A nuestros hijos e hijas, ¿Qué modelo de sociedad ofrecerles? Sólo cabe que como niños/as completen su niñez y adolescencia experimentando una verdadera igualdad, en ellos y en sus padres, en un marco legal que no distinga hombres y mujeres, haciéndoles sentir que viven en una sociedad para y por las personas.

     Una sociedad en la que sus progenitores, padre y madre, sean iguales en derechos. Ese es un derecho básico de todo menor, aunque parece que los menores tienen derechos menores, por eso, en España, se les roba la custodia compartida a decenas de miles de niños cada año.

     Pero la política española no está orientada a respetar cada uno y cualesquiera de los derechos de los menores, sino volcada y enviciada en ampliar e incluso exportar su “Industria de Género”, un negocio que daña a los niños, porque rompe la sociedad en mujeres buenas y hombres malos, cuando a un tiempo, a la vez, esas mujeres buenas son madres y esos hombres malos son padres. Esto es lo que perciben los menores, víctimas directas de un ataque sin cuartel a la familia natural, pieza que, una a una, completa el puzle del tejido social, también víctimas directas de una desproporción de derechos que les afecta, según se trate de su madre o de su padre.

      Aunque somos conscientes que la igualdad, la paz social y la justicia constitucional no venden, esto es, no generan votos. Rompamos el tejido social en trozos: mujeres maltratadas, hombres agresores, inmigrantes intocables, homosexuales que ya tenían todos sus derechos reconocidos en la Constitución de 1978, abuelos a los que se les hace creer que su pensión es un favor o regalo que está en manos del gobierno de turno…rompamos el tejido social y creemos colectivos clientelares a los que haremos leyes específicas, caladeros de votos, cuando todos estamos respaldados por igual en la Constitución de 1978.

      No podemos ofrecer a nuestros hijos una sociedad rota en pedazos, sino un tejido social uniforme, sin reinos de taifas, un territorio pleno de igualdad, un marco común para personas sin distinción de sexo, condición social o cultural.

       La sociedad española ya percibe que no desea más mentiras como el fantasma ese del heteropatriarcado, el machismo español, mi cuerpo es mío y demás clichés feminoides que hacen inviable la común unión entre hombres y mujeres, ya que no son más que frenos a una sociedad civilizada, democrática, avanzada, aunque frenos propios y definitorios de una acción política que crea incivilización e involución democrática, en una palabra, desigualdad ante la ley.

       En esta construcción de una nueva sociedad ya tienen un papel trascendental las mujeres que se han visto desengañadas, traicionadas y maltratadas por un feminismo ahora de acomodadas sin escrúpulos que ya no las representa en nada.

      Son estas mujeres de su tiempo, las feministas equilibradas, sensatas y justas, aquellas que aún conservan intacta su dignidad, las que no han vendido barato el destino de sus maridos, hijos y el de ellas mismas, las que ya dan la mano a hombres que siempre fueron inocentes, porque se los acusó en falso como maltratadores.

    ¿Qué modelo de sociedad ofrecer a nuestros hijos? Pues uno muy claro, concreto y directo: Una sociedad para y por las personas, personas en igualdad de derechos frente a la ley desde el respeto, uno por uno, a los derechos de la Infancia, basamento de los hombres y mujeres de un futuro muy próximo.