Largos años anduve a la deriva

buscando plenitud en cosas vanas,

sin ver que únicamente las cristianas

enseñanzas nos dan razón de vida.

 

En libros muy diversos que leía

verdades creí hallar, mas sólo hallaba

sofismas y estupores que a la nada

o al caos espiritual me conducían.

 

Entonces Deo gratias un buen día

la luz se hizo en la senda en que yo estaba

extraviado entre brumas renegridas.

 

La luz de la Verdad, que deja clara

la ruta que hay que andar y al que camina

le llena de esperanza sus jornadas.