Encerrado entre cuatro paredes, en una habitación del hospital de la Cruz Roja de Córdoba (mi hospital preferido desde que en 1954 pasé un mes de guardia nocturno de mi padre que había sido operado de varias úlceras) y sin más horizonte que una pared grande y de un blanco inmaculado, y sin más adorno que un pequeño crucifijo de plata… y a un lado un ventanal cubierto por fuera por las copas de varios grandes árboles que me impedían ver el horizonte…. Y sin saber qué hacer, a la espera de que las Pruebas dijesen si había que intervenir quirúrgicamente o no me entretuve leyendo cosas de mi pasado.

O mejor dicho, con la ayuda de mis dos amigas y secretarias ocasionales Belén Rocío Bernete y Pilar Redondo, para que me leyesen lo que me apetecía y estas son las lecturas que soporté durante toda una tarde. En primer lugar quise recordar uno de los primeros poemas que escribí en mi vida y que ha sido siempre mi preferido. Es una especie de romance que le dediqué a la Sierra Nevada de Granada y que reflejaba el estado de ánimo espiritual que vivía en aquellos momentos. Tenía yo 18 años.

Los publico, junto con los otros recuerdos en este mismo tan perseguido como valiente “Correo de España” de hoy 8 de diciembre de 2021.

 

  1. El Romance de Sierra Nevada
  2. La Jauría independentista de catalana
  3. La soledad del Rey (Miguel de Unamuno)
  4. “El andaluz es un hombre destruido” (Pujol)
  5. Carta de Cayetana Álvarez de Toledo al Rey Felipe VI