el deseo real de la fundación de un monasterio que siguiera la Regla de San Benito. Los edificios empezaron a construirse en 1203. En 1218 las obras estaban suficientemente avanzadas como para que los monjes pudieran ocupar los edificios. El 16 de diciembre de 1218 se hizo la ceremonia de traslación de la comunidad desde Piedra Vieja a Piedra Nueva. La consagración de la iglesia abacial fue presidida por el IV abad de Piedra, Jimeno Martín; por el arzobispo de Tarragona, Esparago de la Barca, que actuó en nombre de Jaime I de Aragón; por el obispo de Zaragoza, Sancho Ahones; y por el obispo de Albarracín, Domingo Ruiz de Azagra, que había sido monje profeso en Piedra.

Cómo anécdota y curiosidad, los españolitos, que de Historia de España, estamos pez, creemos, que el chocolate es un bien originario de Suiza o incluso de la Francia de los Gabachos. Sin embargo, se desconoce, que fueron los españoles en el intercambio de productos y animales que hubo entre España y nuestros pueblos de allende los mares, quiénes trajimos el cacao y que luego se terminó haciendo chocolate.

Pero fue aquí, en este Monasterio de Piedra, donde por primera vez se cocinó el chocolate en Europa en 1534. ​ Cuando Hernán Cortés viajó a México fue acompañado por Fray Jerónimo Aguilar que envió al abad del Monasterio de Piedra el primer cacao junto a la receta para cocinarlo.

En 1808, debido a la Guerra de la Independencia, el monasterio fue desalojado. Fue en este periodo cuando se derrumbó la bóveda central de la iglesia y se profanaron imágenes. En el "Trienio Liberal", entre 1820 y 1823, los monjes fueron obligados a dejar el convento, continuando con el deterioro del conjunto.

Las diferentes “Desamortizaciones LIBERALES, de los Validos, de estos malditos Borbones”, nos han costado la ruina de cientos de Monasterios y Conventos, robando la Corona, todas las joyas de siglos, que allí se guardaban, sacando a patadas a sus monjes e incluso incendiando dichos edificios emblemáticos, para evitar su futuro uso.

Eso los malditos Gabachos, nuestros enemigos de siempre, lo  hicieron, llevándose miles de carros llenos hasta los topes a su País, con el beneplácito de los monarcas TRAIDORES de Fernando VII y de su papá y mama, bien acomodados a la sombra de Napoleón.

En realidad estas bellísimas imágenes, son del Monasterio en parte, porque discurren por el  Rio Piedra, que al final en su remanso, hay unas piscinas de esta agua, que la convierten en una piscifactoría, en la que hay varias, en las que van trasladando con redes, de una a otra los peces, según se van haciendo grandes.

El recorrido es verdaderamente impresionante, subiendo y bajando escaleras, atravesando cuevas naturales, con bellos ventanales naturales, para ver la inmensidad de sus cascadas. Paseos empedrados, para ver estaciones de diferentes formas que hacen del rio, al bajar entre las rocas. Todas tienen su nombre. Nombres muy propios de la naturaleza y de la belleza, que se expone ante nuestros perplejos ojos.

Tal y como dijo el poeta mejicano Francisco de Asís de Icaza, en 1.863, al contemplar a un ciego, con la mano extendida:

¡Dale limosna mujer,

qué no hay en la vida nada peor,

cómo la pena de ser,

ciego en Granada!

 

Algunos, no pocos, se han casado en ese idílico lugar, con más de 800 años de historia, yo no lo hice, pero lo hice, en donde mi novia impuso que se hiciera, por ser ciudadrealeña. En verdad que fue, en un fantástico lugar como es el Claustro del Convento de la Asunción de Calatrava (ALMAGRO). Sin duda, una de las ciudades con mayor abolengo y belleza del mundo

No soy yo, ni es novia mía, pero si me recuerda que una imagen similar, ante tan maravillosa vista y un ruido atronador, nos dábamos un piquito, que alguien no sacó con mi cámara y a saber dónde está la fotografía, quizás en el olvido de algún baúl.