A la masonería transnacional le pone Fratelli Tutti, hermanitos todos, nos vamos de excursión, ese gran chute en vena de genocida agenda mundialista (que ya se dejaba caer en Juan XXIII). Encíclica Tutti Frutti, al rico helado multicultural, el postrer detritus de Pancho Primero de la Pampa. Comunicado, a través del Gran Oriente Español. "La última encíclica del Papa Francisco demuestra lo lejos que está la actual Iglesia Católica de sus antiguas posiciones. En Fratelli Tutti, el Papa abraza la Fraternidad Universal, el gran principio de la Masonería Moderna". Encíclica que mola, también, a más gente. A Cum Fraude, obvio. Al partido de El Moñas, más. Echeminga, extasiado. Desde la patota peronacha eclesial, Lucía Caram, enamorada (como lo estaba del corrompidísimo Artur Mas). El resto de psicoterroristas montoneros, ídem.

Tutti Frutti, la encíclica del odio y la doble moral

El prota de la encíclica, por supuesto, no es el rabino Jesús de Nazaret. Sino el Iman Al-Tayyeb. "Mi hermano Francisco restituye a la humanidad su conciencia".  Hablamos de un tuit del gran imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb, quien rubricó con Paco I el Documento sobre la fraternidad humana para la paz mundial y la coexistencia común, Abu Dhabi, febrero 2019. La tercera encíclica de Francisco se inspira, en gran parte, en esa declaración común. Y ambos hablando, en el capítulo octavo del documento papal, de las religiones como fuente de "paz". Joder, La Tacones y La Ramoneta dando lecciones de virginidad.

Tutti Frutti, odio, hasta extremos surrealistas y ridículos, a la economía de mercado. Eso sí, ni una sola palabra en sus 287 puntos sobre los innúmeros horrores genocidas del socialismo y el comunismo. Sus más de cien millones de asesinados, por ejemplo. Tutti Frutti, irracional odio a la propiedad privada. Eso sí,  ni una palabra sobre el gravísimo pecado de la Iglesia Católica por haber acaparado (y saqueado) innumerables propiedades y bienes ajenos durante siglos y siglos. Recordatorio muy reciente, sórdidas inmatriculaciones de bienes inmuebles por la puta jeta. Tutti Frutti, odio a las fronteras (defendiendo, abiertamente, la inmigración ilegal, lucrándose la iglesia católica, mientras, con ella). Pero el limes Vaticano, intocado. Tutti Frutti, odio a Occidente, autoodio mejor dicho, la civilización greco-latina y cristiana de la que todos provenimos. Tutti Frutti, odio al benemérito y sublime individualismo. El  hombre libre que piensa, discurre, reflexiona, analiza, investiga, considera, valora, cuestiona (dogmas eclesiales, por ejemplo). A su bola.

Antecedentes masónicos de Paco I

La declaración surgida de los triseculares enemigos de la Iglesia deviene harto relevante. De todas maneras, el comunicado del Gran Oriente España no descubre ningún nuevo Mediterráneo. Jorge Mario Bergoglio, incluso desde mucho antes de su elección en 2013, ya ofrecía pistas suficientes.

En 1999, el cardenal Bergoglio fue elegido miembro honorario del Rotary Club de la capital argentina. En 2005, de manos del Rotary recibió el premio anual de “El hombre del año”, el Laurel de Plata. Un porcentaje significativo de rotarios pertenecen a las logias, a tal punto que el Rotary, junto al Lion’s Club, devienen como los gloriosos pórticos del templo masónico.

El día de la elección pontifical - peculiar rayo y paloma muerta mediante- del cardenal Bergoglio, el 13 de marzo de 2013, el Gran Maestre de la francmasonería argentina, Angel Jorge Clavero, rindió febril homenaje al nuevo pontífice saludándolo fervorosamente. La logia masónica judía B’nai B’rith, otro tanto. Al día siguiente de su elección, el Gran Oriente de Italia emitió un comunicado en el cual el Gran Maestre, Gustavo Raffi, aseveraba que “con el Papa Francisco ya nunca nada será como antes", añadiendo que " Francisco tiene la gran oportunidad de mostrar al mundo el rostro de una Iglesia que debe recuperar el anuncio de una nueva humanidad". Nueva humanidad (¿transgenizada?), da miedito el asunto.

O rememoren la 66 ª reunión del club Bilderberg, Turín, hace un par de añitos, a la que fue invitado el Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin. Raro. O no. Mientras, prosigue la labor del equivalente del Grupo Bilderberg en la Iglesia Católica, el Grupo St. Gallen, vigoroso defensor del denominado Nuevo Orden Mundial.

Ni iglesia católica, ni iglesia masónica

Todo el magisterio eclesial de Curro I, farfolla y faramalla y barrumbada masónica, además de turbadora ruptura con el magisterio precedente. El culmen de la demencia, Laudato si. Papelera restaurada al servicio del pufo transhumanista del cambio climático, fraude para ingenuos, transmutado en la joya de la corona de la agenda mundialista de las zumbadísimas y genocidas élites.

Y sigue colándose el humo de Satanás. Demonismo, tal vez la fuerza que maneja el mundo. Procesos históricos aceleradísimos hacia la Satanocracia (genial José Antonio Bielsa). Un mundo esencialmente viperino (certerísima Alba Lobera). Y yo, hasta el gorro, hastiado de las feroces luchas (y enjundiosas alianzas), durante las dos últimas centurias, de dos entes constitutivamente liberticidas. Masonería vs. Iglesia Católica. Dos perseverantes flagelos.  A ver si ambas iglesias, despóticas y feroces en tantas ocasiones, dejan de inmiscuirse de una santa (¿sí?) vez en nuestras vidas. En fin.