Hoy, 13 de mayo, es la Festividad de Nuestra Señora de Fátima. Siendo fecha Mariana de especial Solemnidad para la Comunidad Monástica a la que pertenezco, y en la que permanezco bajo Voto (y puesto que es un deber para todos nosotros, Soldados de Cristo en esta Milicia Inmaculada, prestar Guardia y oído a los Mensajes Públicos de la Virgen) he considerado dedicarle el artículo de hoy para que, comprendiendo la importancia del Mensaje de Nuestra Señora en Fátima, seamos conscientes del Tiempo en el que vivimos: Tiempo Final, Tiempo de Prueba y Tiempo del Anticristo.

De los múltiples aspectos contenidos en el acontecimiento de Fátima pienso que existe uno que viene muy a propósito subrayar en este artículo de la Serie Milicia Inmaculada.

En primer lugar, debemos considerar como rasgo destacado de esas apariciones, las cuales están revestidas de un carácter profético, el hecho de que Nuestra Señora le prometiera al mundo Misericordia si había enmienda de vida y si se hacía la Consagración pedida por Ella; y, al mismo tiempo, amenazara con castigos si no se enmendaba y no se realizaba dicha Consagración. Este esquema esencial de las revelaciones de Fátima también es la sustancia de las Profecías Bíblicas. Usan el mismo lenguaje y presentan la misma alternativa con respecto al pueblo judío y sus enemigos: bendición y alabanza en caso de enmienda, castigo si no hay conversión.

Ahora bien, la amenaza hecha por la Virgen constituye, en realidad, un acto de Misericordia. Ella nos advierta como una madre y reina bondadosa que nos dice: “Hijo y súbdito mío, no quiero castigarte, pero tu actitud es tal que si perseveras en ella me veré obligada a hacerlo”. En Fátima, Nuestra Señora hizo, por tanto, una profecía siguiendo el esquema Tradicional y Magisterial Clásico. Y, transcurrido más de medio siglo desde las apariciones, vemos que todo lo que la afligía en aquella época, motivando sus quejas sobre le mundo contemporáneo, no sólo no ha mejorado, sino que empeoró en unas proporciones y grado de profundidad sin precedentes.

Por consiguiente, es preciso asumir por nuestra parte, que vamos camino de un castigo punitivo y liberador, y no podemos dejar de concluir que la actual situación de la Iglesia forma parte de él. La Iglesia, estando “con sus carnes y vergüenzas expuestas tras haber fornicado, y seguir haciéndolo, con otros dioses, ha quedado en la nada y ha perdido la consideración de ser Luz del Mundo. La Santísima Virgen prometió punir al mundo, del cual el Cuerpo Místico de Cristo, es su Eje: Golpeando al eje, la punición hace tambalear toda la circunferencia. La crisis que se labra dentro de la Iglesia está, sin duda, comprendida, implícita o explícitamente, en los castigos profetizados en Fátima.

Nuestra Señora debió haber dicho cosas muy duras y terribles respecto a la Iglesia y del Clero, y como no le dieron importancia por falta de Fe en Ella y sus advertencias, ocurrió y ocurre lo que Ella prometió. A la vista de lo que está aconteciendo en toda la Iglesia (siendo lo más reciente, visible y grave la herejía cismática de las diócesis alemanas para transigir con la sodomía entre los fieles, los oficios conjuntos con sacerdotisas protestantes o el culto idolátrico a la diosa tierra o Pachamama, representación equivalente a la del Anticristo (tal y como vemos en las imágenes escogidas para este artículo) pero de Nuestra Amada y Querida Madre y Señora… ¡¡¡Esto clama la absoluta Venganza de Yahvé Dios!!!.

Tengamos muy presente, como conclusión, en nuestra Milicia diaria, en medio del mundo y en la Iglesia, que los castigos ya empezaron y no se detendrán. No lo harán ni en Su Amada Iglesia ni mucho menos en el mundo tan alejado de Ella, de Su Querido Hijo y del Padre, Dios Todopoderoso, el Dios de los Ejércitos, de las Venganzas y de las Misericordias para todos los que Le amamos y Militamos por Él, por la causa del Reino de Su Hijo, Jesucristo, y por el Amado y Temible Nombre de María, ante Quien los demonios, y el mismo Satanás, tiemblan dada Su Pureza. ¡¡¡Aleluya!!! ¡¡¡Viva Cristo Rey!!! ¡¡¡Salve María!!!