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Encerrado como estoy, estamos, por este maldito virus y casi encarcelado por los dictatoriales "Estados de Alarma" que nos llevan directos a Venezuela no he podido dejar de "alarmarme" (además de por el virus) por las cifras de la miseria y el hambre que ya están dando "Cáritas", la "Cruz Roja" y muchos párrocos de toda España. Que ya se hable de 10 millones en el umbral de la pobreza, que más de dos millones de familias normales tengan que recoger cada día la comida de la familia, que el paro esté ya en el 16% y que muchos miles de familias, muchísimos, tengan que esconder (¡Dios, la Clase Media que está desapareciendo!) su casi miseria por mantener su imagen, que miles de niños estén teniendo que abandonar sus clases y sus estudios porque los padres ya no pueden pagar la factura del "cole", que --como me dicen algunos comerciantes pequeños-- esté volviendo el "fiado"... es para echarse a temblar y, en mi caso, para recordar.

                     Porque, al ver lo que ya estoy, estamos, viendo, de mi baúl de de los recuerdos han salido dos imágenes de mi infancia que ya creí olvidadas y enterradas en mi memoria (mis nietos dirían en el "disco duro", creo) : el de aquel "Asilado" que las Autoridades del pueblo (Nueva Carteya, de Córdoba) mandaron a mi casa, vía decreto forzoso, para que mis padres le dieran de comer. Fue un acuerdo del  Ayuntamiento, dado que había cientos de familias que no tenían para comer y muchos, por supuesto, y a la fuerza, tenían que robar para que los hijos comiesen (con las consiguientes detenciones de la Guardia Civil, al que se cogía con la gallina en las manos, o lo que fuese, aunque a decir verdad los pobres guardias en muchos casos hacían la vista gorda). O  sea, que en las casas que sí hubiese comida el Ayuntamiento mandaba "un asilado", al que había que darle de comer dos veces al día.

                         A mi casa (ojo, que solo era una panadería y allí teníamos que trabajar todos, a mi me dieron un cubo para acarrear agua a los 8 años) enviaron un joven, de unos 14 0 15 años, que se llamaba, lo recuerdo muy bien, Antonio, como recuerdo que comía por cuatro. Llegaba sobre las 2 de la tarde y mi madre le ponía un plato lleno a rebosar de lo que hubiese cocinado ese día (cocido, lentejas, habichuelas, potaje de garbanzos, patatas guisadas con carne,etc) que se lo merendaba antes de respirar...eso el primer plato, el segundo, porque siempre repetía, se lo tomaba con más calma, pero entonces se agarraba al pán (de aquellos redondos y casi negros, de un kilo, como los  integrales de ahora, porque no se separaba la harina del salvado) y era capaz de comerse una pieza entera.  Así que el pobre hasta engordó y todo, eso sí. luego ayudaba en lo que podía a mi padre. .. y por la noche, sobre las 9, iden de iden ¡Eran los famosos años del hambre de la segunda posguerra, la que vino después de acabar la Segunda Guerra Mundial, 1945-1949!

                             Y me acuerdo de aquellos listados de los "fiados" que iban apareciendo y creciendo en las paredes blancas que había detrás del mostrador desde el que se vendía o se distribuía los que pagaban con la cartilla de racionamiento. Y me explico, cuando una familia ya no tenía con qué  pagar hasta que finalizara la temporada de la "asituna" o en verano la de los "sereales", entonces se llevaban el pan justo para la familia y mis padres apuntaban en su debe. Lo gracioso es que mi padre, que apenas si sabía leer y escribir (lo justo para leer el "Siete Fechas" que llegaba por correo para un señorito que vivía en el campo) en lugar de anotar en un cuaderno anotaba en la pared con un lápiz negro grueso de arriba abajo, con el nombre de la familia, ella o él, que sobre el blanco saltaba a  los ojos como un gato, pero como a veces llegaba la hora del pago y algunos no pagaban y la pared había que encalarla (al menos una vez al año) allí se iban quedando como un borrón los nombres y lo que debían... y eso, real y curioso, podía recordar a los "hombres de negro" de hoy, porque figurar en la lista negra de Julia, mi madre, "Julia la panaera", era como una deshonra de cara al pueblo y, sobre todo para las mujeres, pueso eso de verse señaladas por mala  "fiadora" era no poder salir a la calle. Así era aquella España, así era mi pueblo, así eran mis padres y en ese ambiente me crié yo y pude estudiar el Bachillerato Menor... ¡Dios, y a aquella España vamos si estos "pequeños dictadores" siguen en el Poder!... y si no que se lo pregunten a esos millones de españoles que ya hacen colas para poder comer en "Cáritas", en la "Cruz Roja" o en los "Bancos de Alimentos" que ya pululan por las parroquias!. Adeu, España.