UNA vez más los hechos están demostrando que la tendencia natural de los españoles es irse a los extremos. Es; decir, al fanatismo y la radicalización. A las dos Españas.

Como ayer, como siempre.

Una vez más la Izquierda se adentra más y más por el camino de lo imposible y de lo absurdo... o sea, por el camino de la lucha de clases y de la "sociedad socialista". Sin darse cuenta, o dándosela, que por ese camino en España se va siempre al enfrentamiento y a la lucha armada, ya que si hay un país en el mundo que nunca podrá caer en el materialismo marxista es España, la cuna de Santa Teresa y de San Ignacio. La Izquierda marxista, por lo que se ve, no ha entendido que el pueblo español es por encima de todo (y aunque no vaya a misa los domingos y fiestas de guardar) cristiano, católico y espiritual... y un pueblo creyente jamás podrá caer en el materialismo ateo que conlleva el marxismo, como se está demostrando en Polonia, a pesar de estar bajo la bota del comunismo de Moscú.

Y una vez más, por lo que se ve, la España no marxista, la España nacional, la España cristiana, la España del honor, la España del "orgullo de ser español"... se predispone a defenderse "como sea" de la avalancha marxista. Entre otras cosas porque esos españoles no están dispuestos a permitir que España desaparezca como Nación y caiga en la federación de estados ibéricos, antaño llamada de los "reinos de taifas". Como no están dispuestos a permitir que el honor sea pioteado y los crucifijos arrancados de las escuelas.

Pues bien, aquí están las dos Españas.

La España que aquel 18 de julio se vistió de rojo y quiso hacer la Revolución marxista y la España que entonces se llenó de patriotismo y supo defender con las armas en la mano el orgullo de seguir siendo españoles.