El ruido suele asociarse a las fiestas. Las zambombas, carracas, matracas, tambores y zambombas se usan profusamente en cualquier celebración desde la Antigüedad a nuestros días; el mundo grecolatino unía el ruido a ciertos aspectos del culto, función que tenían “los rombos”, o elementos generadores de ruido, usados en ciertas ceremonias de carácter divinatorias y mágicas, próximas a la erótica griega.

En ocasiones, ruido o botarga, o figura grotesca, aparecen íntimamente unidas. Es muy plástica y vistosa la figura del “zangarrón” de las festividades navideñas que tienen lugar en las villas zamoranas de Pozo de Tábara y  Sanzobe, cuyo personaje irrumpe en las celebraciones de este tiempo.

En Alcoy celebran por estas fechas una singular tradición alusiva al belén: los títeres de varilla o Betlem de Tiristi; y en la localidad de Jijona los jóvenes encienden por Nochebuena las antorchas de esparto o “aixoma de maitines” con las que hacen círculos a la puerta de las casas.

Resulta propia de la Nochebuena y Navidad el lucimiento de galas, la exhibición de antiguos lujos pueblerinos, propios de las sociedades tribales; lo mismo que el tañer de ciertos instrumentos típicos y el de la vieja zambomba, como hacen en Jerez de la Frontera. Lo mismo que en la cordobesa Luque, donde es tradición popular tañer estos instrumentos en grupo a lo largo de las noches y madrugadas del mes de diciembre, mientras quien mejor lo sabe hacer canta unas letrillas cuyo estribillo corean los demás. A las particularidades de cada lugar siempre se entonan villancicos:

Esta noche es Nochebuena

y no es noche de dormir,

que está la Virgen de parto

y a las doce ha de parir.

La Virgen lava pañales

y los tiende en el romero,

y los pajaritos cantan

y el agua se va riendo.

Todos le llevan al Niño,

yo no tengo que llevarle:

las alas del corazón

le llevaré por pañales.

 

La “madama” y el “tafarrón” protagonizan las fiestas en honor de San Esteban (el 25 de diciembre) en Pozuelo de Tábara (Zamora); el personaje va cubierto de paja y porta una careta negra de hojalata, mientras que la “madama” se cubre con una pamela de tul y viste casaca multicolor. Además de recoger el aguinaldo y felicitar las fiestas a los vecinos, van en la procesión, en compañía de cuatro mayodomas y dos alcaldes.

El “olentzero” es un personaje orondo y bonachón que porta los símbolos del buen comer: bota de vino, sartén y chorizos. Representa a un carbonero que vive en las montañas de Lesaka (Navarra) y que baja al pueblo para dar la buena nueva del nacimiento de Dios. Niños y adolescentes, en cuadrillas, fabrican muñecos de paja para pasearlos en andas por el pueblo el día de Nochebuena interpretando villancicos.

En la localidad cordobesa de Luque conservan, de tiempo inmemorial, la tradición de cantar durante las fiestas navideñas viejos villancicos guardados celosamente. Son los campanilleros.

Los habitantes de San Martín de Castañeda-Galende (Zamora) salen a la calle en cortejo la víspera de Navidad. El personaje principal es la “talanqueira”, simbolizada en un toro en un armazón, que obliga al hombre que lo porta a permanecer todo el rato con los brazos en cruz; se remata con unos cuernos, embiste a quien se pone a su alcance, estableciendo con los demás miembros de la comitiva (la dama, el galán, el ciego y seis “visparros”) un juego permanente con los vecinos de la localidad. Los “visparros” cubren su rostro con máscaras de tela de vivos colores, que llaman “calantroñas”. Esta celebración fue recuperada en los años 80’ del siglo pasado; fueron las mujeres del lugar quienes crearon la indumentaria, recogida de la tradición oral de sus mayores.