Cada vez que veo en la prensa y en la televisión al Santo Padre de Roma, no sé por qué, me acuerdo de Francisco García Salve, alias el Cura Paco, un cura comunista, o un comunista cura, que dio mucho que hablar cuando aquello de la transición. Era zaragozano, vivió ochenta y cinco años, y de propagador de la fe pronto pasó a serlo del partido comunista. Una alhaja, vamos. Se metió cura obrero, de peón albañil, para estar al lado de los pobres obreros explotados, y tal. ¿Y de su sagrado ministerio? La misión de la Iglesia de Cristo no era otra, en su opinión, sino la consistente en derribar el franquismo para en su lugar instalar el comunismo ateo y enemigo a muerte del cristianismo, en fin, allá él, y no sólo él, con sus contradicciones.

Hoy tenemos, si vale el inciso, otro cura muy parecido, acaso no tan comunista, pero sí muy secularizado y mundano, muy del pueblo y para el pueblo, y todo eso, no sabemos qué tal andará de fe, me permito suponer que bastante alcanzado, como todos los de su clase. Sale en la prensa siempre que quiere, se hace llamar el Padre Ángel, y viste de chaqueta americana, la sotana, por supuesto, la tiene ya apolillada desde hace ni se sabe cuántos años ya.

Se dice, y yo lo creo, que en el cónclave de 1958 fue elegido papa el cardenal tradicionalista Giuseppe Siri, que aceptó el cargo y hasta eligió nombre, y todo, Gregorio Diciasettesimo, pero que ipso facto fue obligado a renunciar, presionado a tope por el minoritario pero muy poderoso sector progresista, para a continuación salir elegido nuevo papa el cardenal Angelo Giuseppe Roncalli, Giovanni Ventitreesimo, una figura de la progresía eclesial. ¿Qué pasó, que se equivocó de momento el Espíritu Santo y a continuación rectificó? Nada más inconcebible. ¿O que sus eminencias reverendísimas le enmendaron la plana nada menos que al mismísimo Espíritu Santo?

Su sucesor fue todavía peor, el cardenal Giovanni Battista Montini, alias el Arzobispo Rojo de Milán, Paulus Sextus, o Paolo Sesto, quien en lo que se refiere a España se dedicó a apartar a todos los obispos afectos al régimen (el régimen que salvó de la muerte a la clerecía y restableció el catolicismo en España), para en su lugar promover a los obispos antifranquistas (Setién, Díez Merchán, Iniesta, Tarancón, Escarré, Añoveros, y tantos otros).

En 2005 por fin sale elegido un papa más bien tradicionalista o conservador, el cardenal Josef Ratzinger (pron, “iósef rátsinga”), Benedikt der Sechszehnte, pero a los ocho años tuvo que presentar la renuncia, un caso insólito, ¿presionado por el poder progre de la Iglesia?

¿Y a quién nombraron entonces? He aquí una fórmula que falla muy poco, es a saber, jesuita más sudamericano es igual a comunista. Aviados estamos. Lo primero que dijo, no se lo pierdan, es que él quería “una Iglesia pobre y para los pobres” (sic). ¡Habráse visto! Pues entonces, ¿qué pasa conmigo? Yo no soy pobre, tampoco rico, no se vaya nadie a creer, no soy pobre ni lo quiero ser, hago todo lo que puedo por no serlo, ¿quedo por tanto excluido de la Iglesia? Yo voy a misa los domingos y fiestas de guardar, yo trato de conducirme de acuerdo con la ley de Dios y de la Santa Madre Iglesia, lo que no hacen, dicho sea de paso, en su mayor parte todos esos pobres, dilectos de su santidad. ¿Me van a excomulgar por no ser pobre ni quererlo ser? Valiente boludez, che.

Y así, día tras día, este Papa Paco, fiel émulo, aun sin él saberlo, de aquel inefable Cura Paco, cada día nos viene con alguna de sus, vamos a llamarlas así, excentricidades, por no decir otra cosa y por no caer en la pura irreverencia, eso tampoco, pues al fin y al cabo, a pesar de su manga ancha y de su desvío, sigue siendo el vicario de Cristo en este mundo desdichado.

Con el Papa Paco están muy contentos los comunistas, los musulmanes y los judíos, los ateos, los ecologistas, las feministas, los antifascistas, los globalistas, los elegetebé, los abortistas, los divorcistas y los amancebistas, los impíos en general, en fin, todos los que se oponen, cada uno a su manera, al catolicismo en el mundo, se muestran muy complacidos con este papa de ahora mismo. ¿Y los verdaderos católicos? Si se me permite hablar por mí, diré que estamos muy contrariados y a la espera de un papa de los auténticos.

¿Será verdad lo que se viene diciendo desde hace años, que el humo de Satanás ha entrado en la Iglesia? Los que sí han entrado, ninguna duda cabe ya, son los de la escuadra y el compás, los que gobiernan el mundo desde las sombras.