Perentorios e inaplazables nterrogantes ¿Por qué obedece una persona? ¿Hasta qué punto una persona puede seguir una orden que va e abiertamente en contra de su moral y de sus más profundas convicciones? Estas y otras preguntas quizás puedan resolverse a través del experimento de Stanley Milgram (1963) o al menos, ese siempre fue el próposito  de este psicólogo norteamericano. En ese sentido, nos hallamos  ante uno de los experimentos más revolucionarios de la historia de la psicología, y también, más trascendentales, dadas sus inquietantes conclusiones sobre cierta idea preconcebida que poseemos sobre la naturaleza humana. Milgram nos ofreció una maciza y sólida explicación del abisal porqué que conduce a la inmensa mayoría de las "buenas" personas a comportarse de manera extremadamente sádica. Y sin sacar beneficio alguno. Torturar por el mismísimo placer de hacerlo.

Sumisión y crueldad, valga la redundancia

El juego de la muerte (Le jeu de la mort) es un documental producido en 2009 por la radio televisión suiza. Posteriormente, fue emitido por France2 el 17 de marzo de 2010. Impactó entre los gabachos. Dos lustros después, docu plenamente vigente, viendo los hondísimos estragos de sumisión causados por la falsa pandemia.

Magistral documental, sintetizando los experimentos de Milgram, sigue la pista a 80 personas que se presentan voluntarias para participar en el piloto de un nuevo concurso de televisión y que, sin ellas saberlo, están participando en un experimento. En el concurso, una presentadora ordena a los concursantes que vayan realizando progresivas descargas eléctricas a sus compañeros de juego cada vez que éstos fallen las preguntas de un cuestionario.

Desobedecer

Durante el “juego” se "obliga" a gente "normal" y " corriente" a transformarse en crueles torturadores, provocando descargas cada más agudas, llegando hasta niveles casi letales. Y, por supuesto, el que aprieta el botón conoce las consecuencias. El concurso avanza, la presión del público y de la propia presentadora, potente. La pregunta del espectador, irrevocable. ¿Qué haría yo en su lugar? Y otra ¿Hasta qué extremo serán capaces de llegar los concursantes? Y la esencial. ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer si una figura de autoridad nos ordenase algo palmariamente injusto y cruel? En fin.