Muy buenos días D. Blas:

Me voy a tomar la licencia de responder a sus dudas sobre la Fe, aunque  no soy Jerarquía, ni siquiera sacerdote,  ni teólogo, sino un  cristiano normal, de a  pie. Lo hago porque, evidentemente, estoy convencido de que está usted muy lejos de ser tan  ingenuo como para esperar respuesta alguna de los aludidos en su petición, Es más no se dignarán  escucharlo  y,  menos aún de resolver sus dudas. Ni la Santa Sede, ni la Conferencia Episcopal española, ni los teólogos al servicio de las mismas,  van a decir esta boca es mía... En eso se parecen a nuestro Gobierno: Ignoran, menosprecian, “pasan olímpicamente” de cualquier objeción que se les presente y los moleste. Es más, ni se dignan  acusar recibo habitualmente.

Desea usted que le aclaren  el misterio de la Santísima Trinidad a la luz de la Fe de la Nueva Iglesia pues, la suya se tambalea ante lo que ve y se consiente. Puede esperar sentado.

Mire, don Blas, yo en su lugar, resolvería el  problema con una solución muy sencilla – al menos a mí,  me ha resultado  eficaz— y, se limita a utilizar la aplicada por los amigos del  P. Ángel.  Es muy simple: “Cuando una parte de la Historia no gusta, se la borra,  se  la cambia,  se olvida uno de todo “,  y el problema queda resuelto.

Y así, para mí, la Historia de la Iglesia, la dejé “en suspenso”  a finales de los años sesenta del Siglo XX. No la necesito. Resuelvo todas mis dudas teológicas con la ayuda de un  libro infalible para no perder el norte en materia de Fe. Se titula  “Enchiridion Symbolorum”, y me atengo a lo que ha regido en materia de Fe y Costumbres desde los Apóstoles hasta el reinado de  SS. Pío XII

Eso me resuelve el problema en cuanto a la FE creída y vivida,  y  por lo que respecta al Apostolado religioso, tomé igualmente mis decisiones... al enterarme  por un libro de  Lindón H. La Roche, Jr., recién aparecida la primera “ONG”,  de “la clave” del invento,  o sea, “quiénes eran los padres” de la criaturita, ¡tan popular hoy!”, aunque nació hace solamente  35 años-.

Las "ONG” --Organizaciones No Gubernamentales”  -- son unos “colectivos” que se reproducen más que los hongos--  y fueron engendrados con perfección luciferina  y se adecúan maravillosamente al objetivo satánico, de controlar  aquella parte de la sociedad civil incontrolable”  hasta  aquel momento,  por los Gobiernos del Mundo entero al servicio de la “Sinagoga de Satanás.

Y, así, desde ese instante  decidí no dar ni un centavo a  ninguna ONG, incluidas las de la Iglesia Católica pues no he logrado aún comprender que los Jerarcas de nuestra Religión, hayan sido tan necios -- o tan traidores  a su misión-- , como para aceptar que las ONG liquidaran  todas las iniciativas propias centenarias y tan probadas y eficaces.  Pensemos en “Propaganda Fidei”, o en “el DOMUND”, en la “Santa Infancia”, etc.… que los católicos sentíamos nuestros.  Aconsejé, cuando tuve ocasión,  a mis amigos ricos y generosos, lo mismo: ni un céntimo a ninguna ONEGÉ;  e hicieran llegar sus donativos directamente, o en forma segura,  a manos” de misioneros de carne y hueso”,  y a obras católicas conocidas, ciertas y concretas, pero nunca a una ONG.

¿La razón? Muy clara y simple: Las donaciones a los organismo de la Iglesia que velaban por los misioneros y el progreso de los países pobres,  fluían por “canales de cerámica” (impermeables)  y, por eso “el agua llegaba toda”, sin mermas;  sin embargo, el dinero entregado a las “oenegés”  corre  por  “canales de tierra” y,  lógicamente,  el “agua” se lo “traga el suelo” en un 90% al menos durante su largo recorrido,  pues ese cauce es muy permeable  Dabas 100 pesetas a la Propaganda Fidei y llegaban las 100 o más a su destinaDas 100 pesetas a una ONG y llegan, como mucho, diez.  Las otras 90  son gastos de “administración”, (viajes y hoteles de lujo,  “compromisos” de los administradores, etc.)

.Los “benefactores estrellas al servicio de los pobres” me han repelido siempre tengo muy presente la norma aprendida de mis maestros: «el bien no hace ruido y el ruido no hace bien”, y estoy inmunizado contra las trampas  de las estrellas benefactoras”…¡esos “productos”, tipo “P. Ángel”!, que no son cosa nueva pero con la “nueva Religión ecuménica”  se han multiplicado  al prevalecer las apariencias sobre la sustancia. Me imagino que el apóstol  de los pobres no vive en un casoplón  como su amigo el Coletas sino en una chabola como las que visitábamos los universitarios catequistas en los barrios de aluvión de la Habana,  con nombres tan rimbombantes como “Cueva del Humo” “Llega y pon”, etc.

Resumiendo,  los católicos tenemos la suerte de  poseer un Magisterio perenne, invariable y, es bueno recordar en estos casos a Bossuet, cuando les echaba en cara a los protestantes su  tremenda equivocación: cambiáis, luego, no sois la Verdad”.  La verdad es inmutable y, si varía,  no se puede dudar de su falsedad: ¡No existe  tal verdad!….