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Anoche, releyendo una biografía de Picasso, rejuvenecí 60 años, los que han transcurrido desde que vivi lo que hoy quiero sacar de mi baúl. Cuenta el propio Picasso cuando va recordando sus primeros meses en Paris que muchos días cuando salía a pasear con su amigo Carles Casagemes, el que se había ido con él desde Barcelona en busca de la fama y la gloria, lo pasaron fatal porque "en cuanto se nos acabó el poco dinero que llevábamos, en realidad lo que encontramos fue hambre y desconsuelo, tanto que nuestros paseos por las orillas del Sena o Montmartre más que paseos literarios o artísticos eran una manera de engañarnos, PORQUE LO  QUE BUSCÁBAMOS ERA VER ESCAPARATES LLENOS DE QUESOS Y EMBUTIDOS".

 

                   Já, já, já... ¿Qué de qué me rió?. Verán, les voy a contar mi "batallita" de los "Bocadillos digitales" (aunque, ojo, eso de digitales se me ha ocurrido ahora, cuando ya parece que lo digital es la vida). Creo que ya conté aquí cómo llegué y fue mi primera noche en Madrid, pues ahora les voy a contar cómo viví aquellos primeros meses. Naturalmente, no tenía un duro, ni lo tuve hasta final de aquel triste mes de septiembre del año 1959, porque por los pocos días que llevaba trabajando hasta me negaron el anticipo a cuenta que pedí...Así que ancha es Castilla, o mejor dicho ancha era la calle Ancha de San Bernardo, yo viví aquellos meses en la calle Pozas esquina a la del Pez, a lidiar el hambre como fuese. Entonces descubrí que en el tramo de la calle Ancha que va desde la calle Luna a la Gran Vía había una tienda de ultramarinos que era como un templo de salchichones, chorizos, morcillas, quesos, cintas de lomo y presidiendo el escaparate dos hermosos jamones empezados y con unas betas  oscuras y un tocinillo que brillaba como el sol  y te encandilaba... (también descubrí en aquellos paseos "picassianos" ¿después de leer que él también  comió muchos días mientras paseaba y contemplaba las aguas del Sena bien le puedo llamar yo  así a los míos, un bar que había justo a la salida del Metro de Noviciado especializado en "bocadillos de calamares para estudiantes" a 1,50 pieza, del que hablaré otro día, porque en una mesa de mármol de ese bar escribí casi entera una de mis novelas muchos años después).

             Pero, volvamos a mis "bocadillos digitales" (o a distancia). Como pude me las ingenié para que la Señora Doña Amparo, la patrona de mi pensión, de la que no tendré más remedio que hablar en otro "recuerdo" de estos, me diera cada dia una barra de pan y con aquella barra abierta me iba yo dando un paseo hasta el escaparate de mis salchichones y chorizos y mis jamones y me hacía unos bocadillos estupendos a través de los cristales, ellos dentro y yo y mi pan (prestado a cuenta, ojo) fuera, en la calle, y encima viendo pasar unas tias guapísimas. ¡No iba yo a ser menos que Picasso!.

            ¡Ay, pero ya lo dice el refrán: Dios aprieta, pero no ahoga!... Porque una de aquellas tardes salió el dueño  (que el muy cabrón se había dado cuenta que yo, aunque mentalmente, le estaba robando sus chorizos y sus quesos) y con cierta picardía me lo echó en cara, ¿qué... comiendo a mi costa, verdad?, pues esto no puede seguir así, porque si estás dispuesto mañana entras, me ayudas a recoger, sólo eso, y yo te doy lo que normalmente se pone dentro del pan, y además a elegir, salvo el jamón, que ese es para los ricos...¿Vale? Pues, hecho. Mañana te espero, pero ten, para esta noche... y envueltas en papel  de estraza había metido unas rodajas de variados.(salchichón, chorizo, queso, lomo, morcilla, butifarra).

                       ¡¡Dios, qué hermosa es la vida!!.